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CULTURAS

Todos podemos convertirnos en 'un enemigo del pueblo' 

A más de un siglo de distancia, es necesario reflexionar en los planteamientos que hace Henrik Ibsen en su obra 'Un enemigo del pueblo', como los riesgos de que cualquiera puede convertirse de un momento a otro en enemigo de la sociedad.
Rosario Reyes
29 agosto 2017 21:45 Última actualización 30 agosto 2017 5:0
enemigo

'Enemigo del pueblo' adaptación de la obra de Henrik Ibsen. (Especial)

En tiempos de extremismo cualquiera puede ser un adversario, dice el dramaturgo y director David Gaitán, quien estrenará el próximo 6 de septiembre su adaptación de la obra Un enemigo del pueblo, que el dramaturgo noruego Henrik Ibsen publicó en 1883.

“Todos somos susceptibles de convertirnos de un momento a otro en enemigos de la sociedad. Algunos que legitimamos en un ejercicio de mayorías y otros cuya legitimación como enemigo sería muy cuestionable”, advierte.

A más de un siglo de distancia, es urgente reflexionar sobre los temas que aborda este autor visionario, considera Gaitán. Enemigo del pueblo es una obra germinal a propósito de la ética enfrentada a la moral. Problematiza la idea de la democracia y las mayorías, sobre los cuales es fundamental discutir”.

Cuando se señala a alguien como enemigo, surge un placer inmediato, afirma Gaitán. “Ese gusto puritano, maniqueo en la masa que señala a alguien, por esa compulsión de encontrar amenazas en todas partes. Por supuesto muchas denuncias son válidas, necesarias y urgentes, pero otras son injustas difamaciones y los criterios para hacer un linchamiento pasan por la auto censura ante el miedo de ser señalados”.

Todos somos susceptibles de convertirnos de un momento a otro en enemigos de la sociedad.

ACUDE
¿Qué? Enemigo del pueblo 
¿Dónde? Teatro de las Artes del Cenart. Río Churubusco 179, Country Club
Hora: A partir del 6 de septiembre, miércoles
a viernes, 20:00; sábado, 19:00; y domingo, 18:00
Localidad: $100


Su adaptación, titulada Enemigo del pueblo, no especifica el tiempo ni el lugar donde sucede la trama, que retoma sólo seis de los 10 personajes de Ibsen, aunque conserva el escenario original: un pequeño pueblo donde la construcción del balneario ha llevado prosperidad económica. El conflicto surge cuando el médico de la comunidad descubre una bacteria en el lugar y acude a los dos únicos periódicos locales para advertir del peligro.

“La obra cuestiona por un lado las motivaciones del protagonista para difundir lo que sabe y, por otro, lo que lleva a una mayoría a señalar a alguien como enemigo del pueblo. ¿En qué nos basamos para hacer linchamientos? A veces son razones morales y pasamos por alto temas éticos, o nos debatimos entre darle la razón a alguien que no es necesariamente una buena persona, o estar de acuerdo con alguien que está equivocado sólo porque es una persona encantadora”.

El montaje de la Compañía Nacional de Teatro busca colocar al espectador en una disyuntiva y activar una conversación a propósito de sus comportamientos en el mundo contemporáneo, explica el director.
El anclaje de esta adaptación a los tiempos que corren se basa en las estrategias de convivencia a las que la modernidad invita: cómo es la relación con el otro, o los límites entre la vida privada y la pública, que son temas nuevos respecto al original.

“Por eso modificamos el carácter del protagonista, el Dr. Stockman, que ya no es una persona agradable, aunque sigue siendo honesto. La obra es un vehículo para hablar de la modernidad de manera frontal, el hecho de que sea un texto del siglo XIX da una certeza de que ciertos temas nos han abarcado desde hace muchos años.

Trazar la línea entre el tema universal y lo que parece ser especificidad de nuestra época –como la persecución y el miedo–, obliga a que la reflexión sea más elevada”, asegura.