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“El futbol reproduce la vida en escala”

07 febrero 2014 3:40 Última actualización 21 octubre 2013 5:27

 [Eduardo Sacheri, escritor argentino, asegura que el futbol reproduce la vida en concreto y a pequeña escala / Reuters]


 
Silvina Espinosa de los Monteros
 

Inspirados en el cuento Memorias de un wing derecho, de Roberto Fontanarrosa, la dupla conformada por los argentinos Eduardo Sacheri y Juan José Campanella regresa a la pantalla grande con Metegol, película de animación en 3D que, en tan sólo 10 semanas a partir de su estreno, el pasado 18 de julio, ha sido vista por más de dos millones de espectadores en su país natal.
 

Con una inversión de alrededor de 20 millones de dólares -la más cara en la historia del cine argentino-, el filme arribará a las salas cinematográficas de nuestro país el próximo 15 de noviembre.
 

La cinta narra la historia de Amadeo, un chico de pueblo con pocas habilidades, a excepción de su gran pericia en el metegol, mejor conocido en México como futbolito. Exequiel, el Grosso, su gran rival, es un exitoso jugador profesional que vuelve a su lugar de nacimiento dispuesto a vengarse de la única derrota que sufrió en la vida.
 

En entrevista para EL FINANCIERO durante su visita a la Ciudad de México para promocionar su trabajo, Eduardo Sacheri (Buenos Aires, 1967) abunda en la trama de la película, en la cual participa como coguionista.
 
-El motivo de la venganza del Grosso -explica el también autor de la antología de cuentos de futbol La vida que pensamos (Alfaguara, 2013)- es que la única vez que ha perdido fue, justamente, en un partido de futbolito contra Amadeo. Por eso Grosso regresa a destruir el pueblo, ya que quiere edificar un megaestadio de futbol; algo que sucede mientras Amadeo se da cuenta de que los jugadores del metegol están vivos, así que la cinta también trata de cómo éstos salen de los estrechos límites del tablero donde han vivido seguros y confortables durante años y descubren el mundo que hay afuera.
 

¿Cómo surge la idea de adaptar cinematográficamente el cuento de Roberto Fontanarrosa?
 

La idea fue de Gastón Gorali (coguionista y coproductor), que convocó a Campanella (director) a propósito del cuento de Fontanarrosa que, por cierto, es muy breve; sólo es un disparador. Y como a ellos ni les gusta y ni saben de futbol, Juan José me propuso el proyecto y me dio total libertad, lo que fue festín para mí.
 

Después del resultado que habían logrado Campanella y usted con El secreto de sus ojos (Óscar a la Mejor Película Extranjera, 2010), ¿a qué atribuye la enorme aceptación que ha logrado Metegol?
 

Creo que, en buena medida, porque no nos lo propusimos. Después de El secreto…, cualquier cosa que hiciéramos, Metegol o lo que fuera, era difícil de superar. Nunca partimos de la premisa de que tenía que irnos parecido, simplemente quisimos contar una historia y eso hicimos.
 

Tiene su encanto el hecho de hacer interactuar a personajes de “ficción” como los del futbolito con los personajes “reales” de la historia. ¿De qué modo planeó el tratamiento que iba a darles?
 

Los personajes del metegol los pensamos como personas de plomo de 10 centímetros de altura. Lo interesante es que su principal limitación no era tanto su tamaño, sino que eran únicamente jugadores de futbol que, de entrada, es una experiencia rica, pero incompleta. A diferencia de uno, que primero es persona y luego jugador, ellos deben transitar el camino inverso y aprender a ser personas, esto además de lo que conlleva distinguir entre rivales y enemigos. En suma, yo diría que lo que hay en estos personajes es un aprendizaje de humanidad.
 

¿Qué representa el futbol para usted?
 

Es una de las cosas que más me gustan en la vida, uno de mis grandes placeres. Digo, ¿qué es mi vida? Mi familia, mis amigos, mi club y mi futbol de los sábados y los miércoles. Si yo puedo escribir sobre futbol es porque me gusta y lo he vivido desde muy chico.
 

Se ha dicho que se puede cambiar de esposa, de convicciones políticas y religiosas, pero nunca de equipo…
 

Es cierto, para bien y para mal, eso nunca se puede cambiar. El futbol es un amor ingenuo, irracional (como buen amor) e inquebrantable, tal vez por su no reciprocidad, porque uno ama su club, pero el club no lo ama a uno. Sus grandes gestos de amor son sus escasísimas victorias.
 

¿El futbol es “el juego del hombre” como lo llamaba el cronista mexicano Ángel Fernández?
 

Sí, en lo que tiene de colectivo, de primario y democrático; es un juego muy especial. Aunque no querría caer en decir que es “el juego”, porque quizás en otros lugares del mundo hay divertimentos que cumplen la misma función. A lo mejor si estuviéramos en Canadá hablaríamos del hockey sobre hielo y tendríamos razón, pero en países como los nuestros, el futbol es el juego que tomamos en la niñez, el que nos acompaña siempre y el que mejor nos interpreta.
 

¿A qué atribuye que el ser humano encauce su torrente de pasiones en un juego como el balompié?
 

Porque la vida es algo muy complejo y difícil de asir. El futbol reproduce la vida en concreto y a pequeña escala. Durante 90 minutos se vuelve manejable hasta que el juego termina, para volver a nuestra confusión existencial. La ventaja de esto es que después podemos volver a jugar, aunque el verdadero problema surge cuando ya no lo hacemos más.