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FINANCIAL TIMES: Comprar es difícil para los chinos

07 febrero 2014 5:57 Última actualización 30 agosto 2013 4:5


 

 
Por Henny Sender
 
La venta del negocio de arrendamiento de aeronaves de AIG a un grupo chino está al borde del colapso, lo que indica la implosión de una nueva oferta china para controlar activos similares – la tercera en pocos años. Últimamente, cuando se presentan grupos chinos en las subastas, la reacción es más de escepticismo que de celebración.
 
En este caso, el grupo de compradores de China se desmoronó. En otros casos que involucran a compradores potenciales que abarcan desde grupos oscuros hasta bancos reconocidos, las causas incluyeron problemas con aprobaciones, financiación o el temor prevaleciente de pagar demasiado.
 
China Development Bank presentó la oferta más alta para los activos de la operación de arrendamiento aeronáutico de Royal Bank of Scotland (por un margen de 240 millones de dólares), a pesar del hecho de que el banco pensaba que no tenía posibilidades de obtener la aprobación para el acuerdo. Una grupo chino que ofertó por Hawker Beechcraft no pudo obtener financiación y presionó con insistencia (aunque sin éxito) por la devolución de su depósito de $50 millones. Bank of China presentó una oferta bajísima, no una sino dos veces, por un banco indonesio que Temasek estaba vendiendo (el cual ultimadamente paró en manos de May Bank) .
 
Los banqueros de inversión, quienes otrora se jactaban ante sus clientes en occidente de sus contactos con potenciales compradores chinos de activos y empresas ya no están tan convencidos.
 
No se suponía que fuese así. China tiene masivas cantidades de dinero y un hambre insaciable de todo, desde recursos naturales hasta tecnología de punta. Si desea transformarse en una economía liderada por el consumidor, debe actualizar sus sistemas de fabricación, así como sus marcas y sus diseños. La competencia en China es intensa, por lo que incluso cuando el exceso de capacidad no es un problema, los márgenes de beneficios son a menudo muy bajos, por lo que los mercados extranjeros lucen más atractivos.
 
Sin embargo, está claro que China no está lista para un papel estelar en materia de fusiones y adquisiciones. Tener dinero y ambición pareciera no ser suficiente. Un asesor que se contrató para ayudar a un banco chino a adquirir un banco ruso (por razones que permanecen a oscuras) le preguntó al ilusionado comprador si había alguien en el banco que hablara ruso, y se le dijo que no. Por lo tanto, aun cuando las aprobaciones y el financiamiento no representan un obstáculo, los factores más intangibles, como los culturales, son un problema, siendo el idioma sólo uno de ellos.
 
Por otra parte, hay pocas fusiones y adquisiciones a nivel interno por lo que la mayoría de las empresas tienen poca experiencia práctica de cómo cerrar un trato. Además, exceptuando unas pocas empresas de tecnología, las empresas chinas siguen careciendo de especialistas internos con títulos como director estratégico para pensar y analizar estos asuntos. 
 
 
Y en muchos casos, los chinos se encuentran con una actitud hostil y xenofóbica cuando se aventuran en el extranjero. Pensemos en los debates en torno a la compra de Smithfield Foods por $4.7 mil millones por parte de Shuanghui Internacional, transacción que se ha convertido en rehén de las políticas de clientelismo en el congreso de los EEUU.
 
Por supuesto, hay campos en los que los chinos han logrado cerrar acuerdos exitosamente. Los dos grandes sectores, el de petróleo y gas, y la minería, representan más de la mitad de todas las transacciones desde el 2000 y cerca de $200 mil millones de un total $368 mil millones en transacciones hacia el extranjero, según Dealogic . El gobierno chino estaba detrás de casi todas estas operaciones, que fueron dirigidas por empresas de propiedad estatal con el financiamiento barato de bancos estatales como China Development Bank, con acceso directo a la hoja de balance del propio estado chino.
 
Hasta ahora, los compradores más exitosos han sido las empresas de propiedad estatal, con la aprobación del gobierno.
 
Mirando hacia el futuro, la próxima ola probablemente involucrará empresas de propiedad privada realizando acuerdos más pequeños, y en particular empresas de tecnología que son intrínsecamente de carácter más global. Estas ofertas suelen dirigirse más hacia Europa – sobre todo Alemania – que hacia EEUU, donde lo único parecido a la paranoia de EEUU con respecto a China es la paranoia de China con respecto a EEUU. Pero eso no debería restringir la salida de capitales desde China.
 
Muchos interesados en ambos lados de la frontera creen que la próxima gran ola será el campo del inmobiliario a medida que los desarrolladores e inversores institucionales chinos miran hacia el extranjero, sobre todo hacia EEUU. Tanto la financiación y los permisos son mucho más fáciles de obtener en China y con frecuencia son una simple formalidad en EEUU.
 
"Las fusiones y las adquisiciones son las aplicaciones de capital al extranjero que presentan la mayor dificultad de éxito,” dice Howard Chao, abogado de O'Melveny & Myers en la costa oeste de EEUU. "Hay que moverse rápido, tener todo en orden y obtener aprobaciones. Es mucho más fácil comprar grandes edificios. El dinero se puede mover más rápidamente y normalmente no hay problemas políticos. Los flujos de cartera chinos también serán grandes. Las fusiones representarán una parte más pequeña del capital que fluye fuera de China."
 
Hay otra (y silente) razón por la cual las transacciones inmobiliarias son tan atractivas. Con suficiente dinero, los inversionistas chinos pueden obtener permisos de residencia temporal en EEUU. Los chinos cada día siguen más el camino de su dinero fuera de China.