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FINANCIAL TIMES: El poder de las bases de datos

07 febrero 2014 6:14 Última actualización 13 junio 2013 5:0

  [Reuters] 


 
 

 
 
Las ventas de la novela 1984 de George Orwell aumentaron desde que Edward Snowden reveló cómo la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos obtiene acceso a registros telefónicos y datos de firmas tecnológicas. Hasta ahora, aunque la gente no le tiene cariño al 'Gran Hermano', está preparada para aceptar algo de invasión a su privacidad a cambio de seguridad.

Pero, ¿qué pasa con las 'grandes bases de datos'? Empresas con información personal están usando nuevos tipos de análisis e inteligencia artificial para diseñar productos y servicios, y predecir lo que van a querer sus clientes. Larry Page, director ejecutivo de Google, describe su tipo ideal de tecnología como “un asistente verdaderamente listo que hace las cosas en las que no quieres pensar”.

La visión de vivir en una versión virtual de Downton Abbey, con una computadora para planear tu día, sugiriendo la mejor ruta para el viaje, las películas que podrías querer ver y el vuelo que te conviene más, tiene su atractivo. A todos nos falta tiempo y en vez de ser bombardeados con información y obligarnos a escoger, es agradable un servicio personalizado.

Pero, así como las revelaciones sobre la NSA han sorprendido a muchos, dudo que la gente tenga una idea de la dimensión de la huella de datos que crea diario o de los avances que permiten a un selecto grupo de empresas explotarla. La tecnología está evolucionando tan rápido, que lo que era inconcebible hace dos años es ahora rutinario.

“Es a la vez un futuro maravilloso y aterrador. Empresas con enormes cantidades de datos sabrán más sobre ti que tú mismo”, dice Kai-Fu Lee, un inversionista con sede en Beijing y ex jefe de Google en China. La semana pasada, en una columna, comparé a Google con la General Electric de fines del siglo XIX, una empresa industrial innovadora en la cresta de una ola de nueva tecnología. La otra cara de la moneda es que Google, Amazon, Microsoft y otras están adquiriendo poderes que deben ser cuidadosamente controlados.

La NSA y las empresas de datos dan a sus bases y su poderío computacional usos diferentes: el primero, identifica espías y terroristas; las otras, unen servicios con usuarios. Tienen en común el uso de información y técnicas como reconocimiento de patrones y análisis de redes.

En los casos más avanzados, esto ya deriva en el uso de inteligencia artificial que, por ejemplo, intuye lo que buscabas, aun cuando no lo deletreaste bien o puede traducir lo hablado a otro idioma instantáneamente (como demostró Microsoft en China el año pasado).

La habilidad de las computadoras de aprender de una manera similar a los humanos se conoce como 'aprendizaje profundo' y es notorio que Google haya contratado a varios pioneros en este campo, incluyendo al científico Ray Kurzweil. Entre la transferencia de tecnología que ha ofrecido la NSA a empresas privadas se encuentran “tecnologías de vanguardia en el aprendizaje de las máquinas”.

Ese software puede inferir mucho de fragmentos de información, si tiene suficiente, como lo ha demostrado el intento de la NSA de analizar metadatos de llamadas telefónicas de Verizon. El Presidente Barack Obama aseguró a los estadounidenses que “nadie está escuchando sus llamadas telefónicas”, pero aun así esto es un tesoro.

Un estudio realizado por Latanya Sweeney, profesora de la Universidad de Harvard, encontró que 87% de la gente puede ser identificada con sólo conocer su edad, género y área postal, si estos datos se cruzan con bases de datos públicas.

El extraordinario poder de las empresas con grandes archivos proviene de su habilidad para combinar la información personal de sus clientes con observaciones sobre ellos, desde los productos que compran hasta dónde están. Esto produce una serie de 'datos inferidos' de lo que probablemente desean.

Por ejemplo, si busco en un teléfono Android 'Taj Mahal' mientras estoy parado en India, Google le dará prioridad a los resultados para el santuario en Uttar Pradesh. Si hago lo mismo en Brick Lane, en el este de Londres, sugerirá restaurantes bengalís locales. ¿Cuánto falta para que me ofrezca hacer reservaciones basándose en las evaluaciones de restaurantes que hice?

Por un lado, me gustaría que lo hiciera (siempre y cuando sea bueno), ya que me ahorraría el trabajo. Por otro, como señaló un informe del Foro Económico Mundial: “Los datos inferidos pueden hacernos sentir como que el Gran Hermano está mirando la cámara de seguridad”.

Una de las preocupaciones que emana de esto, es que es muy difícil competir con estas compañías. Cuantos más datos les damos, mejor se vuelven en predecir lo que queremos. El cerebro de la máquina se vuelve más inteligente con el uso.

Otra preocupación es la confianza. Las redes sociales no han protegido bien la información de sus usuarios.

La tercera preocupación es la propiedad. Tenemos derecho, cada uno, sobre nuestra propia información; pero, ¿qué pasa cuando es mezclada con la de otros y combinada en una enorme base? Si cambio de parecer, ¿cómo puede ser separada?
 
Sobre todo, no sabemos qué significa esta tecnología porque recién entramos en la era de las grandes bases de datos. Hay muchos aspectos que admirar, pero nos va a tomar algún tiempo llegar a quererla.
 
 
 
 
 
 
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