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Homenaje sonoro a Juan Gelman

06 febrero 2014 3:57 Última actualización 15 enero 2014 5:2

 [El músico argentino Luis Naón mezcla dos lenguajes para hacerle un homenaje a un poeta que ha muerto / Reuters / Archivo] 


 
 
 
Carmen García Bermejo
 

Desde su juventud, el compositor Luis Naón (La Plata, 1961) leía clandestinamente a Juan Gelman, escritor prohibido durante la dictadura militar de Argentina. Pero, en secreto, el artista fue tejiendo música vinculada a la poesía del autor y así creó la pieza Paréntesis, una obra electroacústica que se exhibe en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC).
 

Juan Gelman dijo que tiene obsesión por la niñez, el amor y la revolución. “Son pocos temas -añade- porque lo más importante es la poesía”. Este principio lo retomó Luis Naón para hacer una obra acústica en homenaje a este poeta argentino exiliado en México.
 
El Espacio de Experimentación Sonora del MUAC es el lugar donde el músico despliega su trabajo y propone la fusión de tres elementos en la sala: la voz de Juan Gelman leyendo sus propios poemas, nueve piezas de cámara y orquestales para violonchelo interpretadas por Eric Picard y una serie de intervenciones electroacústicas que se intercalan con la voz y el sonido.
 

Uno necesita entrar en un tiempo lento -comenta Luis Naón- para escuchar la poesía. Esta música es un tiempo como en paréntesis, por eso la obra se llama así. Aunque creo que en la obra de Gelman no hay paréntesis en la escritura y, si los hay, utiliza otros signos tipográficos, pero el paréntesis está casi excluido. Soy yo quien le puso uno para conceptualizar en sonido lo que escuché en esos textos”.
 

El compositor señala en entrevista que el diálogo que también sucede en el territorio sonoro de Paréntesis propone al espectador dos tipos de escucha: una donde al entrar se encuentra con un poema y la situación de percibirse cambia, al pasar del registro semántico del poema al musical; y otra donde adquiere una relación más profunda entre lo que pasa, la poesía, lo que se dice y lo que ocurre en la música.
 
“Los poemas seleccionados -repara- atraviesan décadas de escritura en las que se abordan vivencias pasadas, situaciones en Argentina, cartas abiertas de Gelman a su hijo desparecido, textos muy anteriores ligados a su militancia y otros de poesía pura. En la lírica del escritor prevalecen las alusiones a la música y entonces dice el poeta: ‘Mi corazón era un violín’. Eso, para mí, quiere decir todo.”
 

Naón considera que la música tiene una similitud con la poesía porque hay un transcurrir del tiempo. La música es un lenguaje por definición, abstracto, que se dirige a canales que no son los mismos que los de la semántica. En cambio, ese tiempo se desvanece en la plástica, sobre todo en las formas tradicionales:
 
“Con el video o las instalaciones -precisa- hay un hecho que se produce, un tiempo que transcurre, el arte plástico como una visión instantánea de un objeto que permite además la entrada y la salida, ahí puede haber un tiempo particular a cada uno. Lo que es para mí muy interesante es trabajar en ese tipo de asociaciones o disociaciones de la materia fundamental de la música que es el tiempo”.
 

Naón recuerda que desde hace tiempo trabaja mucho con la poesía, pero que la labor de los músicos con este género literario es algo tradicional. Sobre todo porque la canción es un emblema de la fusión de esa ocupación en el cual, lo sonoro es un poco menos importante que el texto.
 
Hay otras situaciones donde el texto es un pretexto para hacer una música -asegura-. Con frecuencia, en la música contemporánea funcionamos de esa manera ambas expresiones. Tenemos un texto que es una base de trabajo y, después, la dimensión semántica explota completamente. Así se forma otro lenguaje. Pero también trabajé mucho con artistas plásticos y ahí es donde me percaté que hay diferencias insalvables entre estos diferentes mundos”.
 
Naón apunta que en Paréntesis fue componiendo una música que tuviera en común aspectos decisivos hallados en la poesía de Juan Gelman: la exigencia, la cotidianeidad de la práctica artística, la atenta espera de la llegada desde lo más hondo de un canto verdadero, innecesario en lo inmediato, pero indispensable para seguir viviendo.