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culturas

Teatro sin fronteras

La actriz y directora Ana Graham basa su quehacer teatral en Nueva York y México; un esquema que le ha permitido a su compañía obtener lo mejor de dos mundos. 
Rosario Reyes
28 mayo 2017 22:1 Última actualización 29 mayo 2017 5:0
“Un maestro mío decía que los teatreros somos los sicólogos de los pobres", dice la también productora Ana Graham. (Cortesía).

“Un maestro mío decía que los teatreros somos los sicólogos de los pobres", dice la también productora Ana Graham. (Cortesía).

Todo lo bueno del teatro mundial pasa por Nueva York. Es la razón, dice la actriz y directora Ana Graham, por la que ella y Antonio Vega decidieron afincarse en la Gran Manzana desde 2012, cuando estrenaron allá Working On a Special Day, la adaptación de Daniel Giménez Cacho y Laura Amela de la cinta Una giornatta particolare, de Ettore Scola, ambientada en la Segunda Guerra Mundial.

Aquella producción de su compañía, Por Piedad Teatro, en alianza con la productora independiente The Play Company -una de las más conocidas off Broadway-, marcó el inicio de un intercambio multicultural para la pareja de actores.

“Nos interesaba desarrollarnos por otros caminos. Nos fuimos con una idea de formación y de expansión, de buscar la manera de abrir nuestras fronteras: ¿cómo ir a otros lugares del mundo?, ¿cómo mostrar nuestro teatro? Y la encontramos en los esquemas de coproducción”.

Ana Graham y Antonio Vega fundaron la compañía en 2003 y, desde que viven en Nueva York, cada año presentan en México un montaje de algún dramaturgo contemporáneo, con producción y talento mexicano. A estas puestas acuden sus coproductores neoyorquinos y desde aquí planean las giras internacionales.

ACUDA
¿Qué? 'Solsticio de invierno'
¿Dónde? Teatro Orientación, Centro Cultural del Bosque. Reforma
y Campo Marte s/n, Chapultepec, CDMX
Hora: Jueves y viernes 20:00; sábado, 19:00; domingo 18:00
Localidad: $150

El intercambio con teatreros de otros países ayuda a los mexicanos a seguir creciendo en su lenguaje, asegura Graham. “Ver cuáles son las tendencias en el mundo nos da la oportunidad de ir modificando formalmente la dramaturgia para que no se vuelva vieja”.

En este esquema de intercambio han logrado encontrar recursos para producir montajes tanto en México como en Estados Unidos. Aquí, comparte Graham, les es más fácil gestionar recursos, y desde la base de Nueva York, les resulta más sencillo salir a otros países, por el idioma (son escenificaciones en inglés) y porque tienen contacto con programadores de festivales internacionales que acuden a las funciones.

Presentar sus puestas en escena cada año en México requiere forzosamente de un apoyo del Estado, comenta Graham, algo que no existe en Estados Unidos porque allá el teatro cultural se subsidia a través de donativos privados. En el país vecino, las aportaciones para el arte entran en el rubro de caridad, por lo que la compañía compite con proyectos educativos o religiosos. “Competimos con universidades e iglesias, que son las que la tienen más fácil, porque la gente ya está convencida de ayudar a la iglesia. En Estados Unidos no existen recursos públicos como los tenemos aquí”.

Los esquemas de financiamiento son distintos en cada país, pero la misión de su compañía es la misma, en inglés o en español: crear empatía con el espectador.

Con montajes no convencionales de textos clásicos, como El final, de Samuel Beckett, y de autores contemporáneos, como el que presenta en el Teatro Orientación, Solsticio de invierno, del joven dramaturgo alemán Roland Schimmelpfennig, o de la creación propia de la compañía, como El síndrome Duchamp, que estrenaron en 2015, la temática siempre es lo humano.

“Un maestro mío decía que los teatreros somos los sicólogos de los pobres. De alguna manera, queremos crear esa empatía, decirles: ‘aquí estamos con ustedes, nos preocupan las mismas cosas’. Es un abrazo, un acompañamiento, una forma de decir que estemos presentes y que no nos juzguemos los unos a los otros. En ese sentido, no hay tema en el escenario que, si entregas con ese amor, no sea bien recibido”, afirma.

La intención de Por Piedad Teatro es dialogar con la sociedad a través del arte. Plantear preguntas sobre el entorno, exponerlo frente al público y que éste haga sus propias conclusiones. “No hacemos piezas que les den un discurso de cómo tienen que vivir, pero sí que los sumerjan en una reflexión. Cuando ves en escena las situaciones y luego te vas a tu casa, lo discutes o lo piensas, tienes la posibilidad de tomar decisiones antes de que el destino te alcance”.


EL DRAMA EN TIEMPOS DE TRUMP
Cuando Por Piedad Teatro recibió los derechos de Solsticio de invierno -la obra del dramaturgo alemán Roland Schimmelpfennig que tiene en temporada-, aún no se definía la actual presidencia estadounidense. “Trump no había ganado y no creíamos que ganaría”, recuerda Ana Graham.

“De las obras que hemos hecho, especialmente ésta, en este momento histórico, dialoga de una manera particular con la sociedad. Tiene una implicación política fuerte; ese es el genio de Schimmelpfennig, que puede llevar hacia algo tan identificable como la familia, un discurso que tiene que ver con el aquí y el ahora de una sociedad fracturada y por lo tanto vulnerable”, explica.

El autor plantea la presencia de ocho personajes, que se desarrollan en escenas simultáneas y flashbacks, y que hablan de ellos mismos o en referencia a los demás. Son las horas previas a la Noche Buena, están en la casa de una pareja de intelectuales adinerados y su pequeña hija, que reciben invitados para cenar. Toda la acción es resuelta por dos actores, quienes además manipulan una casa de muñecas diseñada por ellos mismos, y el escenógrafo e iluminador Víctor Zapatero. Entre luces y sombras se desliza un texto feroz.

“Hoy están regresando estos discursos neonazis y fascistas en todo el mundo. La obra es el reflejo de la sociedad actual: una familia políticamente correcta en la que el esposo, quien es el único que parece darse cuenta de un entorno de intolerancia, vive intoxicado, evadiéndose, tomando una cantidad de pastillas que lo paralizan completamente. Por otra parte, la niña que escucha todo, sembrando esa semilla de odio en su corazón. A esa casa llega un tipo a decir atrocidades en nombre de un nacionalismo extremo, pero para la familia, lo más importante parece ser adornar el árbol de Navidad”.