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Una orquesta de puro tango y talento local

César Olguín se ha enfocado en un proyecto que no tiene par en el país: la Orquesta Mexicana de Tango (OMT). La agrupación que formó es el único ensamble orquestal dedicado al género en México y celebrará su séptimo aniversario este viernes a las 21:00 horas en el Lunario.
Rosario Reyes
06 julio 2015 23:3 Última actualización 07 julio 2015 5:0
“México de alguna manera ha estado bastante cercano a mí y por eso decidí venirme”, afirma el músico. (Cortesía)

“México de alguna manera ha estado bastante cercano a mí y por eso decidí venirme”, afirma el músico. (Cortesía)

César Olguín se trajo un pedacito de Buenos Aires en las notas de su bandoneón. Venía sólo por unos meses y se quedó más de tres décadas. Con este instrumento, el músico argentino desarrolló una sólida carrera de este lado del hemisferio, que durante los últimos siete años se ha enfocado en un proyecto que no tiene par en el país: la Orquesta Mexicana de Tango (OMT).

La agrupación, que formó con alumnos a los que ahora considera sus colegas, es el único ensamble orquestal dedicado al género en México y celebrará su séptimo aniversario este viernes a las 21:00 horas en el Lunario. El concierto se titula Silencio, como el tango de Gardel que estrenará esa noche junto a otras composiciones como Por una cabeza -también del Zorzal criollo-, Sombras nada más o Te odio y te quiero, obras que forman parte del repertorio incluido en el disco que se encuentra en proceso de grabación. La orquesta tendrá como invitado al cantante Freddy Potenza.

“México de alguna manera ha estado bastante cercano a mí y por eso decidí venirme”, relata el músico en entrevista. Dice que empezó a estudiar bandoneón a los ocho años y que el primer tema que tocó fue Ella, de José Alfredo Jiménez. Luego, de joven, se aficionó a las películas mexicanas. “Me acuerdo que le dije a mi madre en el momento de la despedida: ‘voy a estar un tiempo, no creo que más de un año’. Pero desde entonces han pasado 36”.

Nunca pensó en convertirse en maestro y menos en formar una orquesta con sus discípulos. Recuerda que comenzó a dar clases porque un austriaco, que lo había visto tocar alguna vez, le pidió que le enseñara. “Yo le decía: ‘no, es que yo no enseño’, pero me insistió tanto... Él fue mi primer alumno”.

Llegaron más jóvenes interesados en aprender bandoneón y después de ellos se acercaron otros músicos: pianistas, contrabajistas, violinistas y violonchelistas le pedían que les enseñara los secretos del tango. “Eso nos fue revelando que, además del aprendizaje, ellos necesitaban un espacio para expresarse. Y a esa semillita se sumó otra: que México es muy cercano al tango”. Acá no existía ninguna agrupación típica, como sí las hubo en la década de 1970, afirma Olguín. “Entonces había como unos 25 bandoneonistas y muchos lugares, pero las agrupaciones estaban formadas básicamente por músicos argentinos, uruguayos y sólo alguno que otro mexicano”.

Así que para tener una práctica de lo aprendido y para impulsar el talento nacional, creó la Orquesta Mexicana de Tango. “Yo me incluyo porque estoy nacionalizado mexicano, pero soy el frijol negro en el plato de arroz”, explica.

Sus compañeros de atril son todos nacidos en el país: los bandoneonistas Clara Stern y Raúl Vizzi; los violinistas Israel Torres, Citlali Hernández, Eliasib Morán, René Torres y Alejandro Flores; la pianista Frania Mayorquín y el contrabajista Mario Cortés.

Los programas de la OMT están integrados por obras mexicanas y argentinas, tanto clásicas como contemporáneas, explica quien, junto a la dirección de la orquesta, también compone repertorio original.

“Además de creaciones propias, hemos incorporado un tango de Mario Lavista, otro de Eugenio Toussaint, uno más de Eduardo Gamboa, y nos falta; desde hace tiempo nos están pidiendo el Ché araña de Cri Cri”. También contempla incluir a Chava Flores. “Él escribió unos cuantos tangos, como aquel de Murió de amor la desdichada Elvira”.