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El barrio londinense donde los magnates compran jets usados

07 febrero 2014 3:43 Última actualización 12 octubre 2013 5:0

[Una de las aeronaves ofrecidas por The Jet Business. ]


 
Bloomberg

En lo que a riqueza de refiere, pocas ciudades están en condiciones de sobrepasar a Londres. Los negocios en Westminster ofrecen superyates, mientras que los plutócratas construyen piscinas olímpicas en el sótano de sus residencias en Belgravia.

Ahora, gracias a Steve Varsano, un señor de Hoboken, Nueva Jersey, quien hizo dinero con la inversión en empresas sin cotización, hasta pueden comprarse un jet.
 
En vez de acomodarse acuclillados dentro de un lóbrego complejo de oficinas aeroportuarias, como lo hace la mayoría de los intermediarios, Varsano levantó The Jet Business en el Hyde Park Corner, según aparecerá en la revista Bloomberg Pursuits de otoño de 2013.

Aquí abrió el primer salón de ventas minoristas de jets usados, que van desde los 10 millones de dólares hasta los 100 millones. Dado que los jets nuevos pueden demorar más de un año, los megapudientes suelen preferir usados que pueden tener antes.

La sede parece el de un parque de diversiones para multimillonarios. Tiene un simulador de 15 m de la cabina ejecutiva de un Airbus ACJ319, con sillones de un cuerpo, cocina y un firmamento artificial en el que flotan nubes.

Los escritorios se agrupan formando la nariz de un avión. En todo momento, el personal de Varsano puede rastrear desde allí a todos los aviones privados usados que hay en el mercado. Y cuando hay aviones disponibles, los muestra en una pared recubierta de pantallas, a fin de que los clientes puedan sumergirse en las posibilidades y en los interiores lujosos de sus propios castillos voladores.

Con solo tocar un interruptor, oscurece las ventanas, para que no se pueda ver a la clientela de jeques árabes, magnates chinos y multimillonarios rusos desde la calle.

Rockear at 50 mil pies

“Muchos de ellos son bastante tímidos”, dijo Varsano, de 57 años, con una sonrisa a lo Tony Bennett.

También son bastante insistentes. Muchos exigen duchas, caminadoras y pantallas desplegables para películas, mientras que otros piden luces intermitentes y sistemas de sonido vanguardistas, de modo que puedan rockear a 50 mil pies de altitud.

Uno de los clientes de Medio Oriente hizo que le desarrollaran un sistema que orientara permanentemente las butacas de los pasajeros hacia la Meca.

Estas comodidades no son baratas: pese a que los 30 millones de dólares del precio de lista para un avión Dassault Falcon 7X de seis años de antigüedad y capacidad para 14 pasajeros vale un 40 por ciento menos que uno nuevo, todavía cuesta unos cuantos billetes hacerle los interiores.