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Templos laicos: arquitectura para el alarido

¿Qué recuerdan los Estadios Azteca y de CU sobre el México en que se edificaron? En la cultura griega, los estadios eran lugares de hazañas donde los héroes eran venerados. Hoy, estos dos recintos parecen dos señas de identidad de un México universal.
Eduardo Bautista
12 enero 2015 21:54 Última actualización 14 enero 2015 17:7
Tener estadios bien construidos –como el Azteca y el Olímpico– es esencial para un país con tanta pasión deportiva como México. (Cortesía)

Tener estadios bien construidos –como el Azteca y el Olímpico– es esencial para un país con tanta pasión deportiva. (Cortesía Fundación ICA/Derechos reservados)

En la cultura griega, los estadios eran lugares de hazañas donde los héroes eran venerados. Luego llegaron los atletas. Hoy son campo del deporte y gesto de la ciudad. El Olímpico de la Ciudad Universitaria y el Azteca parecen dos señas de identidad de un México universal.

El director general de ICA, Alonso Quintana, y la académica e investigadora de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, Liliana Trápaga, charlan sobre la importancia arquitectónica de estos parlamentos lúdicos.

“Si la fisionomía del DF pudiera sintetizarse, sin duda yo incluiría a estos emblemáticos recintos, que son de una magnificencia y belleza únicas pese a haber sido construidos en el siglo pasado”, afirma Quintana, voz cantante de la compañía que hizo posible el ágora del alarido.

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ESTADIO AZTECA

  

Estadio Azteca
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Estadio Olímpico Universitario
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Estadio Azteca

Trápaga enfatiza sobre el Azteca: “Es una escultura descomunal que pierde su inmensidad en cuanto entras. Un recinto muy simétrico cuya estructura es de una franqueza enorme, no te guarda ningún secreto. La estructura se ve de la forma más nítida desde el primer momento”.

“La arquitectura es simple: hay que vivirla. Todo mundo sabe de arquitectura porque la vive, no porque la entienda. El Azteca cumple con esa regla”, añade.

Según información de ICA, la construcción del Azteca duró casi cuatro años debido al terreno irregular de roca basáltica que dejó la erupción del Xitle. En total se utilizaron 8 mil toneladas de varilla de alta resistencia, mil 200 toneladas de acero laminado y 100 mil toneladas de concreto.

“Es un gran logro de la arquitectura y la ingeniería civil”
, asegura Quintana. Por ello señala la necesidad de modernizar sus instalaciones.
Pedro Ramírez Vázquez, su creador, quería que el Coloso de Santa Úrsula fuera hogar de todos. “El Estadio refleja claramente, según creo, a la sociedad mexicana y al futbol. Hay una clasificación de especialidades de acuerdo con las posibilidades económicas, pero también hay un elemento democrático, pues todos los espectadores ven con excelente isóptica”, decía el urbanista, cuyo reto era que la gente “desarrollara su vida” en sus edificaciones, igual que en la Antigua Grecia.

“En la medida en que las construcciones son útiles para el humano con el fin de vivir, (el Congreso para legislar, la Basílica para ejercer la fe, las escuelas para educar), uno termina sintiendo una gran paz. El arquitecto no es sino un traductor de lo que requiere el hombre, y el tiempo es el mejor juez de sus obras”, afirmaba Ramírez Vázquez.

Elías Canetti escribió en Masa y poder (1960) que el estadio es “un universo de una inquietante extrañeza” que sirve para entender el comportamiento de las masas. “Sólo todos juntos pueden liberarse de sus cargas de distancia. Eso es exactamente lo que ocurre en la masa. En la descarga se desechan las separaciones y todos se sienten iguales. En esta densidad, donde apenas hay un hueco entre ellos, donde un cuerpo se oprime contra otro, uno se encuentra tan cercano al otro como a sí mismo”.

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Estadio Olímpico Universitario

   

Estadio Olímpico Universitario

El estadio es el lugar donde los mexicanos de todos los niveles socioeconómicos se reúnen para mostrar diferentes expresiones de nuestra cultura, comenta Quintana, para quien uno de los grandes hitos arquitectónicos del país es el Estadio Olímpico, construido por Augusto Pérez Palacios, Raúl Salinas Moro y Jorge Bravo, bajo “un concepto futurista del deporte”.

En este espacio dialogan funcionalidad y arte, gracias a los murales en relieve de Diego Rivera, destaca Trápaga. “Lo increíble es cómo un diseño tan vanguardista refleja la identidad nacional y la cultura prehispánica. Su estructura está concebida, como toda CU, para la comodidad del peatón, algo que nunca antes se había logrado en México. Cuando entras, te sientes a escala. Sus espacios, tan proporcionados, te liberan”, señala la académica.

Sobre su forma –continúa la investigadora– se ha dicho mucho: que si asemeja un cráter o hasta un sombrero de charro. Sin embargo, la realidad es que adquirió esa anatomía por la topografía del terreno impregnado de roca volcánica.

Para la realización del Olímpico se requirieron más de 10 mil trabajadores. Su concepción queda enmarcada dentro del desarrollo estabilizador del presidente Miguel Alemán. El país incrementó su infraestructura y se aceleró la urbanización. El PIB crecía a un ritmo de 6% cada año, aunque la deuda externa creció hasta en 60%. Y fue justo la industria de la construcción uno los sectores más dinámicos de la economía, según ICA.

Tener estadios bien construidos –como el Azteca y el Olímpico– es esencial para un país con tanta pasión deportiva como México, considera Quintana, quien señala la urgencia de edificar nuevos recintos para los próximos 50 años.

Al final, como escribió Ortega y Gasset en El origen deportivo del Estado, “vida propiamente hablando es sólo la de cariz deportivo, lo otro es relativamente mecanización y mero funcionamiento”.

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Estadio Olímpico Universitario
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Estadio Olímpico Universitario