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Superstición y valentía en los toros

En el mundo del toreo juegan el valor del matador, la embestida del astado. Pero también la suerte, la valentía y las ganas de hacer arte.
Alain Arenas
07 abril 2017 0:21 Última actualización 08 abril 2017 5:0
(Especial)

(Especial)

Juan Pablo Sánchez sostiene que todos los toreros son supersticiosos. Cuando le toca participar en una corrida tiene dos cábalas. La primera consiste en realizar todas sus actividades con números pares. Se lava los dientes dos veces, se pasa el cepillo cuatro ocasiones en el cabello y mira en seis oportunidades su reloj antes de quitárselo e ingresar a la plaza.

“La segunda es que siempre voy con mi maleta de viaje que llevo cuando tengo que torear. Está desgastada y se le han roto las llantas por lo menos cuatro veces, pero son las mismas ocasiones que la he llevado a reparar, nunca me separaré de ella, es parte de mi ritual para torear. En esta profesión se necesita una dosis de suerte para salir ileso de las posibles cornadas”, explica.

Su primera “dosis” sucedió en la infancia. Recuerda que la pasó entre tientas de vacas, espadas y muletas. Fue una etapa feliz y eso lo impulsó a ser matador de toros.

“Para ser torero también debes tener una cantidad de valor que no caiga en la irresponsabilidad. Se debe tener la valentía para pararse enfrente de un animal que pesa alrededor de 400 kilos, medirlo y hacerle una faena. Pero no se debe de caer en el extremo de faltarle al respeto al toro, al picarlo de más con la espada, por ejemplo”, relata.

Nunca dudó en ser torero. Su debut como novillero llegó antes de que tuviera la mayoría de edad. A 14 años: el 18 de septiembre de 2006, en la plaza La Paloma, ubicada en Puerto Vallarta, Jalisco. Alternó con Antonio García, Javier Reynoso y Pablo Miramontes con novillos de Teófilo Gómez. Cuatro años más tarde hizo su presentación en Las Ventas ante “Puntero”, de El Montecillo, corrida en la que alternó con Patrick Oliver y Antonio Espalú.

Ese mismo año tomó la alternativa en Nimes, Francia. Tuvo como padrino a Enrique Ponce y como testigo al local Sebastián Castella con seis de Cortés. En 2011 realizó su confirmación en la Monumental Plaza de Toros México. Castella fue su padrino. El ganado fue de Bernardo de Quirós.

“Siempre sueño con la faena perfecta; nunca estoy satisfecho aunque haya tenido una buena tarde. La que más se acerca a la perfección fue con “Hocicudo”, de Los Encinos en la México, en 2012. Era bravo, pero permitía los pases lentos. Nunca se quedaba quieto. Eso propició que me ganara la ovación de pie del público. Lo indulté; final perfecto para esa faena”, rememora.

Sánchez dice que en la tauromaquia el torero sólo tiene una tercera parte de la responsabilidad para hacer una buena faena. “El resto depende del toro, porque si éste no tiene la voluntad para dar un buen espectáculo, por más que el matador ponga todo su repertorio en el ruedo, no habrá una buena labor”.

Se presentará por segunda ocasión en este año en la Feria de Texcoco el próximo domingo.Una plaza airosa, la Silverio Pérez, a la que Sánchez promete sacarle buena partida, más allá de la superstición torera que se acompaña a la fiesta.