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Año de cambios, coronado con reforma energética

06 febrero 2014 6:52 Última actualización 28 diciembre 2013 5:13

[Enrique Peña Nieto finalizó 2013 con la promulgación de la reforma energética. / Arturo Monroy / Archivo] 


 
AP

La apertura de la industria petrolera mexicana a las inversiones privadas, incluidas las extranjeras, corona un año de espectaculares victorias legislativas para un presidente que busca reestructurar las disfuncionales instituciones del país, pero por grandes que hayan sido esos logros, lo más difícil está por delante.

En sus primeros días en funciones, Enrique Peña Nieto logró un acuerdo político sin precedentes con los principales partidos de oposición: el Pacto por México. Luego impulsó reformas con el fin de introducir mayor eficiencia, transparencia y competitividad en el sector de telecomunicaciones, dominado por una oligarquía, así como en la educación, el sistema tributario, los bancos y, ahora, el sector petrolero estatal.

México tiene una abundancia de leyes progresistas, casi todas frustradas por la corrupción y la ineficiencia de los funcionarios de todos los niveles. Muchos agentes de policía están en la nómina de los narcotraficantes. Los reguladores federales hacen caso omiso de las prácticas monopólicas flagrantes de las compañías más grandes. Por eso, los mexicanos se muestran profundamente escépticos ante la posibilidad de cambios reales.

Durante el segundo de sus seis años en el poder se verá si el presidente de 47 años y su Partido Revolucionario Institucional serán capaces de proteger a las reformas de la multitud de exenciones que habitualmente introducen en las leyes los legisladores aliados con determinados grupos interesados. Además, el presidente y su equipo deberán imponer su voluntad a los funcionarios federales, estatales y municipales, desde los burócratas de la educación hasta los tribunales locales, encargados de ejecutar sus leyes sobre el terreno.

Analistas y el común de los ciudadanos ven con escepticismo la posibilidad de que los éxitos del primer año conduzcan a cambios reales frente a la resistencia de actores tan poderosos como los sindicatos docentes y las grandes empresas.

"En términos de la opinión pública ha habido una suerte de fiesta y de festejo de que se han podido conseguir ciertos acuerdos entre las diferentes fuerzas políticas", dijo el politólogo Enrique Gutiérrez. "Pero bueno, todavía falta que ese discurso... pueda concretarse".

Muchas de las reformas de Peña Nieto están en duda. Inicialmente, envió un mensaje potente al encarcelar y acusar de corrupción a Elba Esther Gordillo, la poderosa dirigente del mayor sindicato de maestros del país. Pero el gobierno todavía está elaborando los detalles de la reforma educativa con los gobernadores estatales, que deberán superar sus viejas relaciones de dependencia recíproca con el sindicato para que los padres vean alguna diferencia en la educación que reciben sus niños.

Y el Congreso, distraído por otras batallas, dejó vencer los plazos para la aprobación de las leyes reglamentarias que introducirían cambios reales en el negocio de las telecomunicaciones, cuya oligarquía dominante brinda a los mexicanos los servicios menos eficientes a los precios más altos entre las grandes economías mundiales.

Parecería que los mexicanos están perdiendo la paciencia: los índices de aprobación de Peña Nieto bajaron del 54 por ciento a poco menos del 50 por ciento desde que inició su sexenio, de acuerdo con una encuesta a mil adultos realizada en noviembre por la firma Mitofsky. La desaprobación se elevó del 34.5 por ciento a casi 49 por ciento.

El discurso oficial prácticamente ha dejado de mencionar las promesas de Peña Nieto de poner fin a siete años de guerra contra el narco a medida que su gobierno encuentra graves dificultades para afectar significativamente a la violencia criminal que deja miles de muertos cada año, además de innumerables víctimas de secuestro y extorsión.

Durante su campaña electoral, Peña Nieto prometió remendar el dañado tejido social con programas destinados a alejar a la juventud de una vida de delincuencia. También prometió ocuparse del asesinato, el secuestro y la extorsión, los crímenes violentos que más afectan al común de los ciudadanos.

Hasta el momento, su estrategia parece una prolongación de la de su predecesor Felipe Calderón, quien envió a miles de soldados a los baluartes del narco con la misión de detener y matar a los capos de los cárteles. Algunos estados mexicanos siguen estando dominados por las mafias, y millones de ciudadanos sienten inseguridad, miedo y no creen que el gobierno sea capaz de protegerlos.

El segundo problema más importante, de acuerdo con las encuestadoras, es la economía, que sufrió una desaceleración durante el primer año de Peña Nieto: las cifras oficiales más recientes redujeron el crecimiento proyectado para 2013 del 3.5 por ciento original al 1.3 por ciento. Muchos economistas consideran que las reformas son necesarias para el crecimiento a largo plazo, pero muchos ciudadanos expresan frustración porque no ha impulsado el crecimiento con medidas relativamente sencillas que requerían un fuerte aumento del gasto fiscal.

En el comienzo de su sexenio, Peña Nieto demostró habilidad política con una reforma fiscal que agradó a la izquierda al aumentar el gasto social y los impuestos a los más ricos.

A ésta siguió la reforma petrolera aprobada el 12 de diciembre, para gran satisfacción del PAN, que permite al gobierno otorgar contratos y licencias de exploración y explotación, las que hasta ahora estaban prohibidas por la Constitución.

Sin embargo, aún después de la aprobación por amplio margen en ambas cámaras del Congreso, los escépticos se preguntan si México tiene la capacidad o la voluntad de regular los contratos en beneficio de todos los mexicanos, no de unos pocos.
 
Su reforma del sistema político, que permitiría la reelección de algunos funcionarios públicos, fue aprobada por el Senado el 13 de diciembre.
 
"Se hace necesario que para la segunda mitad del siguiente año ya existan avances muy concretos", dijo el profesor de derecho y administración pública Oscar de los Reyes, del Instituto Tecnológico de Monterrey.