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Bordar por la paz: hilo, aguja y tela en busca de justicia

12 febrero 2014 4:18 Última actualización 03 mayo 2013 12:25

 [Fotos de Edgar López]  Numerosas personas salen a las plazas públicas e inscriben en un pañuelo las historias surgidas de la violencia. 


 
Miriam de Regil
 
"Tenía 27 años cuando mi marido Jaime Eduardo González me golpeó hasta matarme. Ese día le había pedido el divorcio. Eduardo y su amigo José Beltrán tiraron mi cuerpo en un baldío. Mi marido le dijo a la policía y a mi familia que había sido secuestrada. Me llamo Lya Macías Medina."
 
Esta es sólo una de las tantas historias de asesinatos, feminicidios y desaparecidos que existen en México, y que el movimiento Bordados por la Paz ha plasmado desde hace año y medio en pañuelos blancos que hoy se exponen en diversas plazas del país.
 
Así, una vez a la semana los y las bordadoras toman diversas plazas e inscriben en los pañuelos las historias, que luego cuelgan en tendederos para que la gente las lea y las conozca.
 
El movimiento nació en 2011 en la ciudad de México a propuesta del colectivo Fuentes Rojas que tuvo sus primeras acciones con el surgimiento del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, encabezado por el poeta Javier Sicilia, en marzo de 2011.
 
Desde entonces, el proyecto ha crecido y hoy se tienen varios grupos de bordado en distintas ciudades del país, e incluso en el extranjero, donde con las historias en los pañuelos no sólo recuerdan a los muertos o desaparecidos, sino visibilizan el nombre de las víctimas.
 
Hoy, Bordados por la Paz se encuentra conformado por más de 10 colectivos, los cuales se reúnen una vez por semana en plazas y parques de Guadalajara, Puebla, Oaxaca, Distrito Federal, Chihuahua y Coahuila, entre otros lugares, para bordar y denunciar nuevos casos que son compilados por organizaciones de la sociedad civil, y registrados en el censo de muertos y desaparecidos que el mismo movimiento se está levantando.
 
Los pañuelos tienen también historias que la gente se acerca a platicar cuando los bordadores se encuentran trabajando, pero que por miedo a denunciar no los han hecho públicos.
 
"Todo en silencio y sin estruendo", es como Alfredo López Casanova caracteriza la labor de los bordadores. López pertenece al colectivo Bordados por la Paz de Parque Loreto en la ciudad de México, grupo que desde hace tres meses decidió sumarse al movimiento y que ha comenzado a bordar los casos que ocurren en el Distrito Federal.
 

 
Drama de otras familias
 
"Estoy desaparecida desde el 8 de agosto de 2011. No llegué a la prepa, tenía en ese entonces 16 años. Me llamo Lesia María."
 
Ésta y otras realidades se exhiben cada sábado por la mañana en el Parque Loreto, donde hay bordadoras cuyas familias no han padecido el "infierno" de la violencia, pero que, sin embargo, se han sumado a la causa y hoy bordan el drama de otras familias.
 
"Yo vivo muy cerca de aquí y cada fin de semana vengo a caminar al parque. Me llamaron la atención los tendederos con los pañuelos, y cuando me acerque y leí estas historias me impacté. No lo pensé mucho para unirme, pues me gusta bordar y hacerlo con este proyecto me hace sentir muy bien, ya que siento que estoy ayudando a la víctima a denunciar lo ocurrido" explicó Karen, una mujer de 60 años que apenas el sábado pasado se sentó a bordar en Loreto.
 
En el Distrito Federal, los miembros del Colectivo Fuentes Rojas comenzaron a bordar en el centro de Coyoacán y a un lado de la Torre Latinoamericana; hoy su idea comenzó a echar raíces incluso en otros países como Canadá, Bélgica, España, Japón y un gran número de naciones de Centro y Sudamérica.
 
Tan solo en Guadalajara, Jalisco, todos los domingos, en el Parque Rojo se reúne uno de los grupos más grandes y activos de Bordamos por la Paz. Actualmente, son más de diez entidades donde el movimiento está vivo.
 
Los pañuelos se bordan en color rojo por los que fueron asesinados y en verde por quienes desaparecieron; el morado es para los feminicidios. Se pueden bordar también nombres, flores, corazones. En cada pañuelo se borda el nombre y descripción de cada uno de los muertos.
 
A Yvelin no le han matado ni desaparecido a nadie cercano. Pero ella siente que el dolor de otros también es el suyo. "Nosotros bordamos para llevar consuelo a las familias afectadas y para esa sociedad que tiene miedo de salir a la calle. Miedo a reconocer que todos somos vulnerables, que a todos nos puede pasar."
 
Alfredo López Casanova y Yvelin encabezan el colectivo de Parque Loreto en el Distrito Federal.
 

 
Invitación
 
"Monterrey, septiembre 2012. Soy Teófila Hernández, de 39 años. Mi esposo me apuñaló porque él no quería que yo trabajara y discutimos por eso."
 
Muchas veces los que se reúnen a bordar no se conocen, pero por medio del bordado y el movimiento lo han hecho e invitan siempre a alguien nuevo a sumarse.
 
"No es necesario saber bordar, podemos enseñarles y al mismo tiempo informarles lo que es la violencia o el feminicidio, también charlamos de otras cosas que suceden en el país, pero sin duda cada vez que uno borda una nueva historia, todo cambia y le estamos dando un nuevo lugar a esa persona que perdió la vida", explica Minerva Valenzuela, del colectivo Bordamos Feminicidios en el Distrito Federal, el cual se sumó al movimiento Bordamos por la Paz a finales del año pasado.
 
"Nos dimos cuenta de que a pesar de que había feminicidios bordados en los pañuelos no se diferenciaban de otros homicidios. Por eso nos juntamos a finales de noviembre y empezamos a plasmar en primera persona este tipo de crímenes."
 
A diferencia de los otros colectivos, éste no se reúne regularmente en lugares públicos, más bien bordan en casas y en el mismo transporte público, dónde han llamado la atención de la gente.
 

 
Reflexión
 
"Nadie sabe mi nombre, me hallaron en el río San Cipriano en Nacajuca, Tabasco. Me violaron y estrangularon. Unos 6 días antes me lastimaron mucho, mucho (2003)."
 
"Cuando bordamos es como si estuviéramos con ellos, como si los estuviéramos acompañando. Es un acompañamiento", explicó López Casanova, quien además asegura que bordar los nombres de los asesinados y desaparecidos es un acto que busca asumir el dolor de los otros en un objeto concreto y provocar la reflexión durante el bordado.
 
Cada pañuelo, aseguró Valenzuela, requiere su tiempo, no es necesario que lo termine una sola persona, o que esté listo en determinado tiempo. "Yo les digo que hay que entregarlo cuando se quiera, pues quien lo está bordando debe darse su tiempo y darlo a quien pertenece la historia, porque a ellos le quitaron la vida o la libertad y nosotros les estamos devolviendo ese espacio físico que les fue arrebatado".
 
Actualmente hay otro colectivo que ya está bordando los casos de los periodistas asesinados. Éste se reúne una vez a la semana en el Club de Periodistas de la Ciudad de México.
 
En Córdoba, Argentina, hay un colectivo que borda los casos de los desaparecidos de la época de la dictadura, agregó López Casanova.
 
"El proyecto continúa creciendo y está abierto a la modificación, cada movimiento tiene la libertad y posibilidad de llevarlo como mejor le parezca, porque a final de cuentas es de todos".
 

 
El caso de Bordamos por la Paz de Parque Loreto comparte el proyecto con una iniciativa de pintura para niños.
 
"Creemos que el fenómeno de la violencia en el país tiene que reconstruirse a partir del tejido social y con quien tenemos que empezar a trabajar es con los niños, por eso decidimos dar pie a este labor de pintura desde una óptica de una cultura para la paz. Se que si alguien va salvar a este país es la sociedad civil, quien obligará al gobierno tarde o temprano a rectificar".
 
En Guatemala y Nicaragua están bordando también los pañuelos dedicados a los 72 migrantes asesinados en Tamaulipas en agosto de 2010.
 
Asimismo, habitantes del Distrito Federal bordaron telas por los 49 niños que murieron en el incendio de la guardería ABC en junio de 2009.
 
También hay grupos bordando en Cuernavaca, Morelos y Toluca. "En Coahuila, una de las entidades con mayor número de asesinados y desaparecidos, ya comenzaron a bordar. No lo hacen en un lugar público, por miedo, pero ya empezaron, y eso es algo bueno", señaló López Cazanova, quien subrayó que el proyecto también busca recuperar los espacios públicos. "Hay que vencer el miedo a salir a la calle, como lo están haciendo las bordadoras de Monterrey", concluyó.
 
Información proporcionada por El Financiero Diario.