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culturas

Ruvalcaba... voló sobre el pantano

Vivió la escritura, la música y la bohemia como una obra total. "Todo lo que diga es poco para el buen Eusebio”, dice Víctor Roura, editor fundador de la sección cultural de 'El Financiero' de 1988 a 2013, en cuyas páginas publicó Eusebio Ruvalcaba.
Rosario Reyes
08 febrero 2017 21:14 Última actualización 08 febrero 2017 22:16
Indispensable en la sección cultural de EL FINANCIERO, asegura el periodista Humberto Musacchio. (Óscar Castro)

Indispensable en la sección cultural de EL FINANCIERO, asegura el periodista Humberto Musacchio. (Óscar Castro)

Difícil, demasiado rudo, incluso, es pedirle a un doliente que comparta algo de lo que vivió junto al que se acaba de ir. “Todo lo que diga es poco para el buen Eusebio”, dice Víctor Roura, editor fundador de la sección cultural de El Financiero de 1988 a 2013, en cuyas páginas publicó Eusebio Ruvalcaba. Y es que hay pocos dolores como la muerte de un amigo.

El silencio también habla y cuando Roura suspira es inevitable recordarlos juntos caminando así, callados, la corta distancia entre la redacción y El Fogonazo, hoy extinta cantina de la colonia Anáhuac donde con frecuencia planeaban las ediciones. O en las pausas entre conversaciones, frente a sendos tragos, en ese silencio cómplice que sólo entienden los compañeros del camino.

A Eusebio Ruvalcaba no le gustaba ser reportero, recuerda el fotógrafo Eladio Ortiz. “Un tiempo Roura le encargó hacer entrevistas con sus colegas y él decía que no era lo suyo, que lo suyo era escribir. Llegábamos a las citas, hacía rápido su entrevista y nos íbamos”.

En esta redacción se encontró también el autor de Una cerveza de nombre Derrota con el periodista Humberto Musacchio. “Eusebio Ruvalcaba era indispensable en la sección cultural. Un narrador reconocido, pero también un periodista agudo y, sobre todo, tenía una cultura que no tenemos la mayoría de los periodistas culturales, porque él se formó junto a su padre (Higinio), uno de los grandes músicos mexicanos, y tenía una cultura musical notable, aunque no presumía de lo que sabía”.

El escritor Hugo García Michel, con quien coincidió en El Financiero y las revistas La Mosca y Nexos, recuerda que él y Eusebio se hicieron amigos desde que descubrieron que eran vecinos en la misma calle de Tlalpan: Once Mártires. García Michel rescata otra cualidad de Ruvalcaba: “Motivó a muchos jóvenes a escribir, con ese estilo desenfadado, provocador, que hablaba de mujeres, alcohol, sexo. Decían que era el Charles Bukowski mexicano, de hecho ganó un premio de cuento llamado así, pero no lo creo; tiene un estilo muy original, muy propio”.

Gracias a esa agudeza intelectual, Eusebio era un gran corrector de estilo, ese oficio tan echado en falta hoy en las redacciones de los diarios. “Nos corregía a todos, incluido a Víctor Roura, el estilo, la sintáxis, puntuación”, dice el periodista Jorge Meléndez.

Consiguió llevar a buen puerto la complicada relación entre la escritura y el alcohol. La bohemia, como la llama Jorge Meléndez. Honraba el solitario oficio de escribir en sitios del sur de la ciudad, como la desaparecida Tasca Manolo, La Jalisciense, en el centro de Tlalpan, o La invencible, de San Ángel. Hay muchos testimonios de ese largo romance con el ron, el vodka, el whisky y la cerveza.

“Así hizo unos 40 o 50 libros: Eusebio es incluso poco conocido por algunos, porque mucha de su obra está en editoriales de estados de la República, y casi toda su obra es de una belleza infinita”, dice.
Jorge Meléndez vuelve al tiempo en que departía con Eusebio y Víctor Roura en casa del periodista Manuel Blanco. “Agarrábamos unas borracheras muy largas y nos íbamos después al Bombay, un cabaret que ya desapareció. Le encantaban ese tipo de aventuras, pero no dejaba de trabajar jamás”.

El periodista lo recuerda como un gran seductor, de mucha labia con las mujeres. “También le gustaba ser un provocador, decirles a los jóvenes que fueran rebeldes, irreverentes, sin embargo, en sus talleres era muy estricto”.

Nunca dejó de publicar. Queda además su blog, en el que escribió un texto a propósito de su cumpleaños 61 (en septiembre próximo cumpliría 66), que da cuenta de su gran gusto por vivir: “Excepto la azúcar, devoro lo que se me antoja; salvo el ron, bebo lo que está al alcance de mi mano. Busco a mis amigos y brindo con ellos. Tengo tan poco dinero, que me fascina gastarlo a manos llenas...”.

Así, con esa hambre de celebración, lo recuerda su hijo Alonso en un texto que publicó en redes sociales:
“Si un día (...) mis hermanos y yo logramos traer a mi padre, cuyo nombre es Eusebio, de donde sea que su cerebro esté; de esa región líquida, refractaria, tornasol; si lo logramos lo voy a llevar a la Casa del Filete. ‘Mira, Pa’, un filete chemita’. Me mirará como fuera del tiempo. Seguro le va a encantar”.