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Todo el jazz cabía en el Barcelona de Guardiola

"El Barcelona de 'Pep' era arte. Nunca había visto nada igual. La gran rapidez y precisión con que jugaban me lleva a relacionarlos con todas las variantes del jazz", dice el pintor Jazzamoart, cuyo libro "Sólo a fuerza de pintar" se presenta hoy en Bellas Artes.
Eduardo Bautista
25 enero 2015 22:43 Última actualización 26 enero 2015 5:0
Se confronta con la realidad a través del lienzo. Algunas veces gana, otras no. (Cortesía)

Jazzamoart publica su libro 'A fuerza de pintar', que recopila más de 40 años de trayectoria. (FOTO: Braulio Tenorio)

A Jazzamoart le apasiona casi todo lo que tiene que ver con la pintura. Menos las entrevistas. A esas las ve como simple "burocracia". El saco de la solemnidad no le queda a este hombre de jeans aficionado a las Chivas, "el segundo culto más fuerte que tiene México después de la Virgen de Guadalupe", sostiene.

Pareciera que Francisco Javier Vázquez Estupiñan (Irapuato, 1951) aún trae puestos los botines y los pantalones cortos, aunque reconoce que la última vez que los portó fue hace mucho tiempo, cuando los balones eran duros y los campos, lodazales. Jugaba en la liga barrial de Tacubaya. Su posición: defensa.

Sonríe cuando recuerda esa manifestación artística de la que se enamoró en su juventud: la chilena. Proteger su marco de aquella forma tan estilizada sólo puede ser comparada con la vehemencia de trabajar el lienzo, asegura. Nada le emocionaba más que salvar el balón en la raya.

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Jazzamoart

Jazzamoart no piensa como goleador. “Pinto para salvarme, para que no me lleve la chingada”, afirma. No quiere que le metan gol. Por eso
–dice– se confronta con la realidad a través del lienzo. Algunas veces gana, otras no. Admite que ha hecho "berrinches" porque no le sale un cuadro. Entonces se siente pésimo, como cuando en el llano metió un gol en su propia portería. Aquellos años, reconoce, no siempre fueron de abundancia. "El futbol me enseñó a tener garra y disciplina. Yo no veo muchas diferencias entre la cancha y la vida", comenta al lado de sus ya conocidos cuadros jazzeros, colocados frente a una pequeña e improvisada cantina con mucho ron y un Herradura Ultra casi vacío.

El jazz es otra de sus pasiones. Aunque ya conocía los ritmos sincopados desde la infancia gracias a su padre “artista y bohemio”, fue hasta que ingresó a la Academia de San Carlos cuando conoció a los grandes: Charlie Parker, Dave Brubeck, Miles Davis. Se enamoró. Y para no parecerse a su maestro Gilberto Aceves Navarro, trasladó la parafernalia jazzística al arte de la brocha.

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Jazzamoart

El bebop suena en su taller de San Pedro de los Pinos. La charla futbolera fluye. De pronto concluye que en este deporte hay figuras irrefutables, “verdaderos artistas de la pelota”. El primero de ellos es Pelé, al que concibe como un producto de gran valor estético.

“La selección brasileña de 1970 ha sido una de las más bellas y grandes que he visto jugar. El bebop la describe bien. Pero antes se jugaba distinto. Si hoy jugara Pelé, se le exigiría mucho más fuerza física en el campo”, considera el artista, quien pinta sobre futbol desde el Mundial de México 1986.

Los ritmos negros siguen en el taller; llega el futbol germano. “Alemania sería algo de raza blanca, algo tipo cool jazz, más estilizado y ordenado; incluso podría ser jazz sinfónico, con una gran orquesta. A los alemanes siempre hay que controlarlos para que no se vayan por otro lado”, sostiene Jazzamoart, quien sabe que las sinfonías teutonas nunca han tenido mejor director que Franz Beckenbauer.

“Jamás había pensado en esta clase de similitudes entre jazz y futbol”, confiesa antes de beber un gran sorbo de agua mineral. Luego, comienza a charlar sobre el gran artista del futbol del nuevo siglo: Josep Guardiola.

“El Barcelona de Pep era arte. Nunca había visto nada igual. La gran rapidez y precisión con que jugaban, sin nunca perder el estilo, me lleva a relacionarlos con todas las variantes del jazz. Todo lo posible cabe en ese Barça. Creo que esa fue la gran cualidad de Guardiola: saber explotar todos los géneros. Messi es el ejemplo; el Bayern Múnich también”, afirma, al instante de recordar la estrecha relación que –dice– existe entre los culés, Pablo Picasso y Miles Davis.

“Si tuviera que decidirme por un músico que represente al Barcelona, elegiría a Miles Davis, El Picasso del jazz, sobre todo por su gran velocidad y experimentación. Picasso, Davis y el Barça probaron de todo”, comenta el pintor, cuya obra de más de cuatro décadas ha sido recopilada en el libro Sólo a fuerza de pintar, que se presenta hoy en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes a las 18:00 horas.

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Jazzamoart

La plática continúa color blaugrana. Se declara seguidor del Barcelona porque sus hijos vivieron un tiempo allá, a la brisa del Mediterráneo. “Ronaldinho fue otro grande. A él lo metería en una onda más de relajo, de diversión, algo tipo free jazz. Igual a Romario y su afición por las mujeres”.

Al Real Madrid, el consentido del régimen franquista, lo ve más como un corporativo, un éxito empresarial con gran talento. “Es el América de España”, bromea. A Los Merengues los colocaría como integrantes de una gran banda de jazz, “algo más clásico” y menos espontáneo.

¿Y el Guadalajara? “Sería un mariachi bebopero. No hay nada más mexicano que las Chivas. No me importan los que dicen que es chovinismo. De niño me tocó ver al Campeonísimo (1956-1965).
Recordemos que el América está donde está gracias a los extranjeros”.

Segundos antes del silbatazo final, Jazzamoart se sincera: “En otra vida me hubiera gustado ser futbolista, o torero, o músico de jazz… pero bueno, soy pintor”.

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