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Sofía Leyva, tesón alado

En una carrera de resistencia contra la adversidad Sofía Leyva, de 15 años, se abre paso en la escuela del Miami City Ballet. Cuando fue elegida creyó que su sueño comenzaba a tomar forma. Pero las garras de la realidad no la soltaron del todo. 
Mauricio Mejía
23 junio 2016 19:32 Última actualización 24 junio 2016 5:0
Su manutención costaba unos 16 mil dólares a pesar de la beca. (Cortesía)

Su manutención costaba unos 16 mil dólares a pesar de la beca. (Cortesía)

Cuando Elena llegó a Miami para reencontrarse con Sofía sintió una profunda felicidad impregnada de cierta nostalgia, de dolor.

Desde que Sofía se fue a la Miami City Ballet School, varios meses antes, Elena mandaba lo que creía suficiente para que la niña de 14 años (hoy tiene 15) lo pasara cómodo en su residencia americana. Pasaron unas cuantas horas y el dolor ganó terreno a la felicidad, la nostalgia se convirtió en pena, en el doble sentido de la palabra.

Era cierto que Sofía hacía méritos para pasarlo medianamente bien entre los estudios y el ballet, pero su madre no se enteraba de las angustias y las privaciones.

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  MI ARAÑA

  

Sofía Leyva

Elena, que ha estado al tanto de la niña desde que decidió separarse de su padre cuando ella tenía dos meses, Elena, que ha procurado su manutención y se ha aferrado a llevarla a cuantas escuelas pudiera para aprender los secretos del oficio, Elena, que ahora gana 12 mil pesos pero pasó por meses de desempleo y cambios de casa, Elena se dio cuenta que Sofía no lo había pasado del todo bien con los pocos dólares que le había procurado con gran esfuerzo y tanto amor. No.

Para la hija un helado era un lujo que no podría darse. Cuando iba al súper compraba los vegetales más baratos y cumplía la dieta con lo estrictamente necesario. El colmo fue cuando Elena se enteró que Sofía guardaba la comida que su compañera de habitación tiraba a la basura, siempre abundante y en buen estado.

Elena llora 15 días después cuando recuerda la escena para este relato. Abraza a Sofía como si le ofreciera disculpas por tan poco, pero era todo, todo lo que podía brindarle.


DIANA Y ACTEÓN CLÁSICO


También se angustia cuando narra que para la fiesta de despedida de cursos de Sofía solamente tenía una falda negra de mediana presentación. Fueron a comprar una blusa y unos zapatos. Cuando llegaron a la cena todos se levantaron para aplaudir a la niña más talentosa del curso de ballet. La mexicana había logrado convencer a todo el Miami City Ballet School de que tenía una capacidad extraordinaria. Tanto que en noviembre formará parte del elenco de Giselle, ya en la compañía, una de las más relevantes de la Unión Americana.

Esta es la historia de una atleta de la vida. Sofía comenzó la función con un uno cero en contra. Se empeñó desde los 10 años en ser una gran bailarina, pasó por varios centros de enseñanza, pulió el estilo en Dance Fit, un pequeño lugar en la colonia Escuadrón 201, pasó un rato por la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea del INBA y recibió una beca (si así puede llamarse) del gobierno del Estado de México de 750 pesos mensuales, que pocas veces llegaba a tiempo y, casi siempre era más caro recogerla porque había que ir por ella a Toluca; el viaje salía más caro que el beneficio. Elena explica que no renunció a la despensa porque era un valor curricular para su hija.


ALEBRIJE LIBRE CLÁSICO

Cuando Sofía fue elegida por el Miami City Ballet School creyó que su sueño comenzaba a tener forma. Pero las garras de la realidad no la soltaron del todo. En efecto le ofrecían una beca de 100 por ciento para desarrollarse en Estados Unidos. Pero su manutención costaba unos 16 mil dólares, porque a cambio de la estancia le obligaban a cursar el año escolar en Miami. Elena sintió la misma frustración que muchos padres de artistas y deportistas mexicanos talentosos pero pobres.

Entonces, motivada por el “que tal si…” solicitó apoyo a la Fundación Amparo Serrano, A. C. La creativa dueña de Distroller, conocida cálidamente como Amparín, se ha solidarizado con varias organizaciones que cobijan a niñas desprotegidas en situación de abandono y maltrato. Amparín es una empedernida del baile. Y tiene la firme creencia de que éste es el gran vehículo para la rehabilitación espiritual de los seres humanos. Ella misma lo practica.

Poco antes de que Sofía se fuera a Miami, el año pasado, la Fundación Amparo Serrano autorizó un financiamiento del 50 por ciento de los gastos que Elena había presupuestado. Esta semana Elena se enteró de que el respaldo se mantendrá en el próximo periodo escolar ( y el verano). Aún le falta solventar la otra parte de la cuota.

Toda voluntad es un círculo virtuoso. Elena sintió una intransferible emoción cuando Sofía dio una función especial para la Fundación Ayuda y Solidaridad con las Niñas de la Calle. Las jovencitas, víctimas de daños terribles, tuvieron, esa tarde, un nuevo aliento para la fe. Algo lleva Sofía en la cajuela del alma.

Aquel día fue una ilusión compartida.


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