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CULTURA

Kurt Cobain retó a sus demonios frente al lienzo

Soñó con dibujar para Disney, pero a los 9 años, la mirada de Kurt
Cobain era ya la del futuro ícono de la decadencia del siglo XX y 23 años después de que se quitara la vida, sale a la luz esa otra faceta de su enojo.
Eduardo Bautista
09 agosto 2017 23:42 Última actualización 10 agosto 2017 5:0
Kurt Cobain

(Especial)

Kurt Cobain cargaba todo el tiempo en su pantalón una edición de bolsillo de El Perfume, de Patrick Süskind. Obsesionado con la esencia de las cosas y el aroma de los seres humanos –alguna vez dijo que su alter ego era Jean-Baptiste Grenouille, el protagonista de la novela– descubrió en la pintura “la poesía muda y esencial” de la que tanto había hablado Leonardo da Vinci cuatro siglos atrás.

Sin palabras, sin acordes, pero sobre todo sin la faramalla mercadológica a la que lo tenía subyugado el éxito de Nirvana, el emblema del grunge enfrentó sus miedos frente al lienzo; un lápiz o un pincel le bastaron para sentirse el hombre que no vendió el mundo.

Veintitrés años después de su suicidio en una cabaña a las afueras de Seattle, la División de Artes Visuales de la United Talent Agency –la misma agencia que representa a su viuda Courtney Love– saca a la luz otra faceta de su rabia: la del pintor de la desesperanza.

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Cobain


La idea de esta muestra –según dijo Joshua Roth, director de United Talent Agency, en una entrevista con The New York Times– es demostrar los paralelismos que existen entre la discografía de Nirvana y la obra pictórica de Kurt, quien desde muy pequeño soñó con ser dibujante de Disney.

Su madre, Wendy O’Connor, lo recuerda en el documental Kurt Cobain: A Montage of Heck (2015) como “un niño amable y preocupado por la gente”. Luego vino ese momento –según Borges– en que todo ser humano experimenta y cambia para siempre su destino: el divorcio de sus padres. Tenía 9 años. Ya no hubo más ratones, tribilines ni familias felices para los dibujos escolares. El futuro vocalista de Nirvana había nacido.

A partir de los 10 años vivió con distintos familiares. Su madrastra Jenny cuenta –para el mismo documental– que Kurt siempre luchó por ser el hermano más querido, pero a cambio sólo obtuvo dolor y frustración, pues su sensibilidad constantemente lo convertía en una persona débil e inestable. Si no se suicidó desde su adolescencia, dice ella, fue porque tenía miedo de morir virgen. A los 15, después de su primer encuentro sexual, intentó quitarse la vida en una estación de tren de Aberdeen.

Sus obras muestran figuras distorsionadas y expresionistas inspiradas posiblemente en el pintor noruego Edvard Munch


No se sabe con exactitud desde cuándo Kurt comenzó a dibujar en sus diarios personales, pero –según Krist Novoselic, bajista de Nirvana y amigo íntimo– lo hacía con la misma frecuencia que escribir canciones.
Virginidad. Sexo. Bebés. Esos fueron algunos de los temas más recurrentes en su trabajo musical y pictórico.

Su pintura más emblemática –y acaso también la más conocida– es un acrílico, Incesticide (Incesticida), que sirvió como portada para el álbum de rarezas del mismo nombre (1992). “Sus obras muestran figuras distorsionadas y expresionistas inspiradas posiblemente en el pintor noruego Edvard Munch.

En una aparece una figura esquelética caída sosteniendo flores de amapola primaverales que aparentan tener mucha más vida”, escribe el crítico Jori Finkel en The New York Times.

Algunas de estas piezas fueron exhibidas el fin de semana pasado en la Feria de Arte de Seattle, aunque la idea, según Roth, es “crear una exposición itinerante que realmente narre la vida de Kurt a través de sus obras, objetos personales y memorabilia, algo similar a lo que hicieron los Rolling Stones en Londres con Exhibitionism”. Ninguna obra tiene precio, explica, pues todas tienen un valor sentimental para la familia, sobre todo para su hija Francis Bean Cobain, también pintora.

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Como el protagonista de El Perfume –que carecía de olor propio y tenía cierto halo de misántropo– Kurt Cobain se sentía una pieza aislada del rompecabezas de la humanidad.

En la última entrevista que concedió el 10 de agosto de 1993 para el programa Much Music dijo que siempre había sido un apasionado de la anatomía y los instrumentos de quirófano. “Supongo que en secreto siempre quise ser médico”, aventuró. En sus obras es común ver cuerpos diseccionados, cabezas de bebés, miembros amputados, fetos... Incluso compró algunos para usarlos como modelos para sus álbumes gráficos.

Desde muy joven, Kurt sufrió dolores crónicos de estómago. Algunos de sus amigos –como Michael Stipe, de R.E.M.– recuerdan que, en sus últimos meses de vida, su dieta consistía en alcohol, heroína y un poco de yogur.

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No son pocas las obras (https://www.livenirvana.com/art/paintings.php) en las que la zona abdominal es remarcada con color rojo o protuberancias amorfas. Las drogas ya formaban parte de la rutina de Kurt desde antes de saludar a la fama, cuando comenzó a salir con su primer amor, Tracy Marander, a quien dedicó About a Girl. Desde entonces –según ha dicho Novoselic– sus relaciones sentimentales se volvieron enfermizas y odiaba ser humillado. Los poemas a ella y a Courtney Love inundaban sus libretas, atestadas de rostros surrealistas.

Hubo canciones que comenzaron como tiras cómicas. Tal es el caso de Mr. Moustache, un tema que aparentemente dedica a su padre, a quien describe como “un auténtico hombre americano” y “amante de las armas” que deseaba un hijo “de piernas fuertes, trabajador, maltratador de mujeres y promesa de jugador de futbol”. Estereotipo en el que nunca entró Cobain. El desprecio de su padre lo llevó a componer canciones como Even In His Youth: “Incluso en su juventud no fue nada/ Mantiene su cuerpo limpio y va hacia ninguna parte/ Papi está avergonzado/ Él ha sido una deshonra para la familia”.

El periodista Charles R. Cross –uno de sus biógrafos más destacados– escribe en Heavier than Heaven (2001) que Cobain fue el símbolo de una generación hastiada de los viejos arquetipos estadounidenses e incrédula del sueño americano que prometía una buena casa, una buena familia y un buen empleo. Kurt, desinteresado en la política, optó por el aislamiento, como los faros que solía pintar en sus primeros lienzos de principios de los años 80.

Si la vida –como dijo Ralph Waldo Emerson– consiste en lo que un hombre piensa todo el tiempo, la de Kurt Cobain puede leerse en un lienzo con la misma contundencia del sonido que emitió la escopeta calibre 20 con la que se voló la cabeza el 5 de abril de 1994.

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ODIO A TODOS, MENOS A BURROGHS


Kurt Cobain visitó a William S. Burroughs en su casa de Lawrence, Kansas City. El escritor beat observó con atención las libretas de dibujos y apuntes del portavoz de la Generación X, un misántropo, deprimido hasta la médula.

Pero ante sus ojos era un gregario más: un espíritu adolescente ansioso de escuchar al autor de Yonqui (1953), su Biblia. Ambos estadounidenses, adictos y lastimados por el desamor, intercambiaron ideas y regalos.

El vocalista de Nirvana le dio una biografía de Leadbelly; a cambio recibió una pintura de autor desconocido. Medio año después Kurt se suicidó. Al enterarse, Burroughs dijo: “recuerdo la expresión moribunda de sus mejillas. Él no tenía intención de suicidarse. Por lo que yo sé, ya estaba muerto”.