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KRUGMAN: A veces una falla es sólo una falla

01 febrero 2014 3:57 Última actualización 06 enero 2014 5:2

 [El principal cuello de botella parece haber sido UPS, que simplemente no tuvo suficiente capacidad. / Bloomberg] 


 
 
Ya sabe cómo fue la cosa. Hicieron grandes promesas: sólo entre a la página de Internet, provea la información y todo estará bien. Lo que realmente pasó no fue nada como eso.
 
 
Es cierto que mucha gente, tal vez la mayoría, al final pudo obtener lo que buscaba, pero millones se encontraron frustrados y enojados.
 
 
¿Fue un desastre? Eso depende de qué anécdotas opte por enfatizar. ¿Tendrá consecuencia de largo plazo? Es muy pronto para saber. Sí, la gran pifia de compra en Internet de 2013 fue una lección práctica. Ah, espere, ¿pensaba que estaba hablando de HealthCare.gov?
 
 
Entonces, en caso de que no lo sepa, hubo un número de fallas en las compras en Internet en esta temporada de fiestas, con Amazon, por ejemplo, incumpliendo muchas fechas de entrega supuestamente garantizadas (y, como resultado, muchos regalos de Navidad no llegaron cuando despegaron los renos). El principal cuello de botella parece haber sido UPS, que simplemente no tuvo suficiente capacidad, pero no fue el único. ¿El sector privado no puede hacer nada bien?
 
 
Bueno, todos entendemos que a veces pasan cosas, y que a veces salen mal, especialmente cuando estamos manejando algo nuevo, como el rápido crecimiento de las compras en Internet. Pero tal como lo explicó recientemente el comentarista Alec MacGillis en The New Republic, muchos eruditos declararon rápidamente que los problemas de HealthCare.gov evidencian la incompetencia fundamental e irreparable del gobierno, y presagian el inevitable colapso de la Ley de Cuidado Médico Accesible. Es raro decir que ninguna de estas personas esté haciendo afirmaciones similares sobre UPS o Amazon.
 
 
Me pregunto por qué...
 
 
 
El Año de la Comadreja
 
 
Sólo un breve pensamiento sobre lo que no pasó en 2013, y sobre lo que sí pasó. Lo que no pasó fueron las mismas cosas que no pasaron en 2012, ó 2011 o 2010: la inflación no despegó y los vigilantes de los bonos no convirtieron a Estados Unidos (ni a ninguna nación que se endeude en moneda propia) en “Grecia, te digo que Grecia”.
 
 
Lo que sí pasó fue un cambio significativo en lo que los sospechosos de siempre (la gente que ha estado prediciendo inflación y tasas de interés crecientes, año tras año) decían sobre sus predicciones.
 
 
¿Admitieron estar equivocados? No, por supuesto que no. Pero sus excusas cambiaron. Durante 2011 e incluso 2012, principalmente siguió siendo “¡Sólo esperen!”; la inflación iba a llegar cualquier día, o tal vez ya estaba aquí pero estadísticos siniestros alteraban los números. En 2013, empero, se convirtió en “¡Nunca dije eso!”; declaraciones de que sólo habían dicho que la inflación era un riesgo, no que necesariamente fuera a suceder, por lo que el fracaso de la inflación para materializarse no era importante. Sostendría que es un desarrollo significativo porque nos ofrece una nueva ventana sobre la naturaleza del descuerdo.
 
 
Hasta 2012 podíamos verlo como una contienda legítima entre modelos rivales. Pero ahora hemos visto que un lado del debate no sólo se niega a tomar en cuenta la evidencia, sino que intenta esquivar responsabilidad personal por haberse equivocado.
 
 
Esto ha pasado de prueba de ideas a prueba de carácter, y mucha gente ha fallado.