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Cualac, donde la cruzada pasó de largo

12 febrero 2014 4:21 Última actualización 19 mayo 2013 10:44

[Fotos: Julio César Salas] Aun con la alta marginación, este municipio no fue incluido en el programa estrella del gobierno federal. 


 
Julio César Salas / Enviado
 
Cualac, Guerrero.- De acuerdo con el Coneval, en este municipio ubicado en la región de La Montaña guerrerense, 84.5 por ciento de los seis mil 900 habitantes viven en condiciones de pobreza (es decir, cinco mil 824), y de éstos 50.7 por ciento se encuentra en situación de pobreza extrema (tres mil 497). Además, 92.4 por ciento no tienen acceso a la seguridad social y 46.5 por ciento tienen dificultades para acceder a la alimentación.

Según el nivel de ingresos, 13.7 por ciento de la población ocupada no recibe ingresos; 25.6 por ciento percibe menos de un salario mínimo; 32.5 por ciento obtiene de uno a dos salarios mínimos y sólo 11.4 por ciento recibe tres o más salarios mínimos.

Por ello, ni las autoridades ni los pobladores entienden por qué este municipio guerrerense no fue incluido en la Cruzada Nacional contra el Hambre.

Leopoldo Sánchez Morales, presidente municipal de Cualac, dice a EL FINANCIERO que ya solicitaron su incorporación al programa, hasta ahora sin suerte.

"Hace alrededor de un mes hicimos un escrito dirigido al gobierno del Estado, también mandamos una petición al presidente de la República, en atención a la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles Berlanga, a través del senador Alejandro Encinas Rodríguez, con quien tuvimos una reunión en Acapulco, pero hasta ahora nadie nos ha explicado por qué quedamos fuera. Realmente no lo entendemos, pues el municipio necesita los beneficios de este programa. Tenemos zonas con muy alta marginación y una población indígena que llega a 50 por ciento, aproximadamente."
 

 

Complicada situación

-¿Considera que la exclusión del municipio tiene trasfondo político, pues ésta es la segunda administración perredista en la historia de Cualac?

-No puedo asegurar que sea así, pero no alcanzo a entender por qué nos dejaron fuera. Olinalá, Tlapa y Ahuacuotzingo ¾municipios vecinos- sí entraron en el programa y nosotros no, eso es un hecho.

Una revisión que este diario hizo a las cifras de medición municipal de pobreza del Coneval revela que en Tlapa y Olinalá, por ejemplo, los indicadores de pobreza y marginación son menores que en Cualac: 76.6 y 81 por ciento de la población en pobreza, 45 y 46 por ciento en pobreza extrema y 44 y 52 por ciento con problemas para acceder a la alimentación.

-¿Cómo ha sido su administración durante estos seis meses de gestión?

-Sin duda, difícil. Soy el segundo perredista que está al frente del gobierno, aquí la dirigencia siempre ha sido priista; yo gané por siete votos la elección, y eso fue en una segunda ronda porque ya habían declarado ganador a mi contrincante del PRI. Sin embargo, me puse a revisar el código electoral y solicité una nueva revisión de los votos debido al margen tan estrecho; y ahí fue que le dimos la vuelta.

"Cuando asumí el cargo, me di cuenta que en la cabecera no había organización y les hice un planteamiento para mejorar las condiciones de seguridad, administración y beneficios sociales, por lo que propuse la elección de un delegado por cada barrio para atender las necesidades de cada zona. En breve tendremos una reunión con las personas elegidas."

-¿Cuál es la expectativa de crecimiento económico y de bienestar social para la gente que representa?

-La situación es complicada, hacen falta muchos recursos para apoyar a las comunidades. El municipio recibe nueve millones de pesos anuales del Ramo 33. Con ese dinero no alcanza para mucho. Además, se necesitan proyectos productivos que incentiven la generación de recursos y elevar con esto el nivel de vida de nuestros ciudadanos.
 
 

 

Futuro incierto

El municipio de Cualac está conformado por 18 comunidades a las cuales se accede en su mayor parte a través de caminos de terracería. 53.7 por ciento de su población la representan jóvenes menores de 20 años. Las actividades productivas se concentran en la agricultura y, en menor medida, en el comercio.

Durante un recorrido por este lugar EL FINANCIERO pudo confirmar la situación de rezago social y alta marginación que vive la población de este municipio enclavado en esta región de montaña alta, donde está prohibido padecer alguna enfermedad después de las tres de la tarde, pues a esa hora el médico o auxiliar de salud termina su horario de labores, lo que obliga a los enfermos a acudir a los municipios vecinos.

En Tepotzcocingo -una de las comunidades de Cualac que se encuentra situada entre montañas y caminos agrestes- algunos de los pobladores se reúnen en la cancha de basquetbol, único lugar de esparcimiento para los jóvenes en todo el poblado.

Ahí, donde las viviendas son de adobe y los techos de lámina, la gente sobrevive el día a día entre numerosas carencias y sin saber hasta cuándo y cómo cambiará su destino.
 
 

 
 

José Hernández, por ejemplo, tiene 22 años y es padre de dos menores. Vive en casa de sus padres porque no tiene otro lugar para su familia. En su hogar no hay piso de cemento, la cocina es de carrizos, no poseen luz eléctrica, ni agua potable.

Afuera de su humilde vivienda, José cuenta que en la comunidad el trabajo es escaso. Narra a este reportero que eventualmente cuando alguien necesita peones para construir cisternas de almacenamiento él se alquila por 80 pesos diarios.

-¿Cómo es la vida aquí en la montaña?

-Es muy dura, regularmente no tenemos trabajo y cuando hay es sólo por unos días.

-¿Qué comen, es decir que alimentos incluyen en su dieta?

-Uy, pues lo que se puede, tortillas con salsa, frijoles y café y así la llevamos. Los niños también toman café porque no hay leche para darles.

-¿Tienen servicio de agua potable en casa?

-No tenemos. La vamos a recoger en un nacimiento (de agua) y acumulamos la que llueve en la cisterna para ocuparla cuando está seco.

-¿Si tuvieras la oportunidad de cambiar algo, qué sería, y qué le dirías a las autoridades?

-Yo traería trabajo para que la gente tenga dinero y pueda comprar comida; además, haría carreteras para llegar rápido; pondría más escuelas, un hospital porque luego los niños se enferman y no hay a dónde llevarlos. Al presidente Peña le diría que viniera a visitarnos para que viera cómo vivimos... Oye, ¿y eso de la cruzada contra el hambre va a venir para acá?

Información proporcionada por El Financiero Diario.