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CULTURAS

Un viaje de 5 siglos por el país a través del lienzo

Visita el Palacio de Cultura Banamex y recorre el devenir histórico del país a través de una colección completísima de 130 obras. En esta exposición podrás apreciar obras de todas las épocas, desde el siglo XVII hasta el XXI.  
Eduardo Bautista
11 septiembre 2014 20:7 Última actualización 12 septiembre 2014 5:0
Hombre viendo "La filosofía y la ciencia", de Juan O´Gorman. (Fotos: Édgar López)

Hombre viendo "La filosofía y la ciencia", de Juan O´Gorman. (Fotos: Édgar López)

Acercarse a México desde la pintura. Conocer, a través del lujo de los trazos, los últimos cinco siglos del país. Eso ofrece la Colección Pictórica del Banco Nacional de México, la cual reúne 130 obras icónicas que abarcan desde la época novohispana hasta la actualidad, en el Palacio de Cultura Banamex.

Siglo XVII. Comienza el recorrido. El barroco está en su esplendor con obras religiosas de Cristóbal de Villalpando, útiles herramientas para la evangelización de los indios. El museo está lleno de ellas. Pero también hay pintura de castas y autorretratos burgueses del XVIII. Sin embargo, la joya es El encuentro entre Hernán Cortés y Moctezuma 
(1690), un biombo de origen oriental de Juan Correa, admite Angélica Velázquez, curadora de la muestra.

Siga adelante. Siglo XIX. México ya es independiente. Artistas de todo el mundo nos visitan. Uno de ellos es el inglés Daniel Thomas Egerton, quien se casa con la naturaleza. “Con Egerton comienza la historia del paisajismo mexicano. Los extranjeros se maravillaron con la riqueza natural. En Veracruz se sorprendían por ver cómo convivía la flora tropical con la nieve del Pico de Orizaba”, detalla Velázquez.

Otra sala. Allí vive el máximo exponente del género: José María Velasco, de quien se exhiben varias piezas. A unos metros están los retratos hechos por Pelegrín Clavé, “uno de los artistas más cotizados del México Independiente. Tener un retrato suyo era sinónimo de prestigio social y económico”, dice la comisaria.

Después está La bañista (1864), de Juan Cordero, “un rebelde semidesnudo, clave para entender el cambio moral que se suscitó después de la Guerra de Reforma. Nunca antes, dentro de la Academia, se había pintado una imagen de ese grado erótico. Incluso se aprecia a un fauno, el símbolo de la lujuria. La instauración de la República trajo consigo la apertura hacia nuevos temas artísticos”, explica la experta.

El camino sigue. Inicia el XX con Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco. Las ideas de la Revolución permean en la mente de estos pintores, quienes “monumentalizaron el trabajo de los indígenas y los obreros”, señala Velázquez. Así es como aparece la famosa Vendedora de alcatraces (1942), de Rivera, “maravilla que siempre debe ser contemplada”. O Sacrificio humano (1947), de Orozco, que reivindica a las culturas prehispánicas.

Unos años más y ya está en la presidencia Miguel Alemán. La urbanización del país es el tema central de La filosofía y la ciencia (1948), de Juan O’Gorman, quien plasma la lucha entre lo rural y lo citadino. Adelante conviven cuatro piezas de Rufino Tamayo en sus diferentes periodos: impresionismo, cubismo y primitivismo.

Año 1960. Segundo piso. Adiós al cardenismo. El México moderno concibe a la Generación de la Ruptura con pintores como Pedro Coronel, José Luis Cuevas y Manuel Felguérez, de quienes se exhiben algunos lienzos abstraccionistas. “Orozco acusó a este grupo de traidores a la patria. No podía creer que existiera gente que no pintara temas mexicanos”, añade la curadora.

Pero bastan unos pasos para ver que el nacionalismo regresa con artistas como Francisco Toledo, Rodolfo Méndez y Guillermo Olguín. Ahí está Sueños de ciudad (1995), de Méndez, o El Circo, de Olguín, que retoman a los marginales como protagonistas del arte.

Fin del recorrido. En cuestión de minutos, quizás horas, 500 años transcurrieron frente a los ojos. El arte hace posible la relatividad del tiempo.

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