Archivo

FINANCIAL TIMES: Venderle acuerdos comerciales a la izquierda es desafío para Obama

06 febrero 2014 3:45 Última actualización 06 enero 2014 5:2

[Obama ha sido relativamente tímido en presentar su caso de forma detallada, específica y convincente / Bloomberg]


 

 
 
 
Por James Politi
 
 
Hace poco menos de un mes, el 4 de diciembre, el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pronunció un discurso sobre la economía que fue altamente aclamado por su base política.
 
En él, enfatizó una amplia gama de propuestas –como un aumento en el salario mínimo– para abordar la creciente desigualdad de ingresos, que el describió como una “amenaza fundamental” al modo de vida americano y el “desafío definitorio de nuestros tiempos.”
 

Las observaciones marcaron la tentativa de más alto perfil de Obama desde su reelección para conectar en el campo de la política económica con el renaciente flanco izquierdo en la política del Partido Demócrata, representado más vívidamente por la elección de Bill de Blasio a la alcaldía de New York.

Obama seguramente volverá a estos temas en su discurso sobre el Estado de la Unión a finales de enero, que probablemente se dirigirá más a energizar a sus partidarios antes de las elecciones legislativas del Congreso en noviembre que a encontrar terreno común con los republicanos.
 
Pero no está bien claro si este creciente énfasis en el populismo económico se puede cuadrar con la ambiciosa agenda del Presidente para su segundo mandato, que incluye enormes acuerdos con otras once naciones del Pacífico y la Unión Europea que podrán ser sellados este año.
 
Desde los días del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), lanzado hace 20 años, el comercio ha sido difícil de vender políticamente en Estados Unidos, y para un presidente demócrata, quiere decir enfrentarse a aliados en los sindicatos y los grupos ambientales y de consumidores que con frecuencia se oponen ferozmente a los acuerdos.
 
Este escepticismo sobre el comercio se reduce a la creencia que con demasiada frecuencia de que Estados Unidos negocia acuerdos comerciales para el beneficio de sus corporaciones multinacionales, y no para los obreros, exacerbando el estancamiento del salario y la desigualdad de ingresos.
 
Obama y los mayores funcionarios de su administración no lo ven así de ninguna manera. Muchos en el equipo económico –desde Gene Sperling y Jason Furman en la Casa Banca al representante estadounidense de comercio Mike Froman– son partidarios instintivos de una mayor liberalización del comercio.
 
Reconocen que la política de comercio estadounidense ha tenido problemas en el pasado, pero han jurado hacer las cosas de modo diferente esta vez, al insistir en estándares más fuertes de derechos laborales, regulaciones ambientales, el papel de las empresas estatales y la propiedad intelectual.
 
Dicen que todo esto ayudará a “nivelar el campo de juego” en la economía global de modo que pueda cuadrar con lo que el presidente ha llamado su “estrella del norte” de mejorar la vida de los estadounidenses de clase media.
 

Pero Obama ha sido relativamente tímido en presentar su caso de forma detallada, específica y convincente.
 
Hizo una fugaz referencia en su discurso del cuatro de diciembre a la necesidad de una “agenda comercial que haga crecer las exportaciones y beneficie a la clase media.” Y había sido ligeramente más expansivo en un discurso el mes anterior desde el Puerto de Nueva Orleans cuando celebró los acuerdos comerciales con Panamá, Colombia y Corea del Sur que fueron renegociados y ejecutados bajo su mandato pero firmados originalmente por George W. Bush.
 
La timidez que envuelve los pronunciamientos públicos de Obama sobre el comercio podría tener que abandonarse pronto. En las próximas semanas, se espera que los líderes del comité de finanzas del Senado, quienes generalmente apoyan la política comercial de Obama, desvelen legislación que podría asegurar un proceso más fácil en el Capitolio para los acuerdos comerciales.
 

Conocido como la “Autoridad de Promoción de Comercio”, esta legislación podría ser crítica para asegurar que los acuerdos no se vean atrapados en el embotellamiento político de Washington. Ésta será la primera prueba política de Obama en cuestiones de comercio, y podría necesitar un nivel de compromiso suyo mucho más alto para que pase. Obama podría triunfar.
 
Los críticos liberales, incluyendo a los sindicatos, no han quedado convencidos que el enfoque de la administración sobre las negociaciones, particularmente en el caso del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), es en realidad diferente de lo que ha hecho en el pasado.
 
 
Pero podrían cambiar de opinión, o no oponerse tan ardientemente como se esperaba. Y los demócratas moderados y pro-comercio podrían unirse con entusiasmo. Mientras tanto, las asociaciones de negocios cabildearán febrilmente a favor de los acuerdos.
 

Además, los argumentos geopolíticos en vez de los económicos pueden ayudar a ganar la victoria en el Capitolio.
 
El TPP se considera esencial para el “giro al Asia” de Obama y podría ayudar a reforzar los lazos estratégicos con Japón y otros para ayudar a contener a China. El acuerdo con la UE podría revivir las relaciones trasatlánticas y ayudar a fijar nuevos estándares para el comercio global que pudieran, en última instancia, aplicarse a mercados emergentes como China en el futuro.
 

Pero por ahora, la agenda de comercio de Obama se ve situada incómodamente al lado de la inclinación de su partido hacia la izquierda, y una de sus misiones para 2014 será reconciliar a las dos.
 
 
También, te pueden interesar estos artículos
 
FINANCIAL TIMES: Los pocos afortunados de Silicon Valley pagarán el precio
 
Financial Times: Gerentes que solucionan pleitos religiosos
 
¡Evita la cruda de Año Nuevo! (Aquí el cómo)