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culturas

París 13-N y sus diferentes lecturas

Los ataques no fueron dirigidos a la sociedad francesa, sino al resto del mundo. A esa conclusión llegan, aunque con distintos matices, diversos analistas, quienes debaten sobre la tragedia parisina que ha cambiado el rostro de una civilización cada vez más fracturada por la psicosis colectiva.
Eduardo Bautista
18 noviembre 2015 20:19 Última actualización 19 noviembre 2015 5:0
Analistas debaten sobre la tragedia parisina que ha cambiado el rostro de una civilización cada vez más fracturada. (Reuters)

Analistas debaten sobre la tragedia parisina que ha cambiado el rostro de una civilización cada vez más fracturada. (Reuters)

Los atentados en París pueden tener muchas lecturas. Una es que el Estado Islámico pretende destruir todo aquello que huela a libertad y diversidad cultural. Los ataques, de hecho, no fueron dirigidos solamente a la sociedad francesa, sino al resto del mundo que, pese a todo, aún cree en la fraternidad y la democracia.

A esa conclusión llegan, aunque con distintos matices, el historiador David Rieff, el filósofo Óscar de la Borbolla y los escritores Alberto Ruy Sánchez y Sandro Cohen, quienes debaten sobre la tragedia parisina que ha cambiado el rostro de una civilización cada vez más fracturada por la psicosis colectiva.

“El yihadismo busca suprimir las zonas de convivencia y sembrar conflictos. Lo que hizo el Estado Islámico fue atacar a una nación en donde la pluralidad cultural ha sido posible. Los extremistas tratarán de evitar a toda costa cualquier tipo de diálogo entre culturas”, asegura Ruy Sánchez, quien se doctoró en París y es conocedor del islam.

Pero el problema de fondo es que el proyecto de inclusión cultural y política de Europa ha fracasado rotundamente, señala Rieff: millones de migrantes de origen musulmán no han podido ser asimilados por las sociedades europeas.

“La estructura social europea es cada vez más difícil de sostener. La masacre en París demuestra que el proyecto de integración de los migrantes provenientes del mundo islámico es un fracaso casi total”, agrega el académico del Instituto de Estudios Políticos de París.

Y es que, en efecto, muchos musulmanes son discriminados sistemáticamente en el viejo continente. A diferencia de Estados Unidos, donde sí les es posible alcanzar un buen nivel de vida, en Europa son muy pocos los que consiguen un empleo digno o una carrera universitaria, advierte Cohen. “Todas esas personas viven en la desesperación y la vulnerabilidad. Es por ello que a muchos les resulta tan atractiva la visión romántica del Estado Islámico de conquistar el mundo y acabar con el satán de Occidente. El yihadismo les da una razón de ser”.

En ese sentido -observa De la Borbolla- París, blanco principal de los ataques del pasado 13 de noviembre, es la ciudad que representa los ideales más libertarios y encarna los valores que detesta el islamismo más radical: la fraternidad, la igualdad y la libertad.

“París es el corazón de la libertad, la cuna de la democracia y la capital donde todos los artistas quieren estar; el sitio donde Engels y Marx se inspiraron para escribir El 18 Brumario y así moldear los inicios de una sociedad realmente participativa”, destaca el filósofo.

RENCOR Y PREJUICIO
El resentimiento contra Francia –escribe el historiador Robert Fisk en The Independent– es una realidad que aún habita en los corazones de muchas personas. Para muchos argelinos, por ejemplo, representa dolor e injusticia. En 1961, durante la Guerra de Independencia de Argelia, la policía francesa asesinó allí a más de 200 de sus compatriotas, cuyos cuerpos fueron arrojados al Río Sena. Hoy, tres de los terroristas detenidos han sido identificados como ciudadanos franceses de ascendencia argelina.

“Los ataques eran previsibles desde hace mucho tiempo, porque la disputa entre las grandes potencias ha contribuido al crecimiento del fundamentalismo en la mente de miles de personas en distintos países. Estos atentados sólo enfatizan lo que ya venía configurándose en la comunidad europea”, comenta Ruy Sánchez.

El error –dice Cohen– es que muchos han identificado al musulmán como enemigo público, cuando en realidad los yihadistas no tienen nada que ver con el islam más racional: “El musulmán moderno tampoco se entiende con estos extremistas. Debemos entender que no se trata de un conflicto religioso, sino de una actitud ante el mundo. Culturalmente, el ISIS rebasa dogmas y naciones. Es una cuestión, más bien, de preguntarnos con qué causa nos identificamos: ¿con los valores de Occidente, que pueden ser adoptados por cualquier pueblo? ¿O con la mentalidad absolutista del Estado Islámico?”.

Ruy Sánchez advierte que la situación actual no puede ser interpretada como una guerra entre Oriente y Occidente. Hacerlo, dice, sería caer en una ilusión muy norteamericana. “El Estado Islámico es una secta asesina, financiada por los reinos petroleros, que busca aniquilar las zonas de convivencia cultural e impedir cualquier tipo de diálogo entre el islam y otras religiones”.

La percepción occidental de que el mundo está en guerra sólo podrá desaparecer si, en lugar de bombardeos, los gobiernos se dedican a promulgar medidas que estimulen la tolerancia hacia el prójimo, concluye. “La pluralidad cultural de Francia deberá crecer; no disminuir. Ésa será su mejor arma contra el terrorismo”.
La paz está en duda.