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Financial Times: La estéril venganza viral contra firmas

10 febrero 2014 4:30 Última actualización 14 septiembre 2013 5:0

 [La foto de la carta de renuncia se convirtió en un fenómeno viral. / Reddit ] 



 

Lucy Kellaway
Hasta el mes pasado, Niki, Jess y TJ estaban trabajando en una zapatería en un centro comercial en Rochester, Nueva York, donde se pasaban el día insertando los pies sudados de niños en nuevos pares de zapatos. Pero de repente renunciaron todos en masa.

En una hoja de papel gigantesca le escribieron una carta a su jefe que comenzó de la siguiente manera: “Estimado Jamie, Ya que usted decidió decir que ‘el cáncer no es una excusa’ y siguió insultando a sus empleados como SIEMPRE suele hacerlo… RENUNCIAMOS.” Fijaron la carta en la ventana de la tienda y abandonaron su lugar de trabajo.

La historia tal vez hubiera terminado ahí, si no fuera por el Internet. Alguien tomó una fotografía de la tienda cerrada – una tienda de Journeys – y la publicó en Reddit. Recibió miles de comentarios apoyando a los empleados. “Usted abusa de su posisión [sic],” decía la carta. “Ya NO lo Vamos a Permitir.”

Bravo, pensé. ¡Dale poder al pueblo! ¿Quién necesita un sindicato laboral cuando existe Internet? Niki y sus colegas compensaron por cualquier debilidad en su ortografía con la fuerza de su valentía. Los tres son mártires modernos, que se sacrificaron por una buena causa. Su carta es una advertencia a todas las compañías sobre los ofensivos gerentes de nivel medio que no sólo arruinan la moral, sino también son un peligro para su reputación y su marca.

Justo en el momento en que mi indignación había llegado a su cima, la historia tomó un nuevo giro. Jamie y fuentes-cercanas-a-Jamie surgieron en línea presentando sus propias contraacusaciones sobre Niki, Jess y TJ.
 
Para intentar averiguar lo que en realidad había sucedido, llamé a Journeys HQ donde una mujer me dirigió a una declaración en línea que afirmaba que la compañía estaba investigando el asunto. Y después de ser poco servicial, añadió: “¡Gracias! ¡Qué tenga un buen día!”

Al colgar el teléfono, me maravillé de mi propia ingenuidad de haber esperado un buen resultado. Tal vez se debía a que acababa de ver The Sound of Music (La Novicia Rebelde) en el teatro la noche anterior y tenía demasiado presente el recuerdo de la transformación del Capitán von Trapp, de ser un hombre que mandaba a llamar a sus empleados con un silbato a convertirse en un hombre tierno que cantaba “Edelweiss” en tonos dulces.

Cuando se trata de obligar a las personas a portarse mejor, Internet es mucho menos poderoso que una novicia con una guitarra. Internet es una herramienta demasiado grande y desafilada para mejorar las condiciones laborales.
Una batalla amplificada en las redes sociales no es una buena manera de arreglar un asunto que posiblemente requiera de un análisis más matizado.
 
De hecho, no hay indicaciones de que los actos virales de venganza realizados por empleados salientes tengan un impacto verdadero sobre las compañías a las que se dirigen, aunque tal vez la persona que los llevó a cabo sea menos “empleable” después de hacerlo.

La cultura de Goldman Sachs no muestra cicatrices visibles de la renuncia brutal de Greg Smith, quien escribió un artículo de opinión en The New York Times el día que se fue, denunciando la cultura del banco como “tóxica” y “destructiva”.

Durante unas dos horas, el mundo lo escuchó: el valor de mercado de Goldman declinó por 2 mil millones de dólares. Pero entonces el banco contraatacó. El único buen resultado fue que Smith obtuvo un contrato para escribir un libro, aun así, cuando se publicó el libro, no hubo mucho interés.

También hay otros casos. Por ejemplo, Joey, el hombre sonriente en la camisa roja que trabajaba en el Renaissance Providence Hotel. Cuando renunció al trabajo que tanto odiaba en 2011, lo hizo junto con una banda musical de instrumentos de metal. Cuatro millones de personas lo vieron en YouTube, pero aun así no pasó nada. Hace poco Joey filmó otro video, declarando que las condiciones en el hotel habían empeorado, pero sólo 10 mil personas lo vieron.
 
 


Y hablemos de Steven Slater, el aeromozo de JetBlue Airways, que estando harto de los clientes groseros se propulsó del avión en un paracaídas de emergencia. ¿El resultado? Se convirtió en una celebridad menor, pero también recibió una condena penal.

A todos nos encantan estos dramas. Todos en algún momento de nuestras vidas hemos tenido fantasías de renunciar y abandonar nuestros empleos, por eso nos emocionamos cuando alguien realmente lo hace. Sin embargo, como público somos brutales y caprichosos. La razón por la que Internet nunca llegará a ser un sindicato laboral se debe a que no nos interesa lo suficiente para comprometernos a seguir los casos hasta su conclusión.

En el caso de Niki y Cía., yo lo hubiera dejado ahí. Pero acabo de ver la respuesta corporativa en el sitio web de la compañía: “Journeys TE da la oportunidad de ser TÚ mismo. Celebramos la individualidad y la creatividad. Las tiendas ofrecen un ambiente de alta energía con un enfoque de servicio al cliente. Nuestros empleados le ponen pasión y energía a todo lo que hacen y se nota.” Este tipo de disparates me obligan a continuar. Voy a dejar este asunto por un mes y entonces voy a intentar averiguar lo que ha sido de Niki, Jess, TJ y Jamie. Yo los mantendré informados.