Solidaridad culinaria
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After Office

Solidaridad culinaria

Es la primera vez que tengo de cerca un desastre y nadie de mis conocidos dudó un segundo en ir ayudar, con lo que fuera, pero a ayudar.

Edgar Núñez
29/09/2017

Alguien decía por ahí: “sonríe siempre a la gente, porque ahora sabes que cualquiera de ellos en un caso de desastre, no dudará en ayudarte”. Es cierto, es la primera vez que tengo de cerca un desastre y nadie de mis conocidos dudó un segundo en ir ayudar, con lo que fuera, pero a ayudar.

El gremio restaurantero se rige siempre por la competencia entre unos y otros, pero esta vez, nos unimos todos. Grandes, pequeños, famosos, establecimientos anónimos, fondas y restaurantes de gran lujo no dudaron en dar de comer. Se organizaron brigadas para cocinar, para conseguir insumos, para repartir, y así una lista interminable de actores que, con la logística de un experto, ayudaron para que pudiéramos hacer lo que mejor sabemos: reconfortar a través de la comida.

La mayoría de nosotros cerramos nuestros restaurantes dos días por dos razones; primero, revisar que fuera seguro para nuestros colaboradores, pero también para preparar alimentos para la gente que lo necesitaba. Fue algo increíble, nuestros comedores se volvieron cocinas de producción; todos estábamos conectados para saber a dónde y cómo íbamos a mandar alimentos cuando nos solicitaran. Preparamos de todo: tortas, tamales, sándwiches y guisos varios para alimentar a toda esta gente tan maravillosa que fue a ayudar a mover escombros; a militares, marinos, policías y gente, como ustedes y como yo, que simplemente fuimos a mover piedras o a donar algún tipo de herramienta que le ayudara en la labor a estos héroes. Hasta comida para los animalitos llevamos.

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Sinceramente, ver todo esto de cerca fue un golpe duro para muchos de nosotros. Estaba acostumbrado a ver los documentales del 85 y pensé que jamás se iba a repetir la historia. Como chef y restaurantero, me quedo con grandes enseñanzas de lo ocurrido; me di cuenta de la solidaridad que hay entre nosotros los mexicanos y no me queda duda de que somos ejemplo de una gran sociedad.

Antonio Navalón decía: “si los mexicanos hacen todo esto sin dirección, sin que les cumplan... ¿se imaginan a donde podría llegar este pueblo con buenos gobiernos y buena dirección?”. Esta semana me di cuenta de lo que somos y de lo que hacemos, tenemos que volver a nuestra vida habitual y recuperarnos poco a poco, hay que reactivar la economía para lo cual, es necesario acercarnos a estas zonas, ahora a consumir. No queremos más víctimas colaterales del terremoto.

Aquí, agradezco a cada uno de mis compañeros su coraje, su cariño y las lecciones de generosidad. El capitalismo no entiende de humanidad; sin embargo, seguiremos ayudando y dando de comer en los albergues en las próximas semanas, apenas viene lo duro y no es momento de aflojar.

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