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Fondo petrolero, dilema de Solberg

10 febrero 2014 4:22 Última actualización 11 septiembre 2013 5:39

 
Luego de una contundente victoria en las elecciones del lunes, Erna Solberg, lideresa del Partido Conservador, que regresará al poder tras su derrota de 1990, prepara una ambiciosa agenda que incluye disminuir los impuestos, vender acciones de la firma pública Statoil e incrementar la producción petrolera, mientras estudia el futuro del mayor fondo soberano del mundo, resultado de la riqueza que trajo al país nórdico el oro negro, por 750 mil millones de dólares.
 
 
Llamada por los medios Erna de Acero, en alusión a su dureza hacia los inmigrantes indocumentados y su postura favorable al recorte impositivo para los más ricos, quizá derivada de su cuna acomodada en el elegante suburbio de Kalfaret, en Bergen, ciudad occidental donde nació en 1961, Solberg renunció al mando de los conservadores en 2009, acusada de ignorar la opinión de los noruegos promedio. En su campaña, sin embargo, también propuso fomentar el empleo, la educación y la salud, en coincidencia con sus aliados de los partidos Progresista, Democrata Cristiano y Liberal, que en conjunto tendrán una mayoría de 95 asientos en el Parlamento, por sólo 72 de los laboristas encabezados por Jens Stoltenberg, quien se mantuvo ocho años en el poder.
 
 
Dirigente política que se sobrepuso en su juventud a la dislexia y será la segunda mujer al frente del gabinete de Oslo después de Gro Harlen Brundtland en 1996, ofreció privatizar la firma telefónica Telenor y adoptar “un enfoque más europeo” en temas de política exterior, toda vez que Noruega se mantiene al margen del bloque con sede en Bruselas.
 
 
 
Negó asilo
 
 
Polémica por negar asilo en 2004 al disidente israelí Mordechai Vanunu, quien reveló al mundo el programa atómico militar del Estado hebreo, como ministra de Gobierno Local y Desarrollo Regional, Solberg tendrá ahora entre sus mayores retos la administración del enorme fondo soberano amasado con la exportación de crudo, pues hay presiones para que se utilice en el financiamiento de la infraestructura y la educación, a diferencia de la política seguida por la izquierda para mantener el estado de bienestar.
 
 
Según la legislación actual, el gobierno no puede emplear más de cuatro por ciento anual del fondo para financiar el presupuesto, pero la coalición de Stoltenberg fue aún más cautelosa, al usar sólo 3.3 por ciento, equivalente a 21 mil millones de dólares. Entre los socios de Solberg, como los progresistas, prevalece en cambio la opinión de que debe superarse cuatro por ciento, a fin de impulsar a la economía más allá del petróleo y sus exportaciones tradicionales.