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Utopía, el relato de lo imposible

A 500 años de su publicación, Utopía, de Tomás Moro, resulta una lectura obligada para reflexionar sobre las sociedades de control que acechan en el siglo XXI.
Rosario Reyes
28 diciembre 2016 21:11 Última actualización 29 diciembre 2016 5:0
Utopía

Tomás Moro escribió su novela como respuesta a 'El Príncipe', de Nicolás Maquiavelo. (Ismael Ángeles

En 2016 se cumplen 500 años de que Tomás Moro llevara a la luz ese clásico que dio origen a todo un género literario: la Utopía. Una lectura que, medio milenio después, se muestra obligatoria para pensar la realidad del siglo XXI, coinciden especialistas.

Y es que un mundo donde la libertad se ve amenazada por un creciente control ejercido desde el poder no es muy distinto al escenario que el santo de la política planteó en su obra, advierte el filósofo Ernesto Priani, catedrático de la UNAM, quien considera la importancia de leer el texto renacentista desde la crítica.

“Una de las observaciones a la Utopía, si bien es un ejercicio literario, es que la propuesta termina siendo posible únicamente dentro de un mundo en el que sus habitantes no deben o no pueden aspirar a un lugar distinto en el orden social que ocupan, una sociedad condenada a mantenerse siempre igual. Un orden que, en la realidad, sólo podría instaurarse mediante el control”, señala.

“El de Utopía es un camino que no deberíamos transitar: el que busca el orden a toda costa, por encima de la voluntad humana”.

Lo cierto es que mientras exista desigualdad social, Utopía será actual, afirma Rafael Hernández Ángeles, profesor de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

“Se han alcanzado avances en materia de derechos humanos y libertades públicas; sin embargo, el abuso del poder, la desigualdad económica y otros males sociales parecieran contradecir el famoso progreso de la humanidad que ha quedado como mito en la Historia”, comenta.

Para Hernández Ángeles, Utopía refleja el ideal de la humanidad. “Una convivencia pacífica de los seres humanos entre ellos mismos y su entorno”. La vigencia del texto, añade, radica al mismo tiempo en la aspiración universal a una sociedad más justa y equilibrada.

Moro señaló lo que le tocó vivir en una Europa convulsionada por las guerras. Critica la desigualdad, los vicios sociales del poder hacia las mayorías, también del espiritual, que corrompe la fe y la creencia. Por ello, propone una solución disfrazada de utopía, en un intento personal de crear conciencia en su propia sociedad”, señala Hernández Ángeles.

Consejero de Enrique VIII -uno de los monarcas más aterradores de Inglaterra y quien terminó ordenando su decapitación-, Tomás Moro escribió su novela como respuesta a El Príncipe, de Maquiavelo. Mientras éste postulaba que la única lógica que guía al gobernante es mantenerse en el poder, Moro cuestionaba ese planteamiento, dice Priani.

“Se pregunta si podríamos generar una sociedad en la que el gobierno sea algo propio de la ciudad y no del gobernante, porque lo importante es que la ciudad produzca el gobierno”, puntualiza.

A través de la ficción, el autor planteó el espacio para el desarrollo de una sociedad justa en un no-lugar, más allá de la realidad; una estrategia narrativa que apuntó a la esperanza con un carácter renacentista, ya que por primera vez colocó al hombre en el centro de la construcción de lo posible, y con ello gestó un nuevo género literario.

Es por ello que los textos utópicos del Renacimiento poseen un doble carácter, literario y filosófico, explica Priani. “Debían dar una noción de ficción porque no se trataba de lograr la utopía, sino de imaginarla. Pero detrás hay una reflexión filosófica acerca de cuál es la posibilidad de la justicia y del bien en una sociedad”.

“Curiosamente la respuesta de la mayor parte de las utopías es en realidad muy conservadora y están al borde de la distopía, porque los hombres no son capaces de gobernarse a sí mismos, sino que hay que generar una estructura que les permita gobernarse correctamente. Y eso está en el borde del sometimiento en función del bien mayor”, concluye el filósofo.

Pese a la importancia del título, una lectura obligada incluso en la formación escolar, su aniversario ha pasado prácticamente desapercibido, excepto en ciertos nichos académicos, observa Hernández Ángeles.

“Muchos maestros tienen a la Utopía como lectura indispensable para entender no sólo el pasado remoto, sino el tiempo presente. Y esa es la mejor conmemoración que se le puede hacer a un libro: leerlo”.

Con información de María Eugenia Sevilla.