Archivo

FINANCIAL TIMES: Peligros de apostar todo a China

10 febrero 2014 5:7 Última actualización 02 agosto 2013 7:0

[Reuters]



 
 
 
Por David Pilling
 
 
Pocos lugares del mundo se han beneficiado tanto del ascenso de China como América Latina. En 1990, China ocupaba el humilde lugar 17 en la lista de destinos de las exportaciones latinoamericanas. Para 2011, se había convertido en el principal mercado de exportación para Brasil, Chile y Perú, y el número dos de Argentina, Cuba, Uruguay, Colombia y Venezuela. Durante ese tiempo, el comercio anual pasó de sólo 8,000 millones de dólares al insustituible monto de 230,000 millones de dólares. Los líderes chinos predicen que llegará a 400,000 millones en 2017.
 
 
A medida que China construye sus ciudades colosales, sus redes de carreteras y ferrocarriles, y alimenta a un pueblo cada vez más carnívoro, América Latina tiene mucho de lo que se necesita para mantener ese ritmo desenfrenado. Cobre chileno, zinc peruano y mineral de hierro de Brasil están siendo exportados en grandes cantidades. La región es el Oriente Medio de los productos para la alimentación, representando el 40% de las exportaciones agrícolas mundiales. América Latina suministra a una China con poca agua vertiginosas cantidades de carne de res, pollo, soya, maíz, café y alimentos para animales. Si el nombre Chatinamérica sonase tan bien como Chindia o Chindonesia, alguien hubiera acuñado el término desde hace mucho tiempo.
 
 

La velocidad con la que las relaciones económicas florecieron plantea dos cuestiones importantes e igualmente aplicables a otras partes del mundo. En primer lugar, ¿qué sucederá cuando el crecimiento y la inversión china se desaceleren, un proceso que ya ha comenzado? En segundo lugar, ¿cómo puede América Latina forjar una relación económica más contundente que la de ser sólo un exportador de materias primas, como lo fue en épocas pasadas?
  

Para entrever lo que podría suceder a medida que frena la economía china, debemos primero mirar cómo les fue a los diferentes países cuando despegó el 'boom' en la década de 1990. Como lo deja claro en su libro The World Turned Upside Down (El mundo al revés), Alfredo Toro Hardy, un académico y diplomático venezolano, hubieron perdedores y ganadores.
 
 
En términos generales, los perdedores fueron México y las 'economías tipo mexicanas' de América Central con plantas maquiladoras de bajo costo para la manufactura y el ensamblaje. Para México, un importador neto de materias primas, como el maíz y la soya, el aumento de los precios de estos commodities producido por el ascenso de China tuvo un impacto muy negativo. Más importante aún, a medida que crecieron las destrezas industriales chinas, las fábricas de México perdieron su competitividad. De 2001 a 2006 su participación en las importaciones de computadoras personales de Estados Unidos se redujo a la mitad, al 7%. Durante el mismo período, la participación de China se triplicó al 45%.
 
 
Los ganadores fueron Brasil y las 'economías tipo brasileñas' de América del Sur. No sólo aumentó enormemente China sus importaciones de productos básicos de países como Perú y Chile, pero el súper ciclo de las materias primas también impulsó sus precios a niveles récord. Kevin Gallagher y Roberto Porzecanski estiman en su libro The Dragon in the Room (El dragón en la habitación) que tres cuartas partes del crecimiento reciente de América Latina se puede atribuir a las exportaciones de productos básicos. Las tasas de crecimiento de los países con los vínculos comerciales más estrechos con China alcanzaron un promedio aproximado del 5%.
 
 
Sin embargo, incluso durante los años de bonanza que ahora terminan, habían temores. Los productos importados baratos chinos socavaron a los fabricantes de América Latina, incluso en países como Brasil con una base industrial sofisticada. Las divisas de los países exportadores de productos se fueron apreciando –un caso clásico de la 'enfermedad holandesa'– haciendo que sus productos manufacturados fuesen aún menos competitivos. Algunas personas, como el Toro Hardy, temían que la excesiva dependencia de los productos básicos podría implicar el retroceso a una economía basada en exportaciones primarias. Para un productor de alta tecnología como Brasil, dijo, eso suena a neocolonialismo.
 
 
A medida que el crecimiento de China se desacelera de dos dígitos a un 7.5% proyectado este año, las economías de algunos exportadores de materias primas han dado un traspié. Brasil es un ejemplo de ello. En parte como resultado de la desaceleración de las exportaciones a China y la caída de los precios de los productos básicos –los precios del cobre, mineral de hierro y carbón están abajo un 30 a 50% de sus picos de 2011– el país registró un crecimiento promedio de sólo 1.8% en 2011 y 2012, comparado con un rugiente 7.5% en 2010.
 
 
Ese proceso podría llegar aún más lejos. La economía de China puede frenarse aún más brusco de lo esperado o puede reequilibrarse más rápidamente, pasando de un crecimiento impulsado por la inversión a un crecimiento impulsado por el consumo. The Economist, quizás prematuramente, ya ha declarado una 'gran desaceleración' estructural en los mercados emergentes. En un informe titulado 'Si China estornuda', Nomura estima el impacto en varias economías si el crecimiento de 2014 de la economía china de 8 billones cae 1 punto porcentual por debajo del pronóstico inicial de Nomura de 6.9%. Se estima que una caída de 1 punto restaría medio punto más del crecimiento de América Latina. A algunos países como Australia, con una caída de 0.7%, y Singapur cuya economía se basa en el comercio, con una caída de 1.3%, les iría peor.
 
 
No todo es malo. México puede haberse beneficiado de la naturaleza cambiante de la economía de China, donde los salarios más altos han insuflado nueva vida al sistema de las maquiladoras. El país tampoco se ha visto afectado por la caída en los precios de las materias primas.
 
 
Incluso en países como Brasil, los efectos de una desaceleración de China no tienen que ser todos negativos. China continuará urbanizándose, por ende poniéndole un piso a los precios de los metales. En la medida en que su demanda de materias primas 'duras' caiga, su apetito por la carne y los cereales debería aumentar. La clave para América Latina –y para otros proveedores de las necesidades de China – es construir una relación comercial que maximiza el valor añadido, aun si eso sólo consiste en crear marcas o transformar materias primas. Canadá, Australia y, más cerca de casa, Chile, son pruebas de que el ser un exportador de materias primas de primera calidad no significa necesariamente tener una economía de segunda categoría.
 
También, te pueden interesar estos artículos
FINANCIAL TIMESAmérica Latina duda del rescate a Grecia
FINANCIAL TIMESTurismo y minería… ¡en el espacio!
FINANCIAL TIMES¡Más momentos incómodos en las redes!