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fiesta brava

Tributo de sangre al pundonor de "El Conde"

La ausencia de ocho años en La México sirvió para constatar la madurez de Alfredo Ríos "El Conde", que hoy apenas y pudo mostrarse delante del peor lote de la corrida de La Estancia. Y no sólo eso, sino que además pagó un tributo de sangre al ser herido por un toro de regalo de La Punta.
Juan Antonio de Labra
11 enero 2015 23:0 Última actualización 11 enero 2015 23:4
El Conde había tratado de someterlo, cerca de la puerta de cuadrillas, el de La Punta le echó mano de fea manera, infiriéndole una cornada. (Tadeo Alcina)

El Conde había tratado de someterlo, cerca de la puerta de cuadrillas, el de La Punta le echó mano de fea manera, infiriéndole una cornada. (Tadeo Alcina)

Una prolongada ausencia de ocho años en La México, sirvió para constatar la madurez de Alfredo Ríos El Conde, que hoy apenas y pudo mostrarse delante del peor lote de la corrida de La Estancia. Y no sólo eso, sino que además pagó un tributo de sangre al ser herido por un toro de regalo de La Punta, lo que se tradujo en un homenaje al pundonor.

La gente lo había alentado en todo momento, y como no había tenido suerte con los dos toros de La Estancia, decidió regalar ese sobrero que tenía casi un mes en los corrales. Este ejemplar, alto y con cara, fue un toro complicado y desde el tercio de banderillas desarrolló sentido.

Una vez que El Conde había tratado de someterlo, cerca de la puerta de cuadrillas, el de La Punta le echó mano de fea manera, infiriéndole una cornada fuerte en la parte posterior del muslo izquierdo, y luego lo buscó con mucho celo cuando estaba caído en la arena, en instantes cargados de dramatismo.

Calado y maltrecho, el tapatío se puso en pie fiel a ese talante de torero macho que ha sido una constante en una trayectoria plagada de honradez profesional. Y así, con la pierna izquierda sangrando por encima del vendaje que le puso el paramédico, tumbó al toro de un pinchazo y una estocada antes de marcharse por su propio pie a la enfermería, en una estampa de valiente a carta cabal.

Ya en el segundo toro de la corrida había estado muy bien delante de un ejemplar deslucido al que clavó un extraordinario para el de “La Moveola”, y al que más tarde hizo una faena con detalles muy toreros.
Aunque con el cuarto, un berrendo en cárdeno, pasó algunas fatigas para banderillearlo, debido a la falta de casta del toro, luego le compuso una trasteo aceptable a pesar de esa condición huidiza que tenía el de La Estancia, en una nueva demostración de claridad de ideas.

El Capea hizo una primera faena entonada al manejable tercero, un toro corto y bajo que duró poco. El salmantino le dio buenos muletazos por el pitón derecho e hizo gala de oficio, además de entrega, a lo largo de un trasteo que fue bien recibido por la gente. Mató de una estocada entera, con ligera travesía, y saludó una ovación en el tercio.

El quinto fue un toro complicado con el que El Capea se mostró esforzado, a pesar de que el de La Estancia sabía bien lo que dejaba atrás. Intentó desengañarlo colocándose en la distancia, y escondiendo la muleta detrás de la pierna de salida, y fue así como le robó algunos pases de valía.

Jorge Sotelo era una incógnita para el público capitalino, pues no venía a La México desde su etapa de novillero, por allá del año 2007. El moreliano dejó claro que está toreado, por lo que tuvo una digna comparecencia en esta tarde de su confirmación de alternativa, misma que recibió en la plaza de Teziutlán en 2008.

En ambos toros manejó el capote con soltura y ejecutó verónicas de buen trazo, a las que siguieron faenas estructuradas y de buen concepto. Al trasteo que hizo al toro de la ceremonia le faltó cierta redondez, y si se hubiera aplicado un poco más a fondo hubiese podido cortar una oreja. En el sexto conectó más con el público en una faena de buenos acabados frente a un ejemplar que fue deslucido.

Al final de la corrida, la imagen de El Conde herido, atravesando el redondel por su propio pie en medio de una inmensa soledad, define el carácter altivo y torero de un hombre que se fue rumbo a la enfermería de la plaza con la frente en alto –y el deber cumplido–, a la espera de una nueva oportunidad en la que la suerte no le vuelva la espalda. Porque se lo merece.

FICHA
México, D.F.- Plaza México. Decimosegunda corrida de la Temporada Grande. Menos de un cuarto de entrada (unas 6 mil personas) en tarde agradable. Toros de La Estancia, bien presentados y de armoniosas hechuras en su conjunto, de juego desigual, de poco juego en su conjunto. Y uno de La Punta (7o., como regalo), que desarrolló sentido. Pesos: 510, 490, 485, 500, 520, 475 y 502 kilos. Alfredo Ríos El Conde (nazareno y oro): Palmas, silencio y ovación tras aviso en el de regalo. Pedro Gutiérrez El Capea (grana y oro): Ovación tras petición y silencio tras aviso. Jorge Sotelo (verde albahaca y oro): Silencio y palmas. Incidencias: El Conde sufrió una cornada fuerte en la parte posterior del muslo izquierdo. Sotelo confirmó con el toro Pablé, número 19, cárdeno, destacó en la brega El Torreón, que lidió bien al 1o.


PARTE MÉDICO
El parte médico firmado por el doctor Rafael Vázquez Bayod, jefe de los servicios médicos de la Plaza México, establece que Alfredo Ríos El Conde “sufrió una cornada de cornada grave localizada en la parte postero-interna del muslo izquierdo, con dos trayectorias: una hacia arriba y hacia afuera de 20 centímetros, y otra hacia adentro y atrás, también de 20 centímetros. El pitón del toro lesionó severamente los músculos de la región. También presenta una herida en la palma y el pulgar de la mano derecha, así como otra herida trasversa del labio inferior, de 4 centímetros de extensión. También se le apreció una fuerte contusión en la rodilla izquierda de la que será sometido a estudios radiológicos y de resonancia magnética y un varetazo que lesionó la piel de la cara anterior del muslo derecho. Al cierre de esta edición estaba siendo operado en el Hospital Mocel.


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