AFTEROFFICE
CULTURAS

Teodoro González de León, el hacedor de piedra

Hoy falleció uno de los arquitectos más importantes del México contemporáneo. Participó el la construcción de Ciudad Universitaria, el Auditorio Nacional, el Colegio de México, el Museo Rufino Tamayo, entre otros. Fue alumno de Le Corbusier y era Miembro Honorario del American Institute of Architects. 
Mauricio Mejía
16 septiembre 2016 17:34 Última actualización 16 septiembre 2016 17:35
Teodoro González de León es la mente detrás de espacios como el Auditorio Nacional, el Museo de Arte Popular y el Museo de Arte Contemporáneo. (Cuartoscuro)

Teodoro González de León es la mente detrás de espacios como el Auditorio Nacional, el Museo de Arte Popular y el Museo de Arte Contemporáneo. (Cuartoscuro)

Adolf Loos, el gran arquitecto de la última gran Viena, aseguró que lo no práctico nunca es perfecto y tampoco puede ser bello. Para él, la arquitectura debía estar siempre en contacto con la realidad. Nada, ni la belleza, debía estar por encima de la comodidad. Lo útil era útil en la medida en que fuera asequible para quien habitara la obra; en los buenos edificios –dijo- deben conjugarse el ser y el estar, en plenitud.

Ha muerto Teodoro González de León (Ciudad de México, 1926), el poeta de la piedra. México, doliente, pierde a un gran monumento de ese tiempo pétreo y eterno que llaman arquitectura. Teodoro es un hacedor de piedra, un voluntarioso y generoso hombre de la línea y la forma. Día demoledor para la cultura mexicana, porque González de León fue un diseño, un espacio habitado como recinto, una morada de la estética. La gran escuela mexicana pierde a una piel de artesano de gran altura, artista de estructuras de vida, de convivio. El hombre que ya habita en lo eterno, dejó en sus paisajes, habitables y habitados, un regocijo del espíritu. Se despide uno de los grandes de México, grande en sentido íntimo y plural. Pocos como él llevaron en las tuberías de la sangre la voluntad nacional por lo propio, que siempre es otros.

Teodoro fue un estilo, un signo de mexicanidad y una impresión bien lineal del volumen. Quienes viven hoy en sus obras se complacen de estar en él museo o plaza comercial. La sensibilidad llevada al concreto, al ventanal, al trazo preciso del espacio. Ha muerto un rascacielos, sí, una inconmensurable estatura del arte más eterno, hecho de piedra y cemento. Dijo Loos que el arquitecto es un albañil que habla latín. Y sí. Y así. Teodoro fue un latín traducido al español más mexicano, al más mexicano de los idiomas. Fue un intermediario entre la alta columna y la popular cuchara. Teodoro, el que se va, es un gran puente entre lo refinado, el latín, y lo coloquial, el lenguaje de la estancia. Sí. Sí. Hoy, este 16 de septiembre tan patrio, México se aleja del Octavio Paz de la arquitectura, el poeta de la basamento y el colado.