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BUENA VIDA

¿Son cómodos los nuevos Converse?

“Los niños crecen en un mundo donde conocen el confort, esperan confort y no van a tolerar las molestias”, afirma Jim Calhoun, máximo ejecutivo de Converse.
Bloomberg
24 julio 2015 19:55 Última actualización 25 julio 2015 5:0
Converse

Converse

No hay duda de que los tradicionales Chuck Taylor tienen onda. ¿Pero son cómodos? No tanto.

Converse proyecta responder a esa eterna crítica con la presentación realizada ayer de una versión más elegante y cara de las zapatillas deportivas casi centenarias. La mayor actualización en Chuck II, como llama la empresa a su calzado modernizado, deriva de la tecnología importada por primera vez de su sociedad matriz, Nike. Lunarlon, una espuma liviana y elástica utilizada en las zapatillas deportivas y para correr de Nike, se encontrará ahora en la suela de caucho de Chuck.

Jim Calhoun, el máximo responsable ejecutivo de Converse, de 48 años, sabe exactamente lo que dice la gente cuando se queja de sus zapatillas: “Me encantan, pero me gustaría poder usarlas más de un par de horas”. Lo sabe también por experiencia personal. Durante una entrevista la semana pasada en la nueva sede central en el North End de Boston, Calhoun llevaba puestos una camisa azul sin abotonar, un pantalón vaquero y unas Chucks en blanco y negro. Ahora, considera que las zapatillas deportivas deben resultar cómodas para seguir siendo relevantes. “Los niños crecen en un mundo donde conocen el confort, esperan confort y no van a tolerar las molestias”, afirma Calhoun.

Crear una zapatilla deportiva más anatómica no parece un proyecto innovador para un fabricante de calzado deportivo, pero pocas marcas son más conservadoras que Converse. El simple hecho de meterse con la Chuck Taylor All Star –como se llaman las emblemáticas zapatillas- aterra a admiradores y ejecutivos de Converse por igual. Las viejas Chucks se cuentan entre las zapatillas deportivas más vendidas de todos los tiempos, con más de mil millones de pares vendidos, y todavía representan una mayoría de los ingresos de Converse. En suma, a todos les gusta la zapatilla como ha sido y no quieren que cambie. Calhoun dice que recibe cartas donde le imploran que no las arruine ni “les ponga un silbido”. (Eso no ocurrirá, dicho sea de paso). 

Las Chucks son ese producto poco frecuente que se ha mantenido como como pilar de la cultura pop durante décadas, usadas nada menos que por JFK, los Ramones, Kurt Cobain y Miley Cyrus. Dentro de la compañía, los ejecutivos atribuyen gran parte de ese éxito al hecho de seguir siendo las mismas, de seguir siendo clásicas, de seguir siendo moderadamente incómodas. “Nunca hemos vendido tantas Chuck Taylor, y la empresa nunca ha sido tan grande o rentable como hoy sin cambiar el producto”, dice Calhoun. “Una de las maldiciones de tener un símbolo es el miedo de hacer algún cambio –sobre todo en medio del éxito”.

Converse pasa por una buena racha. Las ventas avanzaron 21 por ciento en el año fiscal que cerró en mayo, superando la tasa de crecimiento total de Nike de 14 por ciento, y alcanzó US$2.000 millones por primera vez. Calhoun, que ocupó el cargo de máximo responsable ejecutivo hace cuatro años, decidió que mantener ese ritmo significaba aceptar seriamente la innovación en el calzado deportivo. Hasta este momento, la novedad en Converse se ha centrado en el estilo y en colaboraciones con diseñadores como John Varvatos y Missoni.