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LIBRETA DE APUNTES

Último trago, la pluma y las libretas

Eusebio Ruvalcaba era un souvenir tlalpense, como antes lo fue Renato Leduc, dos tempestades del sur. La mesa, ya entrados los tragos, era un vértice de nombres, hechos; memoriosa la tertulia, sin faltar el chisme, el secreto, la nota por publicar.
Mauricio Mejía
08 febrero 2017 21:39 Última actualización 08 febrero 2017 21:43
Desde el martes por la noche, el escritor fue velado en la Ciudad de México. (Édgar López)

Desde el martes por la noche, el escritor fue velado en la Ciudad de México. (Édgar López)

Hay una mesa vacía en el fondo de La Jalisciense, la mítica cantina del centro de Tlalpan. Desde ahora debiera llevar el nombre de Eusebio Ruvalcaba, el constante patrocinador de ese lugar de esparcimiento en el que vuelan las horas nocturnas y estivales. Allí, sentado sobre esa silla, se le veía a Eusebio discutiendo, enseñando, departiendo sobre todos los temas que le interesaban: todos los que llevan palabras; el periodismo, la literatura, la música y lo que pomposamente llaman (él, no) cultura.

Aquí en El Financiero, en los años del gran Víctor Roura, Ruvalcaba, generosa manera del sustantivo, propagó y pregonó sus conjeturas sobre esa palabra, tan llena de grupis. Dentro del cubil vecino a la iglesia de San Agustín de Las Cuevas, el divulgador de las letras llevaba el dicho al hecho.

Todavía, su muerte parece cemento fresco, se lo puede ver corrigiendo textos a jóvenes aprendices del oficio literario. Se brindaba en las largas charlas, a veces con largas citas o con eternos pasajes biográficos de una vida intensa, como si no tuviera licencia para el descanso.

Ruvalcaba era un souvenir tlalpense, como antes lo fue Renato Leduc, dos tempestades del sur. La mesa, ya entrados los tragos, era un vértice de nombres, hechos; memoriosa la tertulia, sin faltar el chisme, el secreto, la nota por publicar. ¿En dónde quedó el tiempo ido? ¿Hacia dónde se van las golondrinas cuando llega el destiempo, el punto final, el crédito de una vida que vivió entre lo apolíneo y lo dionisíaco, más acá que allá? Habrá que volver a la mesa del fondo y averiguarlo.