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culturas

Sigo lúcido, afirma Gilberto Aceves Navarro

El artista plástico Gilberto Aceves se encuentra en Nueva York, para estar presente hoy en la inauguración de "Las bicicletas", muestra que despliega 122 esculturas planas, en hierro, a lo largo de Brooklyn y Manhattan.
Rosario Reyes
30 junio 2014 23:0 Última actualización 01 julio 2014 5:0
Aceves Navarro reinterpreta la realidad lo mismo en retratos únicos que en obras monumentales y proyectos urbanos. (Rosario Reyes)

Aceves Navarro reinterpreta la realidad lo mismo en retratos únicos que en obras monumentales y proyectos urbanos. (Rosario Reyes)

Con 83 años y más de seis décadas de quehacer artístico, Gilberto Aceves Navarro (DF, 1931) dice que ha perdido lucidez, sin embargo la ha ganado para la creación de su propio arte; algo que atribuye a que ahora, como nunca, sabe.

Su salud es delicada, pero no le ha impedido viajar a Nueva York para estar presente hoy en la inauguración de Las bicicletas, muestra que despliega 122 esculturas planas, en hierro, a lo largo de Brooklyn y Manhattan.

Aceves Navarro reinterpreta la realidad lo mismo en retratos únicos que en obras monumentales y proyectos urbanos como el que proporciona el pretexto para hacer con él un recuento de los años vividos y de sus preocupaciones actuales, aderezadas con su legendario buen humor.

-¿Dibujar es un don?
"Creo que sí, a mí siempre me gustó. Es una tarea endemoniadamente difícil, porque dibujar no es repetir lo que uno ve. Dibujar es otra cosa, es alimentar las formas con lo que uno tiene; es cómo ve uno, qué es lo que ve, qué le genera, qué formas le da, y esas formas que obtiene uno de su experiencia diaria y de los sueños y de todas las cosas, es lo que intenta reflejar con un lapicito y un papelito, como decía José Clemente Orozco".

-Muy modestamente, ¿no?
"Eso lo decía él, yo no. Es muy difícil dibujar y él también decía que es una tarea muy importante, muy difícil".

-¿Usted estuvo de acuerdo con la visión patriótica de los muralistas?
"Sí, claro que formé parte, lo que pasa es que no comprometí el desarrollo de mi visión, de mi forma, a una cosa política y social; fue al revés, la cosa política y social me sirvió a mí para madurar como ser humano y expresar un arte más personal, más profundo, más vinculado con todas las cosas y al servicio de indudablemente la idea de país que tengo".

-¿Cuál es esa idea de país?
"Pues ya ahorita está muy erosionada, ya no sé qué pasa, pero indudablemente tengo grandes esperanzas en que la generación que viene concrete lo que nosotros empezamos y que no logramos totalmente".

-Pero sigue trabajando en esa lucha...
"Estoy vivo, estoy muy viejo, pero estoy vivo... Digo mal: tengo muchos años, viejo no estoy. Tengo menos capacidades físicas, ya no camino tan rápido, ya no soy tan lúcido como era; pero sigo siendo lúcido, sigo caminando y sigo planteándome cosas y pensando cuál es mi próximo paso. Ya hice esto de las bicicletas y ya estoy buscando qué voy a hacer después; es una tarea que me he impuesto. Si en este momento las bicicletas son un vehículo para que yo hable de las condiciones climatológicas, debo insistir en la necesidad de cuidar el medio ambiente, es una responsabilidad".

-¿Responsabilidad como artista?
"Naturalmente, uno no nada más está para complacer. ¿Voy a estar dándole gusto a la gente para que me paguen? Si ellos no saben de pintura, ni de arte, ni de las urgencias y necesidades que esto implica".

-¿Cómo llegó a la docencia?
"Siendo alumno de La Esmeralda -ya reconocidito, porque había trabajado con Siqueiros-, empezaron algunos muchachos a preguntarme cosas, entre ellos Rodolfo Nieto, que siempre dijo que yo le había enseñado -eso fue cosa de él, yo nunca he presumido del asunto. Fernando Ramos Prida llegó a mi casa, después de ver mi primera exposición, a decirme: ‘me acabo de inscribir a La Esmeralda, ¿me ayudas?’, y después él me enseñó a mí, porque yo estaba en plena formación también, y como mi formación fue así, no tan sujeta por las ideas de los maestros, sino por las búsquedas y las investigaciones, fui aprendiendo muchas cosas y tuve el don de comunicarlas… Se habla de técnica como una generalidad, yo digo que cada quien tiene su técnica para resolver sus problemas, sus necesidades".

-En el arte y en la vida...
"¿Pos quién le enseña a usted a vivir? Nadie, usted tiene que ir a tropezones, carreras, subidas y bajadas, así aprende a vivir y cuando ya aprendió a vivir, se casa. ¡Hágame favor!"

-¿Hay algún material que considere desperdicio?
"Yo hice unas esculturas con polines hace muchos años para una exposición en una galería que se llamaba Expósitum, que era un experimento de Sebastián. Hice un preparado de tierra cernida con una resina y le puse eso a los polines, que se veían bonitos, pero todavía no me gustaban; luego agarré un soplete y los quemé y sacaron unas texturas y unos colores preciosos, sumamente interesantes. ¿Cómo fueron hechos? Quién sabe, es como cuando me preguntan cómo hice algo en grabado, pues no sé, cada vez hago grabados distintos, por lo mismo, no me acuerdo".

-¿Sigue experimentando?
"Sí, y si no sale, lo tiro. De los dibujos que hago todos los días no conservo ninguno; de los que hago en clase, igual. Ahí recogen algunos cuando no me doy cuenta, pero no tienen ningún valor, no tengo ninguna fantasía al respecto. Yo creo que empiezan a ser sólidas algunas de las cosas que hago, de muy pocos años a la fecha, todo lo demás no quiero decir que no tenga su valor, lo tiene, pero no tiene la solidez de lo último que he estado haciendo".

¿A qué lo atribuye, a la madurez?
"A saber. Saber conducir la emoción, entender un poquito más que hay detrás del azul o del rojo, que hay detrás de un color... ¡Pos sepa Dios! Solamente pintando es cuando se da uno cuenta y dice ‘ah, esto es!’, pero es indefinible, no hay manera de saberlo, pero sí buscarlo a base de intuición, esfuerzo y rutina. Son indagaciones personales, el arte sirve para eso, para decirnos cómo son las cosas, para darnos aliento y seguir vivos y humanos; es un arma, que debería ser más poderosa y servir para no andarnos matando".