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FINANCIAL TIMES: ¡Momentos incómodos en las redes!

07 febrero 2014 5:59 Última actualización 30 julio 2013 5:30

[Bloomberg]


 
 

 
 
 
Por Ravi Mattu
 
 
La semana pasada me invitaron a una fiesta de verano. Cuando uno trabaja en el Financial Times, tiene la suerte de ser invitado a muchas de ellas. Algunas son mejores que otras, pero ésta me era poco atractiva por una razón: fui invitado de último momento.
 
 
Esto por lo general significa una de dos cosas. O no ibas a ser invitado en primer lugar o, peor aún, alguien aparentemente más importante canceló de último momento. A pesar de ser la segunda opción del anfitrión, hice el viaje a través de Londres y pronto estaba en el jardín, tomando Pimm’s y charlando con persona interesante tras persona interesante. Me alegré de haber hecho el esfuerzo.
 
 
Sin embargo, mientras me dirigía a casa esa noche, mi mente se volvió menos a las personas con ideas afines que conocí y más bien comencé a pensar en la conversación fallida en la que ambos fracasamos en nuestro intento de encontrar algo interesante que decir y cambiamos de interlocutor con la mayor brevedad posible. Fue incómodo, pero no pude evitar pensar que el valor de la conversación superaba el momento embarazoso. Me obligó a repensar cómo me relaciono con la gente, y eso me llevó a otra conversación que resultó más atractiva.
 
 
Estos momentos incómodos son cada vez más raros en la era de las redes sociales. No estamos dispuestos a interactuar con ideas que nos parecen desagradables.
 
 
La bandeja de entrada de mi correo electrónico está llena de mensajes que me recomiendan las 'cuentas' de Twitter que consideran que me podrían interesar basándose en las cuentas que ya sigo.
 
 
LinkedIn me ofrece 'contenido destacado, preparado específicamente para mí'. La compañía, que solía ser utilizada principalmente como un sitio de empleos, quiere convertirse en un destino para gerentes. Ha contratado a un ex periodista de la revista Fortune para crear el tipo de contenido que atraerá a los profesionales que utilizan la red. Hay LinkedIn Hoy, un centro de noticias, y destacados, un espacio donde los ejecutivos, emprendedores y pensadores, desde Jamie Dimon de JPMorgan Chase y Meg Whitman de Hewlett-Packard hasta Arianna Huffington, Pete Cashmore de Mashable y Joi Ito en el MIT Media Lab, escriben blogs acerca de cualquier tema que quieran.
 
 
Lo escalofriante de los algoritmos que sustentan estos medios es que son cada vez mejores en saber lo que me gusta.
 
 
Solía odiar esos mensajes de correo electrónico, ya que estaban tan completamente fuera de base que su utilidad por lo general era casi nula. Ahora encuentro que cada vez más no sólo sigo los enlaces sino que también los comparto.
 
 
Pero, ¿son buenos estos avances? ¿Nos hacen mejores en nuestros puestos de trabajo? No estoy tan seguro.
 
 
El problema es que los puntos más fuertes de estas redes también son los más débiles para los gerentes. Si todo lo que se nos envía se basa en un comportamiento pre-existente puede ser eficaz, pero también puede crear un círculo vicioso de datos que se auto-refuerzan y se limitan a confirmar más que desafiar. En realidad, se necesita un poco de ambos. ¿Con qué frecuencia seguimos a gente en Twitter con quienes no estamos de acuerdo? Y ¿con qué frecuencia buscamos a alguien que desafía nuestras ideas en LinkedIn?
 
 
Esto es importante porque los ejecutivos tienen que ser instados a pensar de forma diferente para evitar ser sorprendidos por alguien inesperado que los obligue a reconstruir completamente su modelo de negocio. La industria musical no entendió el poder de la tecnología digital hasta que estaba de rodillas. El negocio de los medios estaba lleno de grupos tan centrados en los competidores tradicionales –otros grupos de medios convencionale – que no vieron la amenaza planteada por los 'disruptores' hasta que ya estaban quitándoles lectores y anunciantes.
 
 
¿Qué debe de hacer un gerente? Definitivamente no debe pasar por alto estos servicios que son masivamente útiles. Pero debe ser cauteloso al usarlos. Aquí hay tres simples recomendaciones.
 
 
En primer lugar, sea curioso y experimente. La mayoría de las redes sociales se han diseñado para ser intuitivas al uso, por lo que es fácil de ajustar y probar cosas nuevas. Eso podría significar seguir a personas que normalmente no seguiría, o suscribirse a una lista que esté fuera de su zona de confort.
 
 
En segundo lugar, dese un respiro de un servicio en línea que utilice obsesivamente. Una ruptura puede ayudarle a pensar más allá del muy definido mundo al que usted está acostumbrado, y también puede abrirle los ojos a las posibilidades que había estado ignorando. Si usted decide utilizar la tecnología de nuevo, es posible que empiece a utilizarla de manera más eficaz.
 
 
Pero quizás lo más importante, no olvide la lección que aprendí de esa conversación incómoda en la fiesta: el bienestar social también significa relacionarse con gente que no le cae bien o con quien no está de acuerdo, ya sea en línea o en persona. Puede ser un poco incómodo, pero al que quiera azul celeste, que le cueste.
 
 
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