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Informe especial: con Peña, del júbilo a la incertidumbre

07 febrero 2014 5:57 Última actualización 30 agosto 2013 6:14

[Durante la primera mitad del año se registró un crecimiento del PIB de sólo 1 por ciento/Ilustración de Alarcón] 


 
Clara Zepeda
 
La realidad contrasta con el optimismo que imperaba al inicio de la administración de Enrique Peña Nieto tras la firma del Pacto por México, que sienta las bases para lograr acuerdos y aprobar grandes reformas.
 
Varios indicadores confirman el escenario de debilidad, entre los que destacan el virtual estancamiento de la economía, la pérdida de empleos formales, el retraso en el ejercicio del gasto público como parte del cambio de administración y el declive del sector exportador.
 
El resultado  es un deterioro en las expectativas de crecimiento económico y  generación de empleos para este año tanto oficiales como de analistas privados.
 
A esto se suman la elevada informalidad laboral, la crisis en la industria de vivienda y el colapso en el sector de la construcción, causado en buena medida por la falta de obras públicas.
 
El sombrío panorama económico sienta un mal precedente para el Primer Informe de Gobierno de Peña Nieto, que se ve empañado por las protestas de la disidencia magisterial contra las leyes secundarias que reglamentan la reforma educativa.
 
Por si fuera poco, se avecina un clima político muy complejo por el inicio de la discusión en el Congreso de las reformas energética y hacendaria en el periodo ordinario de sesiones que arranca el domingo.
 

Eufórico inicio de sexenio,  inconsistente con la realidad
 
La oleada de revisiones a la baja en las estimaciones de crecimiento para este año, tanto oficiales como del mercado, comprueba que la euforia desencadenada al inicio de la presente administración era inconsistente con la anémica realidad económica de México.
 
La economía mexicana no ha sido capaz de librarse de las desaceleraciones tradicionales de inicio de cada sexenio, cuando se producen retrasos en la ejecución del presupuesto federal, rezagos en las decisiones de inversión y consumo del sector privado.
 
Durante la primera mitad del año se registró un crecimiento del PIB de sólo 1 por ciento, medio punto menor al pronosticado por los analistas.
 
De cara al Primer Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto, las cifras recientes del crecimiento económico revelan que nada o casi nada ha cambiado estructuralmente en la economía mexicana como para haber justificado euforia en los estimados optimistas.
 
Alfredo Coutiño, director para América Latina de Moody’s Analytics, describe que el avance de las manufacturas, lento pero hacia adelante, desmiente que la desaceleración mexicana sea producto neto de la debilidad en la recuperación estadounidense; por lo cual “resulta injusto seguir culpando a Estados Unidos de nuestra debilidad económica interna”.
 
En un contexto de cambio de año base de la serie de PIB, que pasa de 2003 a 2008, los nuevos datos del primer semestre incorporan una desaceleración mayor a la considerada previamente, lo que sugiere un crecimiento anual más débil.
 
“En el componente de industria una señal alentadora es la ligera aceleración en la manufactura; no obstante, no alcanza a compensar la debilidad de los sectores construcción, minería, y electricidad, agua y suministro de gas.
 
“Los datos sugieren que las diversas ramas del sector servicios relacionadas con la industria fueron las que observaron las mayores caídas. Sin embargo, las ramas del sector servicios más relacionadas con la economía doméstica también muestran debilidad”, explica Arnoldo López, analista de BBVA Bancomer.
 
Optimismo, rebasado
 
El haber ignorado los efectos contraccionistas del ciclo político sobre la actividad económica y la euforia generada por los vientos de reformas estructurales hicieron que los estimados oficiales y del mercado, arriba de 3 por ciento, se hayan quedado muy optimistas, lo cual explica las constantes revisiones a la baja en los pronósticos de crecimiento del PIB para el presente año después del dato del primer trimestre.
 
Ahora, la oleada de revisiones a la baja se dio de manera intensa, luego de que el INEGI diera a conocer los datos oficiales para el periodo abril-junio del presente año.
La Secretaria de Hacienda pronosticaba una tasa del PIB de 3.5 por ciento al arranque de 2013; en mayo la recortó a 3.1 por ciento, mientras que hace una semana ajustó su estimación a 1.8 por ciento.
 
Los estimados del sector privado se han movido más rápidamente a la baja y con mayor frecuencia, demostrando que sus previsiones iniciales o bien contenían una mayor influencia de la euforia reformista o que subestimaron la presencia del ciclo político en la economía.
 
La economía mexicana podría mostrar en 2013 una tasa de crecimiento promedio de alrededor de 1.6 por ciento, cerca de dos puntos porcentuales menos de lo proyectado, tanto por las autoridades como por el mercado, a principios del año.