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Cáncer de mama: luz y sombra

07 febrero 2014 3:41 Última actualización 17 octubre 2013 5:2

[Una sobreviviente y la hermana de una víctima mortal hablan para EL FINANCIERO / Cuartoscuro]


 
 
Rosalía Servín Magaña
 

A Martha y Teresa la vida les jugó una mala pasada, ambas fueron diagnosticadas con cáncer de mama, una enfermedad que les fue descubierta gracias a su “necedad”, más que por la oportuna atención médica. A una de ellas esta negligencia le costó la vida, mientras que la otra ha logrado superar este mal que sin embargo, la ha dejado marcada física y mentalmente.
 

“Señora, tiene usted cáncer y le vamos a extirpar la mama”, esa fue la noticia que Martha Díaz, de entonces 47 años, recibió el 30 de abril del 2010, cuando después de cuatro años de haberse encontrado una bolita y su ginecólogo le reiterará que todo estaba bien, ahora le venía a cambiar totalmente su vida.
 

“Fue como una gran bofetada en el rostro”, recuerda Martha quien no cesaba de preguntarle al doctor sobre sí se trataba de una mala broma, pues además de no tener antecedentes familiares de la enfermedad, por años su ginecólogo de cabecera se empeñó en decir que todo estaba bien y que aquella bolita que en 2006 se  había descubierto en su seno izquierdo, “no representaba ningún problema”.
 

“Todo está bien”, esa es la frase que ella recuerda muy bien de parte del ginecólogo Armando Cedillo, un médico que aún atiende en el Sanatorio Durango, y quien pese a sus punzadas y el crecimiento de su nódulo, no consideraba necesario hacer una mayor revisión.
 

Fue hasta 2010 que, debido a que su bolita seguía creciendo y le llegó a causar punzadas que le llegaron incluso hasta la ingle –“como si algo estuviera vivo”--, aunado a una roncha que le apareció y fiebres inexplicables, que insistió en que ella no quería bolitas en su cuerpo.
 

Entonces la mandaron a un oncólogo, quien finalmente le dio la noticia...
 

“El 13 de mayo me operaron, me quitaron toda la mama (los ocho ganglios, ante el temor de que se hubiera propagado), pues resultó que el tipo de cáncer era de los más agresivos, pero por fortuna y no obstante los años que pasaron, me encontraba en etapa I”, recuerda.
 

Todo lo que restó de 2010 y hasta junio de 2011 estuvo en tratamiento, que como primer efecto, la llevó a perder su cabello.
 

“Fueron 17 quimioterapias, cinco o seis de ellas muy fuertes, tanto que debía ponerme unas vacunas para reponerme, que me costaban tres mil pesos cada una”, señala Martha, quien por fortuna contaba con un seguro de gastos médicos mayores que, salvo los medicamentos extras y la vacuna, solventó el tratamiento que al final ascendió a un millón de pesos.
 

Ella tuvo esta “fortuna”, pero sabe que la mayoría de la gente no cuenta con la misma suerte y debe tratarse en servicios públicos que, desde su punto de vista, son los que en muchas ocasiones, al alargar la atención o no dar la revisión o el tratamiento adecuado, son los causantes de las complicaciones y la muerte de muchas mujeres.
 

Martha ganó la batalla y ahora se encuentra en el proceso de reconstrucción, le pusieron un implante y en unos días le colocarán su aureola y pezón, lo que junto a sus revisiones periódicas, la mantienen tranquila.

Una larga agonía
En México entre 70 y 80 por ciento de casos de cáncer de mama se diagnostican en etapas avanzadas, es decir cuando la enfermedad ya se diseminó en toda la glándula e incluso hacia otros órganos como el pulmón, lo que incrementa el riesgo de muerte.
 

Este fue el caso de Teresa Torres, una mujer que no sólo formó parte de los 14 mil casos nuevos que se diagnostican anualmente, sino de las cinco mil mujeres que mueren producto de esta enfermedad.
 

Ella acudió al médico también en 2006 por una bolita que tenía en el seno, pero los estudios no arrojaban ningún resultado de qué preocuparse. “No tiene nada” era la respuesta que recibía una y otra vez, no sólo de su ginecólogo de cabecera, sino de los especialistas de la Fundación del Cáncer de Mama (Fucam).
 

“Le reiteraban que en los estudios no salía nada, pero meses después le salió una bola en el pezón y regresó a decirles por qué si no tengo nada me salió esto, por qué me duele”, fue así que la pasaron con especialistas, recuerda Bertha, su hermana, quien la acompañó en todo el proceso de tres años que duró la agonía de Teresa.
 

Su caso fue peculiar, pues incluso la extracción de líquido para la biopsia salía negativa, pero la bolita seguía creciendo, de modo que seis meses después de haberse descubierto el nódulo, ella pidió la atendiera un especialista, a quien se le hizo raro que todo saliera negativo.
 

Fue entonces que le realizaron una biopsia profunda, es decir le cortaron tejido. Eso fue lo que finalmente plasmó la verdad: cáncer en fase III y de los más agresivos.
 

Así vinieron tres quimioterapias, la extracción del seno, otras tres quimios y 20 radiaciones, lo que aparentemente estaba remediando las cosas.
 

Pero un año después le empezaron a salir granos, por lo que ella quería revisarse nuevamente e incluso pidió le quitaran el otro seno, a lo que los médicos se negaban argumentando que no había una razón clínica para hacerlo.
 

La insistencia de Teresa llevó a que el médico tratante aceptara realizarle la operación, pero no en el Fucam, sino en la ciudad de Puebla, donde el especialista se dio cuenta que su cáncer estaba progresando...
 

Su hermana recuerda que cuando salió de la operación el doctor le dijo: “nunca imaginé que Tere estuviera así, está invadida a pesar de que no salía nada en los estudios. Será un año máximo lo que dure tu hermana”. Después agregó que tenían que quitarle el músculo del pectoral, pues estaba muy mal.
 

Entonces Tere acudió con el director del Fucam, Fernando Guisa, a quien le dijo: “mire doctor sólo quiero que quede el testimonio de mi caso, sé que me voy a morir, pero por favor hágale caso a las mujeres, el cáncer sí duele y no se vale que digan que la muerte es silenciosa, hagan estudios a profundidad, pues según ustedes yo no tenía nada y ahora estoy invadida”.
 

De acuerdo con Bertha, Guisa estaba sorprendido y se comprometió a operarla del músculo en el mismo Fucam, donde al abrirla se percataron que la metástasis era evidente, sus pulmones estaban ya afectados, por lo que requería de más quimioterapias para evitar que le llegará al cerebro.
 

Su caso fue sometido a junta de consejo, pues fue muy raro que en ningún estudio saliera el cáncer.
 

Ya cansada de tantas terapias, las dos hermanas acudieron a todo cuanto les decían, y así llegaron hasta cursos de energía, lo que, desde su punto de vista, le hicieron sentir mejor.
 

Vivió así un año “con mucha calidad de vida”, según refiere Bertha, quien recuerda que a pesar de que se sometió a otras siete quimioterapias, el cabello extrañamente no se le cayó.
 

De hecho su condición era tan estable que esto la llevó a ser invitada a varios programas en radio y televisión, además de las pláticas motivacionales que impartía.
 

Fue hasta enero de 2009 cuando empezó a tener problemas con el pulmón, cuya tercera parte estaba lleno de líquido. Pero esto no la detuvo para que en abril fuera a Tequesquitengo y volara en planeador, algo que, sin embargo, complicó sus problemas respiratorios, al grado que tuvieron que conectarla a un tanque.
 

“Todavía cuatro días antes de morir, parecía no tener nada, incluso decía sentirse bien, salvo que no podía respirar, fue el proceso más difícil”, señala Bertha.
 

Teresa murió finalmente el 22 de julio de 2009, a los 51 años de edad, no sin antes luchar como una guerrera y ayudar a otras mujeres que se encontraban en la misma situación, lo único que pidió a los médicos antes de morir, fue tomar su caso como una experiencia, y hacer caso a las mujeres que les dicen “me duele” y no quedarse sólo con lo que clínicamente creen que está bien, pues eso les puede costar la vida.
 

Pero este no ha sido el único caso de la familia Torres, otra hermana, Angelina, murió por a los 42 años por la misma causa, sin contar a Consuelo, a quién un cáncer de ovario también le costó la vida. Esto es algo que a Bertha y su familia (incluidos los dos hijos e hija de Tere), les ha llevado a tomar más en serio el tema de la prevención y la atención oportuna.