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Gustavo García: adiós al hombre cine

06 febrero 2014 7:22 Última actualización 08 noviembre 2013 5:10

[El ex colaborador de El Financiero, falleció a los 59 años a causa de una complicación respiratoria; hizo del cine su vida / El Financiero]


 

Mauricio Mejía
 

Fue cine. Puro cine. No cabía en él otra cosa. Se equivocan las esquelas, como casi siempre. Gustavo García no fue un crítico. Tampoco un académico. Menos un historiador del cine. Fue un maestro en el sentido pleno de la palabra. Un maestro de vivir el cine. Eso lo hizo distinto a todos. Nadie disfrutó tanto del arte de la ilusión como Gustavo, como solían llamarlo, amorosamente, sus miles de alumnos de todos lados, porque de todos lados salían las voces de agradecimiento para aquella generosidad fresca y lúcida a la que ganaban ya las barbas blancas: “Usted fue mi maestro, muchas gracias por lo que me enseñó, no sabe cuánto aprendí”. Y luego una broma, casi tímida, casi orgullosa, seguro satisfecha del profesor de varias generaciones de incipientes amantes del género. Porque las clases de Gustavo eran una carcajada que no se acaba nunca. Ni ahora. La irreverencia es un gran acto cultural: él fue irreverente hasta cuando dormía.
 
Las cintas no terminan en el fin. Casi nunca; hoy menos. Ese filme llamado Gustavo García comienza justo ahora, ahora que suceden los créditos de una vida plena y plagada de herencias. Inabarcable la lista de directores, guionistas y documentalistas que fueron aprendices del oficio en las lecciones desinteresadas de ese pastor de las emociones. Esta reseña va por otro lado, por otra secuencia. Gustavo buscó, afanosamente, hacer del cine un acontecimiento para todos. Le importaban, por sobre todas las cosas, los lectores, los espectadores, los que por cualquier razón, carecían de brújula a la hora de elegir la película indicada en medio de una cartelera cada vez más abultada, los que quieren disfrutar del cine sin el estilo, prejuicioso y esnob, de los que saben más que los directores y los productores; esos que corrigen los efectos, los guiones y las tomas sin otra molestia que la cháchara superficial de la opinión fácil y la falsa crítica.
 
 
El gran valor de la obra de Gustavo, ese amanecer doloroso del jueves 7 de noviembre, es su genuinidad. En un medio plagado de fachas, de fantochería, supo hablar con el lenguaje honrado y honesto que dice justo lo que quiere decir, con la forma más compartible y con la mayor claridad -esa cortesía suya- posibles. Fiel a sí mismo, no renunció nunca a su más pura convicción: la comunión por el asombro.
 
 
No hay buena película sin un buen guión; Gustavo fue, él mismo, el guionista de una cinta, su vida, que dirigió con gallardía admirable hasta el final.
 
El cine se duele desde ayer.
 
 
Comentarios sobre el célebre crítico
 
"La aportación fundamental es que nos volvimos espectadores profesionales, partíamos de una cinefilia muy específica, en este caso, coincidíamos casi todos; aunque teníamos nuestras diferencias, compartíamos la forma de concebir el cine, de verlo”: José Felipe Coria, crítico de cine.
 
 
"Fue un amigo muy interesante, con muchas inquietudes, con poca idea del viaje, no le gustaba tanto salir del país, le gustaba más bien quedarse en México. Compartí con él un viaje a Nueva York que fue un desastre, regresamos un día antes, pero realmente la pasamos bien. Vivimos muchas cosas, vimos mucho cine. Aprecio a Gustavo, quien fue notable en muchas cosas. Al final de nuestra vida nos separamos por asuntos que ahora no vale la pena comentar, pues yo sigo teniendo un gran respeto por Gustavo García”:Andrés de Luna, escritor.

Yo llegaba al CUEC y oía risotada y media. Era la clase de Gustavo, era una manera de saber dónde estaba. En donde las risas. No te imaginas las carcajadas, porque su clase era un anecdotario realmente delicioso”: Jorge Ayala Blanco, crítico de cine.