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Una figura de modelo, requisito para practicar el nado sincronizado

Para integrar un equipo representativo de nado sincronizado, la técnica y el buen desempeño dentro de la alberca no son las únicas exigencias, pues las condiciones estéticas y de peso se convierten en límites para quienes buscan el alto rendimiento.
Domingo Aguilar Mendiola
17 marzo 2015 22:43 Última actualización 18 marzo 2015 5:0
A pesar de las dificultades para la práctica de la disciplina, existen grandes representantes en México. (Cuartoscuro/Archivo)

A pesar de las dificultades para la práctica de la disciplina, existen grandes representantes en México. (Cuartoscuro/Archivo)

La técnica y el buen desempeño dentro de la alberca no son las únicas exigencias para integrar un equipo representativo de nado sincronizado, pues las condiciones estéticas y de peso se convierten en límites para quienes buscan el alto rendimiento.

El aspecto físico se convierte en una de las prioridades de las nadadoras, quienes en ocasiones llegan a perjudicar su salud. “Dejaba de comer y hacía ejercicio de más. Me iba a correr aunque no lo necesitara tanto. Las demás niñas me decían que estaba delgada, pero que todavía me veía gordita”, cuenta Teyza González, ex integrante de la Selección del Distrito Federal. “Cuando iba en el CCH me dijeron que tenía principios de anemia porque no estaba comiendo bien y me desmayaba”.

De acuerdo con González, ahora representante de waterpolo en la UNAM, el límite oscilaba entre los 45 y 50 kilos, y quien lo superara era excluida del equipo o relegada a la suplencia.

La práctica del nado sincronizado comienza desde temprana edad y muchas de las mujeres que continúan hasta alcanzar los máximos niveles de exigencia deben superar la pubertad y adolescencia en un ambiente donde la crítica corporal es inclusive propiciada por las entrenadoras. Según la ex representante de la capital en 2013, Ofelia Pedrero y Adriana Loftus (actual preparadora del combinado nacional) eran quienes las incitaban a perder peso.

La doctora Gail Hanson Mayer del centro Walden Behavioral Care (institución que trata desórdenes alimentarios en Estados Unidos) escribió que estudios dedicados a comparar los perfiles sicológicos de atletas con el de personas que padecen anorexia arrojaron rasgos similares: el perfeccionismo, hiperactividad, competitividad, rutinas de ejercicio, dietas y tendencia a la depresión. Los deportes de apreciación son más rigurosos con la disciplina del cuerpo. Atletas de muchos países han tenido que superar problemas con la comida.

El compromiso con la danza acuática requiere de una dedicación completa y Nuria Diosdado, ganadora de siete medallas de oro en los pasados Juegos Centroamericanos y del Caribe (Veracruz 2014), asegura que es un “deporte muy demandante, son prácticamente ocho o nueve horas seguidas de entrenamientos. Si no estamos en el agua estamos haciendo flexibilidad o en el gimnasio con el preparador físico (…). Es una disciplina muy bella, muy femenina y sobre todo muy completa”.

El nado sincronizado es un espectáculo y las seleccionadas no sólo deben cumplir con las exigencias de un deporte, sino con las de un show. “Nosotras ya no competimos nunca a nivel nacional, si llegamos a participar en la olimpiada es para exhibición. En este deporte en el momento en que te integras a la Selección dejas de nadar por tu estado (…). Todo nuestro fogueo está fuera de México, y en caso de no poder viajar por cuestiones de presupuesto, damos exhibiciones”, explica Diosdado.
Actualmente son 13 las mujeres que forman el conjunto mexicano y nueve de ellas serán las que viajarán a Toronto, Canadá, para los Juegos Panamericanos (10-26 de julio), mientras 12 se presentarán en Kazán, Rusia, para el Campeonato Mundial de Natación de la FINA (24 julio-9 de agosto). En esta justa por primera vez participarán hombres en la modalidad de dueto mixto.