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cULTURA

Teatro de papel

Los tiempos de cine obligan a repensar las reglas del teatro, un arte que busca nuevos escritores y espectadores.
Rosario Reyes
31 enero 2014 10:27 Última actualización 31 enero 2014 10:35
Maestro Edgar Ceballos, Premio Xavier Villaurrutia, 2012. (Archivo)

Edgar Ceballos fundador de Escenología. (Archivo)

Pasar de la investigación a la publicación es para Edgar Ceballos, director y fundador de Escenología, un centro de estudios que devino en editorial, resultado de una necesidad, pues "estamos viviendo un caos dramatúrgico, los medios electrónicos nos han facilitado la vida, pero también nos la han complicado, porque ahora los escritores de teatro escriben sus obras como escaleta de televisión o un guión cinematográfico".

Para el autor del libro Cómo escribir teatro, sexto título de los diez que integrarán la colección Memorias y Creación, de Escenología e INBA-CONACULTA, la cual contempla una revisión del Diccionario de Teatro, la dramaturgia se basa en un conflicto que cambia el orden de las cosas; "lo otro, se convierte en un género híbrido que no tiene nada qué ver con la realidad teatral".

El volumen abarca un amplio panorama del arte de hacer teatro, desde sus orígenes, en la tragedia griega, y brinda un completo manual sobre la escritura y la construcción dramática, además de incluir un Abecé Dramático, como se titula el cuarto capítulo, el ensayo Pensar y actuar lo cómico, confrontado con el cierre del libro, Situaciones dramáticas, que expone los conflictos enlistados en el siglo XVI por el comediógrafo italiano Carlo Gozzi.

Así que esta será una herramienta útil para los dramaturgos contemporáneos (y para el espectador, por su escritura amena y sencilla), advierte Ceballos, que de pronto pierden la idea de lo que es el teatro y ponen en escena el interior de un Volkswagen y dos parejas hablando, eso está muy bien para el cine, la televisión, porque hago un primer plano y ya tengo las dos cosas, pero un teatro, donde si el espectador se coloca en la quinta o sexta fila, ya no ve nítido el rostro del actor. El dramaturgo que no escribe para el teatro no tiene idea de eso".

"El teatro requiere gestos muy concretos, en una obra en la que los personajes están bla, bla y bla y no pasa nada, a los dos minutos el público se duerme, no se engancha, hace falta un conflicto y de la manera cómo se plantee el conflicto, dependerá lo que va a ocurrir después. Imagínate un hombre joven, despreocupado de la vida, con una novia a la que quiere y de pronto va caminando y se le aparece el padre para decirle véngame hijo porque tu madre me puso los cuernos con tu tío y me asesinaron, ese es un problema de adultos, qué tiene que estar haciendo un joven sin embargo, a partir de ese conflicto tenemos toda la historia de Hamlet".

El teatro, agrega Edgar Ceballos, es sorpresivo, "cuando parece que no ocurre nada, de pronto un hecho cambia toda la historia". Y si bien "el teatro híbrido como tal no lo considero", sí llegan a escena montajes que no respetan las reglas de la dramaturgia, a riesgo de alejar a los espectadores.

"El teatro es un oficio que como cualquier otro, requiere de mucho conocimiento, no es ponerte a escribir y ya, tienes que conocer qué leyes rigen al propio conflicto, de hecho, drama es acción, lo que te va a motivar a accionar, hay conflictos que pasan frente a ti y no te preocupan, pero cuando algo te sacude, ocurre en la misma vida real, y dices aquí no me dejo, a mí no me vas a hacer eso y empieza la lucha y hay reglas para esa lucha, como en los deportes".

Tanto en la comedia, como en la tragedia, explica el autor, "el conflicto proviene del dolor. por eso Aristóteles decía que la tragedia producía una catarsis, ese shock que tienes en el interior de ti mismo y también proviene del dolor. Las reglas son básicas, las diferencias son que en la tragedia, el sentimiento es más concentrado, más tenso y la actitud humana llega a alturas incontenibles, determinado por las culturas, el mexicano, por ejemplo, nunca va a llegar a actitudes trágicas como los griegos, porque, como decía el dramaturgo Rodolfo Usigli, el mexicano nada más llega al medio tono, por eso es el gran amante del melodrama, un drama a la mitad, donde sufres y lloras por cualquier cosa, no es un problema por el cual se va a arrancar los ojos como Edipo, o llegar a los bordes de la locura desmesurada como El rey Lear, de ahí el gran éxito de las telenovelas, que incursionan siempre en el melodrama de la Cenicienta".