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BUENA VIDA

Una cena para extraños

Los mexicanos ​Rafael Zagaj y Max Strygler organizan reuniones en Nueva York con grupos de personas que no conocen. “Una vez llegó un grupo de Seattle que eran revolucionarios en los setenta", recuerdan.
Myrna Martínez
25 junio 2014 21:57 Última actualización 26 junio 2014 5:0
Mexicanos abren su casa a desconocidos para deleitar el paladar. (Cortesía)

Mexicanos abren su casa a desconocidos para deleitar el paladar. (Cortesía)

Dos mexicanos abren la puerta de su pequeño apartamento en Manhattan y se convierten en anfitriones de un grupo de desconocidos.

Rafael Zagaj y su socio Max Strygler forman parte del supper club Eath With, en el que personas de distintas ciudades del mundo se inscriben para ofrecer cenas privadas en sus casas.

Rafa, de 23 años, es un chef egresado de Cordon Bleu de la Ciudad de México, quien después de trabajar en Paxia decidió mudarse a La Gran Manzana y trabajar en otros restaurantes, como el clásico Delmonico’s.
La primera cena, a sugerencia de un amigo, la realizaron en Valle de Bravo; al ver el éxito buscaron a Eath With para empezar a hacerlas en Nueva York.

“Ellos te entrevistan, van a tu casa, a tu cocina, ven que no vayas a enfermar a alguien, que no seas un loco o que trates de matar a alguien”, bromea Zagaj.

“Este año recibieron como 5 mil aplicaciones y sólo existen 32 aprobados por ellos en Nueva York”.

CONOZCA A RAFA & MAX

En la página de Internet www.eatwith.com se puede revisar la convocatoria de las cenas de los distintos afiliados a este movimiento.
Como su departamento es pequeño, Rafa y Max sólo aceptan a siete personas por noche. Ellos deciden a quién invitar, pero, por lo general, aceptan las primeras solicitudes que llegan, ya sean individuales o grupales.

Planean un menú de cinco tiempos, con un costo de 40 dólares, el cual es elaborado con distintas técnicas e ingredientes, pero siempre con un toque mexicano.

“La familia de Max es de Polonia y la mía de Líbano, por lo que podemos servir hígado de pollo con salsa de jamaica y piloncillo, o ravioles con masa de maíz rellenos de chicharrón en salsa verde. Nos divertimos cocinando”, comparte Rafa.

Max recibe a los “extraños” y se encarga de romper el hielo y hacer que todos se integren.

“Una vez llegó un grupo de Seattle que eran revolucionarios en los setenta; una señora de 80 años con su patín del diablo; una pareja de gays y un señor de 90 años que luchó contra el racismo, fue una experiencia muy interesante”, agrega el chef, quien lo que más disfruta es regresar a lo básico: convivir y conocer a distintas personas, que jamás hubiera imaginado tener en casa.

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Mexicanos abren su casa a desconocidos para deleitar el paladar. (Cortesía)