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Escuelas con 100 años... y contando

12 febrero 2014 4:12 Última actualización 15 mayo 2013 7:25

[Fotos de Edgar López] Les contamos 3 historias de colegios en México que han logrado evolucionar y sobrevivir a los cambios generacionales. 


 
Claudia Alcántara
 
Sus patios y aulas han visto pasar cuartas y hasta quintas generaciones. Son escuelas que superan el centenario y se han adaptado a las necesidades de los clientes del siglo XXI. ¿Cómo le hacen?
 

 Colegio Salesiano, adaptación al cambio
 
Fundado hace más de 120 años en lo que hoy es la colonia Anáhuac del Distrito Federal, el Colegio Salesiano de Santa Julia tenía el propósito de capacitar a trabajadores en diversos oficios, como encuadernación, imprenta, carpintería y otros.
 
El colegio, de formación católica, sufrió vicisitudes hacia 1935, durante la persecución religiosa, cuando las instalaciones fueron tomadas; se las regresaron en 1950.
 
El tiempo pasó, la competencia de otras instancias creció en la impartición de talleres, y el colegio incorporó a su oferta educativa a las necesidades de la población: actualmente tiene preescolar, primaria, secundaria, preparatoria y universidad, en donde principalmente atiende a jóvenes de bajos recursos.
 
El director general de los Colegios Salesianos de la Zona Metropolitana de la Inspectoría México Sur, reverendo presbítero Luis Rolando Valerdi Sánchez, relató que los primeros religiosos salesianos llegaron a México procedentes de Turín, Italia, en 1892, con la misión de ofrecer educación a los más pobres, bajo el Sistema Preventivo creado por el sacerdote, educador y escritor italiano del siglo XIX Juan Melchor Bosco Occhiena, mejor conocido como Don Juan Bosco.
 
Actualmente, además de conservar el primer colegio, los religiosos salesianos tienen una red de 58 unidades en el país, de operación independiente, pero con el mismo plan de estudios y filosofía.
 
Al igual que en sus inicios, los colegios se han abierto con ayuda de benefactores, quienes los han invitado a llegar, ofrecen el terreno y aporte económico; primero se enfocan a familias de bajos recursos -con becas-, y luego a quienes pueden pagar -primaria 2,482 pesos; inscripción 1,220, por citar un ejemplo-, para hacer sustentable su operación.
 
Actualmente, ese plantel tiene una matrícula (por la mañana) en primaria, secundaria y preparatoria de 1,500 alumnos mujeres y hombres -al total de su capacidad-, y de 570 estudiantes de seis diferentes licenciaturas (en las tardes). Del total de sus alumnos en nivel básico y preparatoria, el 20% está becado; en grado universitario lo está el 70%.
 
El sistema preventivo que manejan, indicó, educa al joven en tres rieles: amabilidad en el trato, confianza en sus capacidades, y la aportación de valores (con Dios bajo sustento), los cuales son vigentes en la pedagogía actual.
 
El reverendo manifestó que ante las necesidades de los padres de familia, ofrecen un Club de Tareas, en donde los niños y jóvenes -luego de sus clases que terminan a las 2:30 pm- pueden estar hasta las siete de la noche; ahí comen, hacen sus tareas y cuando terminan pueden realizar una actividad deportiva o artística. En este espacio tienen 60 alumnos.
 

 Francés del Pedregal, más idiomas
 
En sus 110 años de existencia el Colegio Francés del Pedregal se ha adaptado a las demandas de un mundo más competitivo: dejó el idioma galo como único idioma a instruir y adoptó el inglés como una tercera lengua de aprendizaje.
 
Así, una alumna egresada del plantel, además del español como lengua materna, posee certificados internacionales: para el idioma inglés de la Universidad de Cambridge, y DELF y DALF para el francés, avalados por la embajada francesa en México.
 
La directora general del Colegio Francés del Pedregal, Virginia Villegas Hermida, indicó que el colegio fue fundado en 1903 por hermanas de la Congregación de San José de Lyon, Francia -encabezadas por Madame Marie Flavie Arnaud-, quienes fueron llamadas por sacerdotes maristas para educar a niñas y jóvenes mexicanas.
 
Dada la aceptación, el primer colegio ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México, se trasladó a la Riviera de San Cosme, posteriormente a Mayorazgo, y finalmente al Pedregal -en un terreno de 3.5 hectáreas-, donde permanece.
 
Expresó que el colegio se ha adaptado a lo último de la pedagogía -teniendo como eje el método constructivista-, con el fin de que las alumnas sean capaces de "salir al mundo y desarrollarse en el medio".
 
La ejecutiva comentó que debido a que el método constructivista exige un trabajo "más personalizado, hombro con hombro", han reducido el número de alumnas por aula, pasando de un promedio de 50 a 25 o 28 actualmente.
 
Así, la matrícula total del colegio en primaria, secundaria y preparatoria es de 700 alumnas; dijo que no buscan saturar su capacidad, por lo que tienen una lista de espera de familias que buscan inscribir a sus hijas.
 
Añadió que mantienen un sistema de becas, superior al 5% que señala la Secretaría de Educación Pública (SEP), y el 20% de su matrícula recibe apoyo.
 
Otro de los cambios realizados ha sido la incorporación de horarios extendidos para clases extracurriculares, con el propósito de apoyar a padres que lo requieren.
 
Villegas Hermida expuso que aunque los padres de familia han solicitado extender la educación que imparte el colegio también a niños -no sólo a niñas-, aseguró que ellos creen en la educación diferenciada, "ya que las niñas desarrollan en diferentes momentos sus habilidades que los niños".
 
A mediano plazo no hay planes concretos para generar un sistema educativo mixto, o crear un nuevo plantel sólo para niños.
 

 Colegio Sagrado Corazón, visión humanista
 
Para el Colegio Sagrado Corazón, la misión y preceptos de su fundadora, Santa Magdalena Sofía, forjados en 1800 en Francia, siguen más vigentes que nunca: crear mujeres atentas y críticas de su entorno, y capaces de responder "a la vida que les toca".
 
Lucila Madero, religiosa del colegio, relató que al momento de crear la congregación en 1800, Santa Magdalena estuvo muy atenta de la difícil realidad de su país, impactado años antes por la Revolución, y en un contexto en donde la mujer no tenía acceso a la educación.
 
Cuando las hermanas de la Sociedad del Sagrado Corazón llegaron a México en 1883, dijo, invitadas por doña María Fabiana Sebastiana Carmen Romero Rubio y Castelló -segunda esposa de don Porfirio Díaz-, también se enfrentaron a un escenario de cambios y retos.
 
En ese entonces las religiosas fundaron dos colegios: uno en la Ciudad de México y otro en Guanajuato, el cual después de la Revolución Cristera -y la salida de la congregación y las alumnas a Luisiana-, ya no pudieron volver a abrir.
 
Lucila Madero agregó que por un tiempo las religiosas no tuvieron sede y se vieron forzadas a vivir en la clandestinidad, dando clases en domicilios, ayudadas económicamente por exalumnas y padres de familia.
 
Hacia 1946, dijo, con ayuda de benefactores, construyeron un nuevo colegio, localizado en la calle de Plateros, en la colonia San José Insurgentes -junto con el noviciado-, pero en 1968 lo trasladaron a otra propiedad en Camino Santa Teresa, en el Pedregal, donde hoy en día permanece.
 
Expresó que conforme evolucionó la iglesia, la congregación en México se ha ido moviendo y adaptando.
 
La directora del Colegio Sagrado Corazón, Elisa Rábago, indicó que la misión era formar maestras normalistas, carrera que dejó de instruirse ahí desde 1988. La demanda había cambiado: las alumnas querían ir a universidades y estudiar otras carreras.
 
El colegio ofrece primaria, secundaria y preparatoria, mediante el método pedagógico constructivista, así como metodología propia, denominada Clase Sagrado Corazón, certificada por la Universidad Panamericana.
 
Esta clase, señaló, propone abordar los contenidos desde una visión humanista y ética.
 
Desde hace unos años importan educación bilingüe y el Programa Internacional Papalotzin, el cual permite a las alumnas realizar intercambios culturales, de entre 3 y 8 semanas, en un colegio hermano -de la red de 41-, en el extranjero.
 
Tienen en México una matrícula de 1,150 alumnas en los tres niveles escolares, el tope de su capacidad; sólo atienden a mujeres. Cobran en primaria 6,320 pesos al mes y una inscripción de 12,045 pesos.
 
Información proporcionada por El Financiero Diario.