AFTEROFFICE
deportes

Xolas de Tijuana, contra el machismo y con ventaja

Tras superar críticas por practicar un deporte de hombres, las jugadoras de las Xolas de Tijuana llevan ventaja a sus rivales de cara a la Liga Femenil Mexicana, incluso con fogueo en Estados Unidos.
Eduardo Bautista
28 febrero 2017 22:8 Última actualización 01 marzo 2017 5:0
Ante la falta de una liga nacional, las Xolas jugaron una temporada en la Women’s Premier Soccer League de Estados Unidos. (Alejandro Gómez)

Ante la falta de una liga nacional, las Xolas jugaron una temporada en la Women’s Premier Soccer League de Estados Unidos. (Alejandro Gómez)

Las Xolas de Tijuana son el primer equipo profesional de futbol femenil en México y el resultado de una lucha de más de 45 años.

“Cuando yo jugaba no había campos ni uniformes. No íbamos a torneos porque no teníamos recursos. Hoy quiero que mi equipo no sufra esas carencias”, dice en entrevista para El Financiero Marbella Ibarra, directora deportiva y fundadora de las Xolas.

Aunque la Liga MX Femenil comenzará en septiembre, aún existen muchos estereotipos en torno a las mujeres que aman la pelota. Ibarra cuenta que ha tenido varias reuniones con los padres de familia para explicarles que sus hijas no son “machorras” sólo por practicar “un deporte exclusivo de niños”.

Las Xolas son una rama del club Tijuana que aglutina a 160 jugadoras de entre 9 y 28 años. La mayoría, dice Ibarra, son de clase media o baja. “Muchas chicas han encontrado en el futbol una oportunidad para salir adelante. Les ofrecemos incentivos para estudiar, desde primaria hasta universidad. Dentro de muy poco vendrá Héctor Bache para repartir becas universitarias en Estados Unidos”.

Marbella ha tenido que recurrir a la creatividad para apoyar a sus jugadoras. Arma equipos competitivos para universidades y preparatorias que están interesadas en ganar torneos como el Conadeip y las instituciones le pagan con becas para las chicas.

Karla Pérez, capitana del equipo, es el ejemplo del éxito de este proyecto. Hija de un pintor de automóviles y una empleada de fábrica, esta joven de 28 años es licenciada en Ingeniería Industrial por la Universidad Autónoma de Baja California. “He sufrido el machismo en carne propia. Cuando eres mujer y juegas futbol debes saber que vas a encontrarte con entrenadores que te van a gritar, a humillar y a decir groserías”.

La actual técnica de las Xolas es Andrea Rodebaugh, una de las mayores promotoras del futbol femenil en el país. Jugó la Copa del Mundo de 1999 y fue entrenadora de la Selección mexicana femenil Sub-20. Es instructora de la FIFA y siempre ha sido candidata para dirigir a la Selección mayor. “Cuando tu entrenadora es mujer, el trato cambia mucho”, afirma Pérez.

Con el apoyo de Rodebaugh y la directiva del club Tijuana, Marbella fundó las Xolas en 2014, pero desde 2008 tiene otro club amateur llamado Isamar FC, cuyo nombre lo tomó del salón de belleza que posee en la ciudad fronteriza para tener otra fuente de ingresos. “Todas las chicas que jugaban en Isamar se pasaron a las Xolas; han sacrificado muchas cosas para estar aquí”, comenta.

Ante la falta de una liga nacional, las Xolas jugaron una temporada en la Women’s Premier Soccer League de Estados Unidos, en la que quedaron en tercer lugar. Alrededor de 2 mil 500 personas iban a verlas a San Diego. El trato que recibieron allá, recuerda Ibarra, fue mucho mejor que en México: la gente se acercaba a las jugadoras para pedirles autógrafos, tenían vestidores propios y los medios les prestaban mayor atención.

“Hace falta que los dueños crean que el futbol femenil puede ser un negocio y que las jugadoras también pueden ser figuras. Aunque por parte de la directiva de los Xolos hay mucha disposición, necesitamos que los patrocinadores se comprometan con la liga femenil. Ahí está la Selección de Estados Unidos y su gran campaña de marketing. Allá ellas son más populares que los varones”, señala Ibarra.

A sus 22 años, Carolina Jaramillo es titular de las Xolas, seleccionada nacional y la primera mexicana en jugar en un equipo de varones, luego de que el club Atlética Baja de Estados Unidos la contratara por un mes. “Fue una experiencia muy enriquecedora. Cambió totalmente mi perspectiva sobre el deporte”, asegura. Para poder mantener sus gastos diarios trabaja como árbitro y planea retomar la escuela muy pronto. Su padre labora como cartero en San Diego y su mamá es ama de casa.

“Desde hace tres años mis muchachas juegan como profesionales, pero no cobran como tal”, lamenta Ibarra, quien espera que con la llegada de la liga femenil cambien las cosas. La directiva de Tijuana les ha ofrecido los mismos servicios que al equipo varonil, como nutriólogo, psicólogo y preparador físico.

“La cuestión económica es lo que más nos desmotiva. Nos ha tocado hacer rifas o vender cosas para pagar nuestros viajes. El dinero siempre ha sido un obstáculo. El municipio de Tijuana nos ha ofrecido algunos apoyos, pero el gobierno estatal casi no. Algunas compañeras dejaron de viajar porque sus papás no las querían ayudar. A veces, cuando entrenábamos a las 5 de la mañana, me preguntaba: ‘¿qué hago aquí si ni siquiera me pagan?’”, comparte Pérez.

Pese a todo, las integrantes de las Xolas de Tijuana siguen el lema oficial del club: “Hay sueños que sólo se alcanzan con los pies”.