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culturas

Una historia sobre la pesadilla americana

Aquella ruta 66 que Kerouac convirtió en icono del espíritu americano en los 50, revela en "Off the Road", de Andy Robinson, el rostro decadente de la dolarocracia
Eduardo Bautista
25 septiembre 2016 22:22 Última actualización 26 septiembre 2016 5:0
"Trump forma parte de esa desconexión de la realidad provocada por un mercado de consumo y de ocio”, dice el autor. (Oscar Castro)

"Trump forma parte de esa desconexión de la realidad provocada por un mercado de consumo y de ocio”, dice el autor. (Oscar Castro)

Andy Robinson ha recorrido Estados Unidos para contar los miedos e ilusiones de la nación más poderosa del mundo. En su más reciente libro, Off The Road. Miedo, asco y esperanza en América (Ariel), este periodista británico desmenuza la cultura norteamericana ciudad por ciudad, desde el consumismo esquizofrénico de Las Vegas hasta el nuevo ánimo político de Nueva York, pasando por los disturbios antirraciales de Ferguson y la decadencia económica de Detroit.

En su viaje por la tierra del Tío Sam descubrió, entre muchas otras cosas, dos elementos trascendentales: que la democracia está muy lejos de ser la que tanto halagó Alexis de Tocqueville en el siglo XIX, y que la sociedad se ha hundido en un consumismo exacerbado, capaz de modificar la percepción pública de los ciudadanos.

“Por primera vez observé un descarrilamiento del camino neoliberal que se estableció en Estados Unidos desde hace varias décadas”, dice. Y sostiene que el establishment norteamericano atraviesa por una crisis sin precedentes, pues el sistema político de ese país ha sido asfixiado por la élite millonaria, que mete sus manos en prácticamente todo: elecciones, campañas, leyes y discursos.

“En Estados Unidos el dinero de la élite compra el poder político. Eso es la dolarocracia, y Donald Trump la representa mejor que nadie”. La apuesta del magnate republicano, advierte, es por los más ricos, no por los trabajadores que tanto ha prometido defender.

El éxito de Trump, explica, no podría ser entendido sin el descontento de las clases populares de Estados Unidos –tanto blancas como negras– que se sienten desplazadas por los trabajadores indocumentados. “Los políticos como Trump han sido arquitectos de ese sentimiento xenófobo hacia las comunidades hispanas”, afirma.

Si alguna vez Jack Kerouac –el célebre autor de la Generación Beat– plasmó la modernidad estadounidense y los aires de cambio en On The Road (1957), en Off The Road Robinson ofrece un panorama más oscuro, aunque no exento de contrastes, pues Nueva York, dice, se ha convertido en un nuevo modelo para hacer y entender la política.

“Bill de Blasio ganó las elecciones con un discurso de clase. Prometió subir los salarios y combatir la desigualdad en una de las ciudades más desiguales del mundo, a través de impuestos a los banqueros de Wall Street. No todo es desesperanza”, comenta.

Robinson se define a sí mismo como un reportero que trata de sobrevivir en tiempos de periodismo banal. Recorrió las calles de Estados Unidos para encontrar sus patologías más graves. Y descubrió que una de ellas es el consumismo, el cual, señala, ha llegado a niveles surreales, casi fantásticos.

“Todos nos hemos convertido en compradores de nuestra propia realidad. El capitalismo de consumo ha llegado a niveles tan grandes que incluso hemos llegado a tergiversar la percepción de nuestro propio entorno. Donald Trump forma parte de esa fantasía, de esa desconexión de la realidad provocada por un mercado de consumo y de ocio”, apunta.

Quizás nada representa mejor ese consumismo enfermo que Las Vegas, una ciudad cuyo modelo se ha colado paulatinamente en distintas regiones de Europa, Asia y América Latina. Porque pese a todo, asegura, Estados Unidos sigue marcando la política y la economía mundial.

“Las Vegas es una ciudad de fantasía, de réplicas y copias, donde nada es real. Representa esa fase del capitalismo en la que queremos sustituir nuestra vida verdadera por una realidad temática”, abunda.
Hace 50 años los estadounidenses eran felices con los bienes que podían obtener. El auge de las fábricas automotrices y otras industrias hicieron posible el sueño americano. Pero ahora, acota el autor, la sociedad norteamericana se encuentra inmersa en una etapa de consumo difícil de entender, pero sobre todo de vivir: la creación
de fantasías.

En una de sus crónicas, Robinson relata cómo Las Vegas pasó de ser una ciudad controlada por la mafia a una industria del juego financiada por las transnacionales y los bancos de Wall Street. Algo similar, explica, sucede en el resto de Estados Unidos: los hombres del gran capital cada vez dominan más sectores de la vida pública, incluso los comicios presidenciales, que se celebrarán el próximo 8 de noviembre. “Las elecciones democráticas han sido aprehendidas por corporaciones gigantescas, donantes multimillonarios, consultores políticos con ánimos de lucro y opinadores a sueldo del poder”, escribe.

Es así como este reportero nacido a las afueras de Liverpool hurgó en los rincones más íntimos de las barras y las estrellas. Su intención, al final, sólo ha sido contar al país de los hombres que bombardean Afganistán con pequeños drones desde sus cómodas oficinas en el desierto de Nevada, de donde luego salen presurosos para vaciar sus carteras en los casinos de Las Vegas.