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CULTURAS

Wall Street, la crisis de 2008, el 1% más rico y desigualdad de género, ¡en comedia!

Maureen Sherry, una ex directora administrativa en Bear Stearns, escribió “Opening Belle”, una novela cómica semiautobiográfica narrada en primera persona, que Warner Bros. está desarrollando para el cine con Reese Witherspoon como protagonista.
New York Times
19 febrero 2016 15:1 Última actualización 20 febrero 2016 5:0
Maureen Sherry

Maureen Sherry, autora de “Opening Belle”. (NYT)

NUEVA YORK- Una mujer fuerte e inteligente pasa apuros para superar las barreras laborales en una importante firma de inversión en Wall Street.

Una persona rica y de buena apariencia dedicada a la banca de inversión hace una fortuna con valores respaldados por hipotecas, los paquetes de deuda tóxicos que en 2008 pusieron a la economía al borde del colapso.

En realidad, las dos personas son una misma: Isabelle, la heroína de “Opening Belle”, una novela cómica semiautobiográfica narrada en primera persona escrita por Maureen Sherry, una ex directora administrativa en Bear Stearns, el cual colapsó en 2008.

“No siento que haya tomado a la ligera el dolor de alguien”, dijo Sherry, sentada a la mesa del comedor de su departamento de la Quinta Avenida que da al estanque del Central Park. Sherry dijo que quiso escribir sobre la crisis de las hipotecas en una forma simpática que los lectores comunes pudieran entender y también mostrarles que muchos banqueros resultaron tan embaucados como el resto del público.

“Es fácil vapulear a Wall Street, y escuchamos mucho de eso”, dijo. “También quiero poner en claro ante el lector lo bueno que los bancos hacen tanto como lo malo”.

“Opening Belle” es un giro en un subgénero de la ficción femenina contemporánea conocido como “chick lit”. Warner Bros. está desarrollando una versión cinematográfica protagonizada por Reese Witherspoon.

También es el más reciente en un creciente número de libros, obras de teatro, programas de televisión y películas que abordan a Wall Street durante y después de la crisis de 2008. Hay dos series televisivas sobre Bernard L. Madoff, quien fue arrestado en 2008 por orquestar uno de los más grandes fraudes de la historia.

Sony Pictures Classics compró los derechos de “Equity”, una novela de suspenso sobre un banquero de inversión que es socavado por ejecutivas rivales. “The Big Short” fue nominada para un Oscar como mejor película. “Billions”, en Showtime, es un drama del Wall Street de la actualidad con tintes de la crisis. (Andrew Ross Sorkin de The New York Times es co-creador del programa.)

La novela de Sherry es una comedia ligera al estilo de “Bridget Jones’s Diary”.

Como su heroína, Sherry trabajaba en el piso de operaciones de Bear Stearns, entonces un lugar famoso por su agitación. Dijo que ella se tomaba con calma las payasadas de los hombres. “A veces me sentía avergonzada, pero no insegura”, dijo.

Renunció en 2000 para atender a su creciente familia, no para huir de un ambiente de trabajo hostil, pero dijo que se sintió frustrada por las barreras para progresar. Empezó a pensar en lo que quería escribir sobre las mujeres en Wall Street, obtuvo una maestría en bellas artes de Columbia y escribió un libro infantil. También escribió recientemente un artículo de opinión en The New York Times sobre la desigualdad salarial y el sexismo.

En su novela, presenta esas experiencias como una comedia. Un tono cómico, dijo, haría al tema más accesible y “ampliaría la conversación”.

Isabelle soporta las bromas lascivas y los toqueteos de sus colegas y jefes varones para vender, entre otras cosas, obligaciones de deuda avalada (o CDO, por su sigla en inglés). Para 2007, Isabelle está dedicada a las operaciones de bonos; hasta que el mercado colapsa, eliminando sus ganancias y sacando a más de un millón de personas de sus casas.

Después de que el mercado empieza a caer, Isabelle y un cliente analizan más minuciosamente los registros bancarios subyacentes, centrándose en una familia en Nebraska que enfrenta una ejecución hipotecaria. “Los ojos se me llenaron de lágrimas y nos quedamos ahí sentados por un momento con algo que rayaba en el asombro”, escribe Isabelle en lo que es presentado como su biografía. “Nunca vi las cosas de esta manera”.

Los temas enfrentados de la novela dividen al mundo editorial de los mercados masivos. Algunos observadores dicen que los lectores podrían recibirlo como una parábola de empoderamiento ligera pero inspiradora. “Pienso que puede funcionar”, dijo Louisa Ermelino, la directora de reseñas de Publishers Weekly, quien no ha leído la obra pero conoce su trama. “Aun cuando es rica y poderosa, sigue siendo una mujer que enfrenta a hombres vestidos de traje en Wall Street”.

Para otros estudiosos del género, sin embargo, es ir demasiado lejos en favor del uno por ciento.

“Yo esperaría una novela situada en la crisis hipotecaria que analizara las situaciones precarias de mujeres trabajadoras más comunes”, dijo Suzanne Ferriss, una profesora de inglés en la Nova Southeastern University en Fort Lauderdale, Florida, y coeditora de “Chick Lit: The New Woman’s Fiction”.

La heroína de “Opening Belle” se parece a Sherry, pero con un poco menos de dorado y brillo. “Quería que fuera fácil identificarse con ella”, dijo Sherry.

Ambas fueron a Cornell, isabelle es estadounidense de primera generación. El padre de Sherry era un inmigrante irlandés. En su juventud, su padre trabajó como portero en el mismo edificio de la Quinta Avenida donde tenía un departamento su eventual jefe, Alan C. Greenberg, el legendario presidente de Bear Stearns, quien murió en 2014.

Isabelle tiene tres hijos y un esposo apuesto que no trabaja (pero tampoco hace su parte de las tareas del hogar). Viven en Central Park West.

Sherry tiene cuatro hijos y está casada con un inversionista de capital privado, Steven B. Klinsky. Tienen una casa en Southampton y su departamento de 390 metros cuadrados y paneles de madera fue alguna vez parte de un tríplex construido para la filántropa Marjorie Merriweather Post.

En un buen año, Isabelle gana 3 millones de dólares. Sherry dijo que consideró cómo verían eso los lectores, pero quiso ser realista. “Odio el término ‘pobre de Manhattan’”, dijo, pero añadió que después de impuestos, como una pareja con un ingreso y tres colegiaturas de escuela privada, “no vivían holgadamente”.

“Isabelle piensa que está bien querer ganar dinero”, dijo Sherry, “y la ambición no es mala”.

Sherry entrevistó a ex colegas y a una nueva generación de banqueras. Dijo que encontró que aun cuando el hostigamiento más abierto en general ha cesado, persisten obstáculos, particularmente para las madres que trabajan. “Sienten que nunca se desempeñaron mejor, sin embargo se sienten ignoradas”, dijo.

En Bear Stearns, Sherry dijo que ella y sus colegas mujeres se referían en broma a ellas mismas como “El club de las barreras laborales”. En la novela, Isabelle se une a una sociedad secreta del mismo nombre. Sus colegas mujeres comparten sus quejas sobre los hombres y las jóvenes asistentes en el piso de remates que coquetean con sus jefes y les permiten pensar que todas las mujeres dan la bienvenida a los avances. Una se viste tan provocativamente que la apodan la “Chica desnuda”.

Sherry dijo que sus editores sacaron una escena que escribió donde una mujer va a almorzar con su jefe para discutir sus cuentas y él más bien la invita a pasar la tarde en la cama. Sherry señaló que conoce a mujeres que tuvieron la misma experiencia en la vida real.

Una es Sandra Ripert, una agente de bienes raíces actualmente que era asistente en Bear Stearns hace 25 años y una operadora con aspiraciones que sintió que no era tomada en serio porque carecía de los títulos o conexiones correctos.

“Como mujer y como latina -tenía una apariencia muy sensual-, era difícil avanzar”, dijo Ripert.

A principios de los 90, dijo Ripert, cuando ella ganaba 24 mil dólares al año, un jefe la invitó a almorzar y ella pensó que significaba que estaba considerando ascenderla. En vez de ello, dijo, su jefe le comentó que había reservado una habitación para ambos. Renunció a la firma poco después.

En ese tiempo, dijo Ripert, Sherry le parecía “muy profesional y muy discreta”, y también envidiable. “En ese entonces, uno solo quería ser una Maureen Sherry”.