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John Lennon y el vacío difícil de llenar

06 febrero 2014 7:21 Última actualización 06 diciembre 2013 5:4

 [La ausencia del ex Beatle cumple 33 años y el vacío no termina de llenarse del todo; Nueva York le festeja / blogs.eltiempo.com] 


 
 
Ma. del Refugio Melchor S.
 
 
La historia se repite cada año, miles de fanáticos asisten religiosamente frente a la fachada del edificio Dakota, rezan en silencio, enjuagan lágrimas y después caminan unos pasos para depositar flores y veladoras en Strawberry Fields Memorial, sección del Central Park dedicada a la memoria de John Lennon.
 

La capital del mundo, como la definen sus habitantes, también tiene su día de luto. En la ajetreada Nueva York siempre se guarda un minuto de silencio el 8 de diciembre para recordar al músico poeta inglés que fue abatido por las balas de uno de sus más fervientes admiradores.
 

El dolor los embarga, más aún cuando recuerdan que un 8 de diciembre de 1980 el líder de la mejor banda de rock, The Beatles, paseó por el mismo lugar con su pequeño hijo Sean que entonces sólo tenía cinco años, y su esposa Yoko Ono; caminó las nevadas calles neoyorquinas hasta llegar al edificio ubicado en Central Park West y 72nd Street.
 

Ese día pudo ser perfecto si el espíritu bohemio de John Lennon no se hubiera impuesto al del cuidadoso padre. Una velada con sus amigos le costó la vida.
 
Lo que hubiera sido el mejor regalo de Navidad, el disco Double Fantasy firmado por Lennon, terminó manchado de sangre. Un crimen que jamás fue explicado por su perpretador, Mark David Chapman, dejó en shock al mundo.
 
El genio murió casi al instante, no tuvo tiempo para rememorar pasajes de su memorable vida. Triste consuelo saber que su herencia será eterna, que sus canciones se escuchan más allá del planeta Tierra. La vida sin John Lennon resulta inimaginable.
 

El gran mosaico circular en blanco y negro, con la palabra Imagine en el centro, en una esquina del Central Park, es el punto de reunión obligado para todo fan y amante de la música del cuarteto de Liverpool, para rendir un sensible homenaje a su fallecido ídolo.
 
 
 
 

La gran experiencia del siglo
 
 

No les importa pagar los 27 dólares al día que cuesta el tradicional autobús turístico rojo de dos pisos que hace una parada en la esquina del edificio Dakota, una antes de la zona de sus famosos museos.
 
Soportan el frío congelante y cuando contemplan desconsolados Strawberry Fields tararean en su mente la canción que evoca la infancia de Lennon.
 
Los campos de fresa con los que soñaba en su infancia poco tenían que ver con la difícil vida que llevaba John Winston Lennon en Liverpool. Su padre Fred abandonó a la familia y su madre Julia Stanley tuvo que educarlo junto con su hermana Mimi.
 

John traía el talento tatuado en sus genes, ingresó a la universidad para estudiar arte, ahí conoció a Cinthia Powell, con quien se casó en 1962 y procrea a Julian, su unión sólo duró tres años.
 

Todavía era adolescente cuando creó su primera banda, The Quarrymen tuvo una corta vida, pero engendró la semilla que en cuatro años dio vida a los escarabajos más famosos del mundo.
 

John Lennon, Paul McCartney y George Harrison decidieron continuar su aventura, Stuart Sutcliffe no. En 1962 conocieron al productor George Martin quien no quiso incluir en el cuarto al baterista Pete Best, prefirió al bajito y narigón Ringo Starr. Lo demás es historia, millones de discos vendidos, legiones de seguidores que se multiplican cada año, música que traspasa generaciones.
 

El 23 de agosto de 2012 le negaron a Mark David Chapman su libertad condicional por séptima ocasión. La muerte de John Lennon ha provocado toda clase de teorías conspirativas, ninguna probada.
 

Lo cierto es que Lennon pudo ser un artista formal, un pintor cuyos cuadros de vanguardia sorprenderían en las mejores galerías del mundo. Prefirió la música y se convirtió en un ícono de la cultura popular.
 

Y Lennon tenía razón cuando proclamó que The Beatles “eran más populares que Jesucrito”, la tuvo cuando recibió la Orden del Imperio Británico y pidió “agitar sus joyas” a los miembros de la realeza. Esa irreverencia, su innata rebeldía, tal vez le costó la vida, pero le hizo ganar un lugar en la historia: Lennon se ha ido, pero una parte del mundo sigue sin enterarsese del todo.