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FINANCIAL TIMES: El lado débil de las redes sociales

10 febrero 2014 4:29 Última actualización 03 octubre 2013 5:3

[Twitter está próxima a cotizar en la bolsa / Bloomberg] 


 

 
Por John Gapper
 
 
 
Ahora que la industria de las redes sociales llega a su décimo aniversario, a los de arriba les está yendo bien. Twitter pronto será objeto de una oferta pública inicial que podría valorarla en 15 mil millones de dólares, mientras que Facebook se ha recuperado de su rocosa salida a bolsa el año pasado con tanta rapidez que 20 por ciento de los activos que pertenecen a Mark Zuckerberg, su fundador, tienen ahora un valor de 24 mil millones de dólares.
 
 
Su próspero estado financiero se agrava con una ola de desilusión que Jonathan Franzen, el novelista, llama la edad de “cotorrear, tuitear y alardear”. En su colección de obras del satírico vienés del siglo XIX Karl Kraus, publicada esta semana, Franzen despotrica en contra de “la máquina infernal del tecno-consumismo”, representada por Amazon y Facebook.
 
 
The Circle, una nueva novela de Dave Eggers, retrata a Silicon Valley como un mundo distópico en el que los empleados de una empresa que parecen pertenecer a un culto –una combinación de cienciólogos, Facebook y Google– son impulsados por los fundadores de la empresa a ser totalmente “transparentes” mostrando todo de sí mismos a los demás. Sus lemas son “los secretos son mentiras” y “la privacidad es un robo.”
 
 
Es absurdo descartar estas aseveraciones, como muchos lo han hecho en Twitter, como lamentaciones de hombres de mediana edad. Muchos otros se sienten igualmente oprimidos, desde Louis CK, el comediante, quien llamó a los teléfonos inteligentes “tóxicos, especialmente para los niños”, hasta Marina Shifrin, una productora de 25 años de edad, quien renunció a una compañía de animación taiwanesa en protesta en contra del enfoque de su jefe hacia “el número de visitas que recibe cada video” (su baile de salida al ritmo de Kanye West ha sido visto 8.5 millones de veces en YouTube).
 
 
El sentimiento es natural cuando estamos entrenados, como Mae Holland, protagonista de The Circle, a amasar amigos y seguidores y sólo sentirnos satisfechos cuando, como ella, nuestro “séptimo “zing” se incendia y es “rezingado” 2 mil 900 veces”. Las redes sociales son un interminable y agotador desfile.
 
 
Pero, mientras que Franzen y Eggers consideran que esta actividad frenética es evidencia del poder de Big Brother de las redes sociales, yo lo veo como lo contrario. Su dependencia de la expansión exponencial y la distribución masiva de información es una debilidad en lugar de una fortaleza.
 
 
Hay una falla en cualquier negocio que incita a sus usuarios a llevar a cabo actividades que son adictivas e inquietantes. En una última instancia, si no lo disfrutan, no están atrapados en el campus de The Circle, como Mae. Pueden irse, como lo hicieron los usuarios de Friendster y MySpace.
 
 
Las cosas son diferentes en The Circle, donde los tres co-ejecutivos crean un mundo lleno de cámaras miniatura que observan toda la vida y donde “todo lo que sucede debe ser sabido.” Consideran que la privacidad es autocomplacencia, y una traición a la gente tan grave como cuando Winston Smith se escondió de la telepantalla en 1984.
 
 
Silicon Valley se expone a la sátira con sus exageradas declaraciones de que su interés coincide con el interés público. Las empresas no se conforman simplemente con hacer computadoras personales o construir redes sociales. Representan los medios como un mecanismo para que los usuarios puedan liberarse de las computadoras, o cumplir con su deseo natural de compartir.
 
 
Zuckerberg, quien dijo orgullosamente a Wired este año que “la gente va a compartir entre ocho y 10 veces más cosas” para el año 2016, forma parte de la retórica tradicional de Silicon Valley. “Siempre que se produzca y procese la información de manera eficiente, se presume que el legado de la Ilustración estará en buenas manos,” escribe Evgeny Morozov, el crítico de la tecnología, en To Save Everything, Click Here.
 
 
Franzen es igualmente desdeñoso. “Con el tecno-consumismo, la retórica humanista del ‘empoderamiento’ y la ‘creatividad’ y la ‘libertad’ y la ‘conexión’ y la ‘democracia’ se instiga el monopolismo franco de los tecno-titanes,” escribe. “La nueva máquina infernal parece cada vez más obedecer sólo a su propia lógica.”
 
 
De acuerdo. Y la lógica de las redes sociales es que, si son lo suficientemente grandes, pueden quemar dinero en efectivo y todavía ser valiosas. “Hay muchos negocios rentables por ahí. Pero sólo algunas redes grandes,” dijo David Karp, fundador de Tumblr, la red de blogs comprada por Yahoo en mayo por mil millones de dólares, a New York Magazine esta semana.
 
 
Pero las grandes redes pueden reducirse. The Circle es tan dominante que fabrica sus propias tabletas, sostiene la información de millones de usuarios y almacena todos los datos en la nube. Es impenetrable, de una manera en que no lo son las redes sociales de la vida real.
 
 
Su extraordinario impacto en la última década hace que sea fácil olvidar la relativa juventud de la industria. Friendster y LinkedIn se fundaron en 2002, MySpace en 2003 y Facebook en 2004. Twitter, que ahora cuenta con el impulso más fuerte, se fundó dos años más tarde.
 
 
Hemos aprendido una cosa de esta breve historia: que el dominio de red se pierde muy fácilmente. Un minuto una red como MySpace es tan grande y arraigada como The Circle, y al minuto siguiente su crecimiento había parado y sus usuarios se estaban yendo. Facebook ha demostrado cierta capacidad de resistencia, pero no hay garantía de que perdurará.
 
 
 
 
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