Archivo

Ballena gris, un largo idilio con nuestro país

12 febrero 2014 5:19 Última actualización 04 marzo 2013 10:14

[Cuartoscuro] Cada año recorre 12,000 kilómetros en busca de aguas cálidas para aparearse y parir. 


 
José Sobrevilla / Enviado
 
Laguna de San Ignacio, Baja California Sur.- Son las 13 horas, cuando de pronto, de las profundas aguas del Pacífico mexicano aparecen grupos de 3, 4 y hasta 5 ballenas grises.
 
El espectáculo por fin ha comenzado y los 27 reporteros, camarógrafos y fotógrafos que forman parte de la expedición organizada por World Wildlife Fund (WWF) y Telcel se ponen manos a la obra a la caza de una ansiada imagen de los grises y brillantes lomos de estos mamíferos, o de sus colas, las cuales salen a la superficie cuando estos enormes cetáceos realizan una característica maniobra con la finalidad de lograr una inmersión más profunda.
 
De octubre a febrero de cada año la ballena gris (eschrichtius robustus) viaja de 8 a 12 mil kilómetros desde el Mar de Beaufort, el Mar de Chukchi y el Mar de Bering, en Alaska, hasta territorio nacional, en busca de aguas cálidas para aparearse y parir sus ballenatos. Han escogido para ello la Laguna Ojo de Liebre, la de San Ignacio y Bahía Magdalena, en la Península de Baja California
 
Especie única en el planeta, la ballena gris gusta de interactuar con humanos, al grado de que entre curiosas y amistosas se acercan a las embarcaciones, sin medir peligro alguno.
 
Esa característica fue uno de los factores que la puso en peligro de extinción por caza comercial indiscriminada, a finales del siglo XIX y principios del XX, hasta que el gobierno mexicano protegió sus áreas de reproducción y logró alcanzar estándares normales de subsistencia.
 
"Ahora, la ballena gris se ha convertido en pilar de la economía local, próspera y sustentable, donde sitios como San Ignacio son ejemplo a nivel mundial por la buena organización de las comunidades locales para aprovechar el potencial turístico que de diciembre a abril trae consigo el espectáculo de apareamiento del cetáceo", afirma Omar Vidal, director general de WWF.
 
Una vida dedicada a las ballenas
 
Dicen algunos colegas que el doctor Jorge Urbán Ramírez "vio nacer y crecer a las ballenas, pero no a sus hijos".
 
Con una amplia sonrisa, este profesor-investigador de la Universidad de Baja California Sur y coordinador de investigación de mamíferos marinos, indica a EL FINANCIERO que él comenzó en la Facultad de Ciencias de la UNAM el estudio de los animales vertebrados, en particular de los mamíferos; sin embargo, dijo que su especialización en la ballena gris se la debe "a un investigador chileno que me invitó a apoyarlo en algunos trabajos y después me quedé como su asistente".
 
-¿Qué es lo que le ha llamado la atención de la ballena gris?
-Su interacción con las acciones humanas. No hay ninguna otra ballena que la tenga. Su cercanía a la costa, donde se alimenta y reproduce; también que ninguna otra ballena ha sido tan diezmada por la caza comercial y luego recuperada.
 
Recuperación que ha sido impresionante al grado de que es la única ballena que ha sido retirada del Libro Rojo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (donde se incluyen las especies amenazadas y en peligro de extinción).
 
Y aunque su protección se inició desde los años treinta del siglo pasado, en las lagunas de Baja California comenzó oficialmente a partir de los años sesenta.
 
Material científico
 
En San Ignacio se encuentra el primer laboratorio en campo para el estudio de la ballena gris, al incorporar nuevas tecnologías como monitoreo, foto-identificación y censos permanentes.
 
Urbán Ramírez, quien, junto con el investigador Steven L. Swartz, conduce el Programa Ecosistema de la Laguna de San Ignacio, señala que la función del equipo de investigación de ese lugar es entender y conocer de qué manera la ballena gris usa la laguna, es decir, por qué es tan importante para esta especie y qué características posee para que el cetáceo recorra miles de kilómetros. "La finalidad de todos estos estudios es que las ballenas sigan viniendo, pero, sobre todo, que la actividad humana las afecte lo menos posible.
 
"Nosotros, como científicos, proveemos de datos duros científicos a quienes toman decisiones. Por ejemplo: en qué zonas se puede hacer turismo, cuántas embarcaciones pueden estar alrededor de las ballenas.
 
"La otra es que muchos aspectos biológicos y ecológicos que no conocemos de la ballena, son estudiados en la laguna de San Ignacio para entender 4 a los otros cetáceos poco accesibles. Entonces, hacemos estudios de genética, contaminación, acústica, comunicación y comportamiento que, guardando las proporciones, podemos extrapolar a las de difícil acceso."
 
-¿Qué hace venir a las ballenas?
-Es un tema no definido, pero todos los mamíferos buscan el lugar más óptimo para parir, cuidar a sus crías y comer. En la mayoría de los casos coinciden los dos lugares; y donde no, es que estamos hablando de movimientos anuales, cíclicos, así que cuando es hora de parir hay que parir, y cuando es hora de comer hay que comer mucho. Por eso a veces son lugares diferentes.
 
-Respecto a las poblaciones ¿cuántas y cuáles son?
-De la población americana hay 22,000 ejemplares, y si esta entrevista hubiera sido hace tres años, hubiera dicho sin problemas que la población asiática era de sólo 130 individuos; pero los dos últimos años ha resultado que varios ejemplares de la población asiática -que consideramos muy disminuida- han llegado a San Ignacio. Ahora estamos en dudas de si verdaderamente son dos poblaciones o es la misma, pero tiene dos zonas de alimentación. No lo sabemos aún.
 
-¿Qué significa para usted este trabajo?
-Digamos que ha sido mi vida, una satisfacción. No podré pensar en hacer algo diferente. La verdad es que yo pagaría por hacer lo que hago y, afortunadamente, me pagan. Uno tiene muchas recompensas, pero también mucho trabajo, que se hace con gusto -subraya Urbán, quien ha dirigido más de 40 tesis de licenciatura, maestría y doctorado de estudiantes nacionales y extranjeros.
 
 
El Freidero, una historia

En El Freidero se encuentra el campamento donde se instaló el laboratorio en el cual científicos estudian todo sobre la ballena gris.
 
El nombre se debe a que antes de 1930, ahí mataban y freían a las ballenas, obteniendo su grasa para comercialización.
 
Don Antonio Aguilar Ozuna, propietario del terreno de El Freidero, de 2 hectáreas, y de otras 450 rumbo al poblado de San Ignacio, comenta a este diario que cuando llegó en 1979 a trabajar con el que ahora es su suegro, había sólo 3 familias.
 
Después de 9 años de pescar almeja catarina "vino una corriente muy caliente, fuerte, y se murió toda. También murieron unas 40 ballenas de la laguna. Seguramente se acabó la comida en Alaska, por el excesivo calentamiento del agua. No sé cuantas se perdieron ese año en toda la zona".
 
Durante los 34 años que ha vivido en San Ignacio, nacieron sus 3 hijos y en 1993 sacó su permiso para llevar turistas a ver ballenas. "Les teníamos miedo. No nos arrimábamos como ahora, con tanta confianza. Poco a poco, cuando fueron entrando más embarcaciones, las empezamos a tocar.
 
"A mi abuelo, que murió de 103 años, le tocó ver eso de la cacería de ballenas. A él le mandaban pedir comida en los barcos: llevaba abulón y sacrificaba hasta tres reses para proporcionar alimento a quienes mataban a las ballenas."
 
-¿Cuántas personas vienen aquí al año?
-Unas 10,000 personas repartidas en todos los campamentos. Somos seis: Puente de Piedra, Campo Ramón, Campo Cortés, Kuyima, El Freidero y Campo Pachico. Actualmente estoy asociado con Baja Expeditions, la empresa de Tim Means; sin embargo, nosotros empezamos a trabajar con la pura familia. Poco a poquito los mismos turistas nos iban recomendando y así fui creciendo hasta llegar a 1,600 turistas al año, sin página de Internet y sin nada.
 
-¿Cómo llega la gente a su campamento?
-Por avión o carro, porque hace muchos años aterrizaban avionetas hasta aquí en la casa. Tuve muchos amigos de Tucson; uno estuvo viniendo como 20 años seguidos. Aquí se casó y me traía hasta cien personas. Si el traslado lo hacen en carro, son como nueve horas de La Paz a San Ignacio y de ahí a El Freidero es una hora y media.