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CULTURAS

¿Te imaginas un Partenón de libros?

Si amas la cultura y crees que los libros pueden tener más usos que sólo leerlos, Documenta 14 es una opción para que, además de que disfrutes de aprender más, viajes a países como Alemania.
Holland Cotter- New York Times
01 julio 2017 12:55 Última actualización 02 julio 2017 5:0
Partenón de Libros 2 (NYT)

Partenón de Libros 2 (NYT)

Si tengo la opción de una muestra bien ordenada con un centro suave (como la Bienal de Venecia de este año) o una muestra desordenada con carices ásperos y fibrosos, escogería los carices cualquiera día de la semana, por lo que, pese a algunas quejas, tuve una experiencia positiva en el Documenta 14, la inmensa explosión de arte internacional que se realiza cada cinco años en este ciudad industrial poco carismática ubicada al norte de Fráncfort, Alemania.

Bueno no significa fácil. Esta Documenta es la primera en ser dividida entre dos ubicaciones: Kassel y Atenas, Grecia. Y la alemana, según me ha contado gente que ha visto ambas, es al menos tan difícil de navegar como su contraparte griega. En Kassel, está montada en aproximadamente dos docenas de lugares por toda la ciudad, desde centros comerciales, parques y clubes hasta museos. Era común, durante los días de inauguración, encontrarse con visitantes confundidos que deambulaban por las calles, agarrando mapas con aspecto malhumorado.

Algunos viajeros del arte menosprecian todo el fenómeno bienal/trienal, etcétera. “Festivalismo” se ha convertido en un término común para desprecio, y no es inmerecido. Más y más de estos eventos se sienten como carnadas turísticas, como las ferias de arte comercial con poco cerebro. No obstante, en gran parte es gracias a estos espectáculos que, a partir de la década de 1990, el alcance planetario del arte contemporáneo, anteriormente desconocido para el mercado occidental (incluyendo a los directores), finalmente se hizo visible.

En gran medida, esto sigue siendo cierto. Y es así en esta Documenta, con su plantilla de 160 participantes compuesta principalmente por nombres no famosos, y su énfasis en temas políticos cuya peor parte ha sido resentida últimamente de primera mano por Europa Occidental: racismo, nacionalismo resurgente, capitalismo metastásico y la violencia alimentada por estas tres cosas.

Kassel, al igual que Atenas, es una ciudad de inmigrantes, geográficamente dividida por etnias y clases.

Los directores de Documenta 14, encabezados por el polaco Adam Szymczyk, han hecho un guiño a esta dispersión socioeconómica. En Konigsplatz, una de las principales plazas comerciales de la ciudad, han colocado una escultura monumental del artista nigeriano Olu Oguibe, un obelisco de concreto de casi 16 metros de altura tallado con la frase del Nuevo Testamento, en árabe, inglés, alemán y turco: “Fui forastero, y me recibiste”.

A una corta distancia, la artista Mounira Al Solh, originaria del Líbano, ha reconcebido la panadería de Beirut que alguna vez fue propiedad de su padre y ha alineado sus paredes con decenas de bocetos en tinta, en hojas de papeles legales amarillos, de inmigrantes de Oriente Medio y África del Norte que se encontró en Kassel y Atenas (como muchos artistas de la muestra, ha trabajado en ambas ciudades).

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Partenón de Libros 1 (NYT)

Y adentrándose un poco más a la sección Nordstadt de la ciudad, Documenta ha abierto uno de sus espacios de exposición más grandes: la Galería Neue Neue. Forjada en una oficina de correos reconvertida, tiene espacios de techos altos propicios para el arte de gran efecto con el que se venden los espectáculos internacionales como la Bienal de Venecia.

Pero en este caso, el espectáculo realmente decepciona. Las pinturas a gran escala, las esculturas y las proyecciones sobre la pared se sienten estiradas al máximo. Las obras más chicas, cuya contemplación requiere de más tiempo y atención, son las que dejan una huella más fuerte.

Esto incluye una serie de alrededor de 50 retratos fotográficos del artista palestino Ahlam Shibli, que hace una crónica de generaciones de inmigrantes de Kassel y de las tradiciones religiosas que han traído con ellos. Similarmente de énfasis local pero de mayor éxito es una instalación de texto y video de un grupo de activistas que se llama Sociedad de los Amigos de Halit. Fue nombrada en honor a Halit Yozgat, un musulmán nacido en Kassel de ascendencia turca que murió en 2006, a los 21 años, acribillado por terroristas alemanes de ala derecha en la cafetería de su familia, en Nordstadt.

La Sociedad, en colaboración con un equipo de investigación basado en una escuela de arte (Arquitectura Forense de Londres), ha estado conduciendo una investigación sobre el papel que cree que jugó el servicio secreto alemán en el asesinato.

Independientemente del uso final que le dé a la evidencia, su proyecto confirma que el arte sigue extendiéndose más allá de categorías fáciles, y que potencialmente puede cambiar la historia, no solo reflejarla.
El arte como testigo es uno de los temas tácitos de la muestra.

Su obra más grande, un modelo a escala real del Partenón, construido inicialmente en 1983 por Marta Minujín con copias de libros prohibidos por la dictadura militar de su nativa Argentina, se erige frente a los principales edificios de Documenta en Friedrichsplatz (la obra seguramente tuvo más impacto en su tiempo y espacio original. La historia también puede cambiar al arte; trivializarlo).

Con un impacto más incisivo, en la venerable Galería Neue, que alberga una colección pública de arte de los siglos XIX y principios del XX, la artista berlinesa María Eichhorn ha llenado un alto librero con volúmenes confiscados a sus dueños judíos en la II Guerra Mundial, y ha tapizado las paredes con documentos relacionados a la notoria colección Gurlitt de arte saqueado por los nazis.

Hay otros cuadros del siglo XIX de la colección Neue. Y requiere de cierto esfuerzo por parte del espectador analizar el ensayo de la exhibición sobre el arte, la etnología y la moral del que formaron parte. Documenta 14 simplemente es ese tipo de muestra. Intentar leer rápido no ayuda.

De la misma forma, es probable que gane poco pasando rápido entre los dibujos y fotografías de tres de los grandes artistas – activistas de la India del siglo XX (Zainul Abedin, Chittaprosad Bhattacharya y Sunil Janah) y su documentación de la hambruna que asoló Bengala en 1943-44.

Esa catástrofe solo fue parcialmente culpa del clima. Sus causas y efectos tuvieron como fuente las maquinaciones pasiva-agresivas del colonialismo. Una vez que se dé una idea de la realidad, empezará a filtrar otras obras de la exhibición a través de ésta: relieves terracota de extremidades cercenadas de K.G. Subramanyan, y un video en tres canales brillantemente hilado que se llama “Two Meetings and a Funeral”, de Naeem Mohaiemen, que habla de la oportunidad perdida de Bangladesh, en la década de 1970, de hacerse cargo de su propio futuro.

En general, las películas y los videos son lo fuerte de la muestra: la impactante mezcla de política y pornografía de Eva Stefani que se llama “Acrópolis”; los explosivos collages de video de Terre Thaemlitz sobre el racismo estadounidense, y el inefablemente tierno documental de Rosalind Nashashibi sobre las pinturas de madre e hija Vivian Suter y Elisabeth Wild (ambas han trabajado de forma separada en la muestra).

Muchos de estos artistas, como esta Documenta en general, usan el arte instrumentalmente, sociológicamente, para fines políticos. Si está buscando empaparse en belleza que hable por sí sola, mejor quédese en su casa.

Información sobre el evento: Documenta 14
Hasta el 17 de septiembre en Kassel, Alemania, y hasta el 16 de julio en Atenas, Grecia.