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Cristina ya no es protagonista; compartirá el escenario

07 febrero 2014 3:47 Última actualización 29 octubre 2013 5:16

[La mandataria argentina ha estado de baja por enfermedad tras una operación el 8 de octubre. / Reuters] 





Financial Times
 
 

Un nuevo mundo aguarda a la presidenta y a su país. Cristina Fernández comienza esta semana de manera muy diferente a cualquiera en el pasado. A lo largo de la última década –ya sea como primera dama o, desde 2007, como presidenta– ella ha sido la protagonista única o estrella en el escenario político de Argentina. Ahora, después de la paliza que su partido, el Frente para la Victoria (FpV), recibió en las elecciones legislativas de este fin de semana, tendrá que compartir el escenario con otros políticos también. No todos ellos son rivales, pero todos tienen un futuro más brillante que el suyo.
 

Por una parte, Fernández no puede ser presidenta otra vez. La mayoría parlamentaria de dos tercios que necesitaría para cambiar la constitución y poder postularse para un tercer mandato está definitivamente fuera de su alcance. Mientras tanto, su partido sigue siendo la mayor fuerza política del país, ganando el 33 por ciento de los votos a nivel nacional. Pero experimentó grandes pérdidas en la provincia de Buenos Aires, que representa casi el 40 por ciento de la población y la economía de Argentina. Ahí, Sergio Massa, ex jefe de gabinete, encabezó la votación del domingo con una ventaja de 12 puntos sobre el candidato de Fernández. Su victoria disparó el pistoletazo de salida en la carrera presidencial de 2015.
 

Los especuladores ya están apostando a que es sólo una cuestión de tiempo hasta que se vea una administración más amiga del sector empresarial, por lo que las acciones y los bonos argentinos se han disparado. Sin embargo, ese sentimiento puede ser prematuro. Todavía hay dos largos años hasta 2015. Mientras tanto, el partido de Fernández mantiene una estrecha mayoría en el Congreso, y sus índices de aprobación se mantienen alrededor del 40 por ciento. Es más débil y se enfrenta a una mayor oposición que antes, pero todavía se mantiene en control.
 

Lo que Fernández, de 60 años, hará con el control que posee sigue siendo un misterio. Ha estado de baja por enfermedad durante un mes después de una operación de emergencia el 8 de octubre. Tampoco ha dejado a sus ministros ninguna instrucción clara para hacer frente a los crecientes problemas económicos de Argentina, desde la alta inflación hasta el colapso de sus reservas de divisas. Ella tiene, pues, dos opciones al reincorporarse a sus actividades: corregir estos desequilibrios económicos o arreglárselas lo mejor que pueda durante los próximos dos años.
 

La primera opción significaría revertir las medidas populistas de su "proyecto" y admitir una derrota. Pero al no hacer nada la economía continuaría deteriorándose y reduciría las posibilidades de su partido y su sucesor en 2015. Por lo tanto, si Fernández realmente quiere ver la continuación de su " proyecto", tendrá que tomar un nuevo rumbo. Justificar el cambio puede ser complicado. Pero ella podría decir que "no fue una decisión caprichosa", una de sus frases más utilizadas, y esta vez también sería verdad y la acción de una verdadera estadista.