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DEPORTES

Trinidad y Tobago lleva al colmo las deficiencias de un equipo sin alas

El empate a cuatro goles de esta noche entre las selecciones de México y Trinidad y Tobago deja ver que el futbol nacional no pasa por su mejor momento. Los hombres de Miguel Herrera padecen de la carencia de ideas. 
Mauricio Mejía
15 julio 2015 22:11 Última actualización 15 julio 2015 22:17
El equipo trinitario exhibió a un México pobre y raquítico. (FOTO: AP)

El equipo trinitario exhibió a un México pobre y raquítico. (FOTO: AP)

Lo de esta noche en Charlotte raya en lo ridículo: el equipo de Miguel Herrera, repuesto en la parte final del primer tiempo, pero sobre todo en el inicio del segundo, del encarnado complejo de inferioridad, tuvo poco tiempo para presumir su falsa vestimenta de amo del grupo más flojo del certamen. Antes de volver al espejo ya perdía 2-3 ante una bravucona e irreverente Trinidad y Tobago que, con enjundia, puso en evidencia las grietas de la zaga nacional, siempre incierta, pusilánime y desconfiable.

Cuando llegó el 3-3 y el 4-3, parecía que el míster salvaba por los pelos un desafío plagado de baches. El colmo se produjo en el descuento. Un remate de cabeza, entre el siempre culpable Rodríguez y Peralta, dejó para la historia del agravio un empate imposible de imaginar para una oncena que hace un año estuvo a muy poco de echar a Holanda del Mundial brasileño y llegar por fin al quinto partido que tanta zanahoria de esperanza ha consumido en el imaginario colectivo.

A la suma de ofensas (el envío de un gris conjunto a la Copa América; la irresponsabilidad del técnico de no atinar al esquema y a la falsa algarabía por un triunfo ante una Cuba enfermiza) hay que agregar la presencia de fantasmas que parecieron irse para siempre después del título olímpico en 2012. Hoy se asomó aquella eliminación del 73; la del 82 en canchas hondureñas y la derrota ante Panamá en la edición anterior. Herrera vuelve hacer peligrosa a Costa Rica, a pesar de su defectuosa transición. Se escapa por el túnel del inconsciente el falso mote de gigante del vecindario.

Habrá que romper, también acá, el vidrio de emergencia. El banquillo está en el aire, otra vez.