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BUENA VIDA

Vinos franceses que dejan huella

Un vino de Burdeos es imprescindible para disfrutar en una ocasión especial, al ser considerado uno de los mejores del mundo; aquí tenemos cuatro opciones que disfrutarás desde la primera copa.
Lizbeth Hernández
07 noviembre 2017 21:33 Última actualización 08 noviembre 2017 5:0
barricas

(Especial)

Entre los encantos de la ciudad francesa de Burdeos están las construcciones restauradas del siglo XVIII, la plaza pública más grande en Francia, los atardeceres y la belleza de sus campos saturados de vid. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco hace 10 años, la ciudad es la puerta de entrada para conocer cómo se hacen los grandes chateaux en la región vinícola más grande del país europeo.

En la actualidad existen más de 9 mil bodegas que trabajan 117 mil 514 hectáreas de viñedos. En esas tierras se comenzó a sembrar hace más de 2 mil años. Fueron los romanos quienes plantaron las primeras vides y vislumbraron la extraordinaria capacidad de esas tierras, que siguen siendo la mayor fortaleza de los caldos.

“Poseen un suelo rico en calcio. Tiene grava, piedra arenisca y arcilla, que aunado al clima oceánico crea un círculo virtuoso para el desarrollo de las mejores uvas”, cuenta Jean-Pierre Foubet, propietario de Chateau de Camensac.

Los vinos provenientes de esa región tienen denominación de origen desde 1936. Las principales variedades de uvas que se utilizan son tintas: merlot, cabernet sauvignon y cabernet franc. Para los caldos blancos, semillón y sauvignon son las más empleadas.

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BEYCHEVELLE

 

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La bodega está situada en uno de los más bellos castillos de Burdeos. Tiene un jardín botánico y una bodega en Saint-Julien. “Es un vino suave redondo que tiene notas a cerezas negras y frutas. Tiene una mezcla que lo hace único: 47 por ciento de cabernet sauvignon, 47 por ciento de merlot, 4 por ciento de cabernet fran y 2 por cientode petit verdot”, señala Sophie Castel, copropietaria de la bodega.

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LE FLEUR-PÉTRUS

 

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Está catalogado como uno de los mejores vinos de Pomerol, porque se encuentra en la parte oriental de la meseta. Pese a que es un viñedo joven porque después de las heladas de 1956 tuvo que replantarse por completo, la calidad de sus vinos alcanza notas profundas a cacao y fruta madura.

“Permanece de 16 a 18 meses en barricas de roble francés, de las cuales el 50 por ciento son nuevas. Tiene un color rubí brillante y un toque especiado”, explica Stephane Laborie, director comercial de la casa.

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BÉLAIR MONANGE

 

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Los viñedos se ubican en Saint-Emilion, en el punto más alto de la famosa meseta de piedra caliza, considerada como una de las mejores de la región.

Está elaborado con 90 por ciento de uva merlot y 10 por ciento de cabernet franc. Permanece 18 meses en barricas de roble francés. “Es un vino muy equilibrado que se puede añejar a largo plazo y que en botella aún evoluciona. Tiene notas a moras y un delicado sabor a sal”, sostiene Stephane Laborie.

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 CAMENSAC

 

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De color granate brillante y delicadas notas cítricas que contrastan con un sabor a vainilla, el equilibrio es la mejor carta de presentación de este tinto, mitad cabernet sauvignon y mitad merlot.

“En relación calidad y precio es uno de los tintos más competitivos de la región”, señala Jean-Pierre Foubet, propietario de la vinícola.