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Vals clásico: 80 años de Acerina y su Danzonera

La legendaria orquesta conserva el sonido distintivo y refinado que le imprimió su fundador. "Acerina dotó de elegancia al danzón, un género que llegó a considerarse arrabalero", afirma Octavio Pérez, trompetista y director de la agrupación. 
Rosario Reyes
08 mayo 2017 21:38 Última actualización 11 mayo 2017 15:11
Acerina consolidó su estilo en México, el país que hizo su patria. (Especial)

Acerina consolidó su estilo en México, el país que hizo su patria. (Especial)

Los europeos afincados en Cuba hacia finales del siglo XIX llamaban a la contradanza de la isla el “vals tropical”. En aquella forma tradicional cubana se basa el ritmo que Consejo Valiente Robert, Acerina, consolidó en México en 1937, 24 años después de llegar al país en una travesía que comenzó en su natal Santiago de Cuba y pasó por varias provincias hasta llegar a La Habana, de donde partió rumbo a Puerto Progreso, Yucatán.

Acerina -de piel tan oscura como la piedra preciosa a la que alude su apodo- es creador del danzón clásico. Se llama así, dice Onofre Nazario Vidal, primera trompeta de la orquesta desde 1996, porque Acerina hizo versiones de piezas clásicas en danzón. Un repertorio del que, según su actual director, Octavio Pérez, se conservan más de mil temas.

“Hizo arreglos de Rigoletto, de Verdi; El barbero de Sevilla, de Rossini; la Serenata de Schubert... Una cantidad de danzones con el tema de grandes obras. Acerina dotó de elegancia al danzón, que llegó a considerarse arrabalero”, asegura el trompetista.

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CELEBRACIÓN SINCOPADA

Acerina y su Danzonera se presentará por segunda ocasión en el Teatro Metropólitan mañana a las 15:00 horas, junto a otras orquestas como La Típica y Los Campeones de Carlos Campos, por el Día de la Madres. Cada domingo actúa en el salón G y R, de Ribera de San Cosme, y los miércoles en el salón La Maraka.

Acerina y su Danzonera. (Especial)

Desde su fundación, los músicos de la orquesta son académicos. Un rigor que el propio Acerina impuso.

Él fue autodidacta y creó un sonido único que parte de la música clásica y tiene en el timbal su distintivo. Junto al piano tarareaba a su arreglista, Tomás Ponce Reyes, las versiones danzoneadas de obras como la ópera Rigoletto, de Verdi, que grabó en la década de 1940 bajo el título de Rigoletito.

La elegancia en la pista comienza desde la forma de caminar. Por eso, quien quiere aprender a bailar danzón primero tiene que saber andar con garbo.

Las composiciones de Acerina son un reto para el bailador, pues los remates son repentinos, y la finura del danzón está en marcar el paso justo con el final de la música.

La Danzonera Acerina tiene 80 años de trayectoria ininterrumpida. Cuando falleció su fundador, en 1987, Diego Pérez y Reyes, el saxofonista de entonces tomó la dirección. Al año siguiente, el líder del Sindicato de Músicos, Venus Rey, adquirió los derechos de la orquesta y los cedió a quien por 25 años había tocado el saxofón barítono.

Pérez y Reyes murió en 2011 y su hijo Octavio, quien desde niño acompañaba a la orquesta como “secre” -, el suplente de los músicos ausentes- tomó la batuta. Casi 80 años después de que Acerina la formó, tras un tiempo de colaborar con otras agrupaciones, precisamente como “secre”.

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Acerina y su Danzonera. (Especial)

LA DANZONERA DE MÉXICO
“Hay una foto clásica de Acerina tocando en el Salón Colonia”, recuerda el periodista Ernesto Márquez, quien fundó en 1997 Bembé, una revista especializada en música afroantillana. En esa imagen, el músico aparece sonriente, con la escultura gigante del rostro de un negro con la boca abierta, que distinguió al desaparecido salón de la colonia Obrera. La figura se conserva en el Museo del Juguete.

Pero lo verdaderamente clásico de Acerina, agrega el periodista, es su sonido, que incluye la entrada de cada pieza con el grito que también popularizó el danzonero mexicano Amador Pérez, apodado Dimas: “¡Hey familia, danzón dedicado a…!”

“Están los instrumentos melódicos, armónicos, pero lo que marcaba el paso del danzón era ese toque preciso del timbal; eso era clásico de Acerina”, complementa Ernesto Márquez, para quien la orquesta del cubano siempre fue y será “la danzonera de México”.

“Es sinónimo de calidad, de universalidad musical”, apunta.
Acerina consolidó su estilo en México, el país que hizo su patria. No volvió a Cuba, de donde salió en pleno conflicto racial, en 1913. La sublevación de los Independientes de Color, que comenzó un año antes, fue abatida por el ejército durante el gobierno de José Miguel Gómez, y 3 mil rebeldes fueron masacrados.

Una explosión durante ese conflicto le heredó al músico un padecimiento de oído de por vida.

DE PURO OÍDO
Octavio Pérez cuenta que su fundador a veces sangraba de los oídos y fue perdiendo la audición, aunque no llegó a la sordera. Paradójicamente, su mayor don era el oído afinado.

“En 1980 se enfermó de meningitis pero todavía siguió en activo, aunque ya alternando con mi papá en la dirección de la orquesta hasta 1986. Le hicieron un homenaje en el Museo del Chopo y, días después, murió, el 16 de mayo de 1986”, recuerda.

Octavio Pérez ha pasado prácticamente toda su vida junto a la orquesta: de ayudante a director; de niño que observaba la magia de los salones de baile a un consumado bailarín que tuvo que dejar las bermudas y los tenis para poder bailar con las damas; de estudiante de música e ingeniería de audio, a güirista. Y director.

Hoy, con uno de los primeros güiros que fabricó Lorenzo García, el veterano güirista de la danzonera, actualmente en el retiro, dirige la orquesta de 16 músicos, cuyo más viejo integrante es Hipólito González, el timbalero. Tiene 40 años con la orquesta.

Apodado El bebé, Octavio Pérez tiene seis años al frente de la tradicional agrupación que, a 80 años de distancia, conserva su sonido inimitable, ese que envuelve, a ritmo de 1,2,3, esa danza tan discreta como grácil, que se baila entre dos. “No conozco a una sola persona que me diga que no le guste el danzón”, concluye Pérez.